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A pesar de la visión de muchas religiones y algunas ideologías en las que subyace la religión, el sexo no es sólo procreación. Tampoco es convencionalismo. Ni mucho menos debería ser “esto es lo normal o lo natural”.
Sin ir más lejos, el ejemplo que más me gusta es el de la nariz: la nariz no fue diseñada naturalmente para sostener nuestras gafas. Sin embargo, nadie se rasga las vestiduras si alguien se pone gafas. Usando el mismo razonamiento, buscar placer sexual con el sexo anal u oral porque “eso no fue diseñado naturalmente para esos fines” no es una razón de peso.
Del mismo modo, el hambre es la manera que tiene nuestro cuerpo de obligarnos a comer para sobrevivir. Pero igualmente hemos desarrollado la gastronomía o las cenas de empresa. Con el sexo ocurre algo parecido: los seres humanos, además de placer o reproducción, pueden tener otros muchos motivos para tener sexo, tan lícitos como los primeros o los que vienen de fábrica.
En el estudio más amplio jamás realizado al respecto, presentado recientemente en Archives of Sexual Behavior, se ha enumerado un total de 237 razones para tener relaciones sexuales.
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