Una familia de satélites “limpiadores” suizos se encargará de eliminar piezas de basura espacial que orbitan alrededor de la Tierra y que suponen una amenaza para los satélites y las naves espaciales.
Vía | EFE
Una familia de satélites “limpiadores” suizos se encargará de eliminar piezas de basura espacial que orbitan alrededor de la Tierra y que suponen una amenaza para los satélites y las naves espaciales.
Vía | EFE
Veo en Kuriositas una estupenda infografía sobre lanzamientos de satélites, realizada por Leon Friedrich. En ella se muestra el número de lanzamientos desde 1957 hasta 2010, y se analiza cuántos de ellos continúan orbitando.
Actualmente se han realizado casi 7.000 lanzamientos de satélites, aunque la cantidad de satélites orbitando es bastante menor: unos 3.500.

Leo en The Globe and Mail que un grupo de científicos acaba de completar un estudio en el que afirman que colocando plantas de energía solar en órbita podría solucionar el problema energético para nuestra civilización. Aseguran además que podría conseguirse en menos tiempo del que nos creemos con la tecnología actual.

En la primera entrega de este artículo se introdujo brevemente el Sistema de Posicionamiento Global (GPS) explicando los diferentes segmentos por los que está formado. Hoy comentaremos su funcionamiento básico, y veremos qué cálculos hacen falta para que un receptor sea capaz de estimar su posición.

El GPS (Global Positioning System) es un sistema de posicionamiento global creado por el Departamento de Defensa de Estados Unidos que suministra información sobre la posición y la velocidad 24 horas al día y con cobertura en todo el mundo.
La estimación de la posición de un objeto ha sido empleado en multitud de aplicaciones marítimas y aeronaúticas. El GPS, o Sistema de Posicionamiento Global, se encuadra dentro de los sistemas de posicionamiento mediante estaciones móviles, siendo las estaciones de transmisión diferentes satélites que orbitan alrededor de la Tierra.
El pasado jueves a las 13.10 horas (hora local) tuvo lugar el lanzamiento del nuevo satélite Delta IV Heavy de la Oficina Nacional de Reconocimiento (NRO). Este ha sido el quinto vuelo en la vida de la aeronave, y el segundo en apenas dos meses.
Ha sido el cohete más grande (72 metros) lanzado desde la costa Oeste de los Estados Unidos, en concreto desde la Base de Vandenberg. El último de estas características lanzado desde Vandenberg fue el Titán IV-B en 2005. Desde entonces han mejorado el rendimiento del equipo, ya que el Delta IV permite una carga (payload) de una tonelada más en órbita.
Imaginad que estáis andando por un sendero en mitad de un bosque y entonces echáis un vistazo al cielo. ¿Qué veréis? Si hay suerte, lo primero que os llamará la atención es la Luna, a una distancia media de 385.000 km (lo cual es poca distancia si tenemos en cuenta que el Sol se encuentra a 150.000.000 km).
La Luna refulge de esa manera porque es como un gran espejo en el que se refleja la luz del Sol. Pero, a pesar de todo, el albedo de la Luna (es decir, su poder reflectante) es de sólo un 7 %. Es decir, que sólo un 7 % de la luz del Sol que cae sobre su superficie se refleja hacia el espacio. A pesar de todo, ese mínimo reflejo es suficiente para que veamos el sendero en plena noche.
Sobre nuestras cabezas existen multitud de ojos electrónicos, omnipresentes ojos orwellianos que vigilan, detectan y miden toda clase de fenómenos a fin de esclarecer las consecuencias del cambio climático.
Docenas de satélites colaboran en la obtención y análisis de nuestro planeta, escudriñando el cielo, la bioesfera, los océanos y la superficie del planeta con objeto de evaluar la evolución de los gases atmosféricos, las precipitaciones o la polución.
Los principales 14 ojos de Gran Hermano Medioambiental son los siguientes:

Es la idea que tres ingenieros aeroespaciales europeos han presentado en el Acta Astronautica, revista de la Internacional Academy of Astronautics (IAA), y que trata de cambiar en un futuro las bases de las misiones de reparación de los satélites que orbitan alrededor de la Tierra.
El motivo principal parece ser económico. Planificar y llevar a cabo una de estas misiones conlleva importantes gastos considerados actualmente como un derroche, a parte de crear problemas de agenda para la comunidad espacial. A esto deberíamos sumar el riesgo para la tripulación asignada a la reparación del satélite, tanto en el viaje como en la propia tarea.
Para solventar dichos problemas, la solución sería enviar robots a realizar distintas órbitas alrededor de la Tierra, quedando a la espera de recibir instrucciones para reparar cualquier satélite estropeado que entrara en su zona de trabajo.
Según reportó el periódico alemán Potsdamer Neuerster Nachrichten, Nico Marquardt, un estudiante alemán de 13 años, calculó que la probabilidad de que el asteroide Apophis impactara contra la tierra era de 1 en 450 mientras que la NASA había estimado esa probabilidad en 1 sobre 450.000. Recientemente la agencia norteamericana informó a su par europeo (la ESA) que el niño lo había calculado bien. El descubrimiento fue parte de una competencia regional de ciencia, para la cual envió un trabajo llamado “Apophis – el asteroide asesino.”
Para corregir las estimaciones de la nasa, Marquardt tuvo en cuenta la probabilidad de que el asteroide impactara en uno de los 40.000 satélites que orbitan alrededor de la Tierra y desviara su trayectoria hacia nosotros. Si el asteroide impacta un satélite en 2029 (período de máximo acercamiento,) muy probablemente impacte contra la Tierra en 2039, en su siguiente órbita. De ocurrir eso, el impacto sería devastador para la vida sobre el planeta, ya que se generarían grandes tsunamis y se oscurecería la atmósfera por un tiempo indeterminado.
Actualización: como nos indican en los comentarios, la noticia ha sido desmentida.
Más información | Physorg