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Placebo extremo: si tienes ganas de vomitar, tómate algo para tener más ganas de vomitar

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nauseas.jpgEl efecto placebo es ciertamente poderoso. Es capaz de hacernos mejorar los síntomas de una enfermedad, e incluso es capaz de curarnos, cuando en realidad no estamos tomando ninguna medicina sino simple agua con azúcar (por ejemplo).

Todavía hay muchas sombras sobre cómo funciona el efecto placebo, y cómo es posible que nuestra mente, si confía en determinado remedio, es capaz de mejorar nuestro estado de salud. Lo único seguro es que funciona, y que funciona de una manera espectacular: por esa razón los ensayos clínicos sobre nuevas medicinas son tan complicados, para certificar si realmente ha sido la nueva medicina la responsable de la mejoría de la enfermedad o ha sido la propia confianza del paciente en la nueva medicina.

Ésta también es la razón de que debamos desconfiar de un paciente o un grupo de pacientes cuando afirma que “a él le ha funcionado determinado remedio”. La única forma de saber si realmente funciona un remedio es, a grandes rasgos, coger un grupo amplio de personas, dividirlo en dos y hacer que un grupo tome la medicina que queremos probar y el otro, simple agua o una cápsula de azúcar. Los pacientes no deben saber si toman medicina real o de mentira, y los médicos tampoco. Por eso a esta prueba se la llama doble ciego.

Si el grupo que toma la medicina de verdad presenta un tanto por ciento de curación significativamente mayor que el grupo que no toma la medicina, entonces el ensayo clínico ha sido un éxito. Si no es así, comercializar esta medicina sería un fraude (algo que sucede, por ejemplo, con la homeopatía, que no ha superado ningún ensayo clínico riguroso).

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La menopausia o el dolor de espalda pueden ser más traumáticos en unos países que otros por razones culturales y no biológicas

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Al convivir en una sociedad, tragaremos creencias y modos de pensar que posteriormente obrarán como ingredientes de nuestros sentimientos. El canon para nuestros éxitos y fracasos no sólo lo fijamos nosotros, lo fijan los demás. La ósmosis social debería ser objeto de estudio a fin de combatir una depresión, tanto como lo es una solución química o una sesión de psicoterapia, tal y como refiere A. Kleinan y B. Good en su estudio sobre psiquiatría intercultural Culture and Depression.

El filósofo José Antonio Marina también menciona el trabajo de la antropóloga médica Yewoubdar Beyenne, que adjudica un hecho tan biológico como la menopausia una raíz biocultural, es decir, que también la cultura influirá en cómo las personas viven el proceso menopaúsico.

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Si eres famoso, morirás después de tu cumpleaños: retrasar la muerte para participar en eventos sociales

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El sociólogo de la Universidad de California David Phillips, descubridor del efecto Baskerville, del que ya os hablé hace unas semanas, dedicó mucho tiempo de su carrera a investigar acerca de la voluntad de vivir y el hecho de que las personas puedan posponer su muerto para participar en importantes acontecimientos sociales.

Eventos sociales como cumpleaños, festividades o elecciones políticas.

Phillips descubrió algo sorprendente: que este efecto de retraso se producía con más énfasis entre las personas famosas, sobre todo en el caso del cumpleaños. Escribió lo siguiente en la American Sociological Review:

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El koro: cuando el pene se hace cada vez más pequeño

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Son innumerables los reclamos publicitarios que prometen aumentar el tamaño del pene de los hombres, así como la obtención de erecciones más duraderas. Sin embargo, la potencia sexual tiene mucho que ver con la autoestima y la seguridad en uno mismo. Y sobre todo tiene que ver con la falta de paranoia.

Una paranoia muy ligada a la cultura de diversos países asiáticos. Allí se ha documentado una dolencia llamada koro.

Los hombres que la sufren experimentan una fuerte ansiedad causada por el convencimiento de que su pene está empezando a retraerse, que terminará desapareciendo en su abdomen y que, como consecuencia de ello, podrían morir.

El tratamiento consiste en pedir a los familiares de más confianza del afectado que le sostengan el pene las 24 horas del día durante varios días para evitar el temido retroceso.

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Pensamiento positivo: el poder de la mente en el cuerpo

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El mundo puede dividirse entre optimistas y pesimistas, entre los que ven la botella medio llena o medio vacía. Sin embargo, ser optimista o pesimista podría tener implicaciones que van más allá de un estado de ánimo.

Según una investigación de la Universidad de Texas, un gen relacionado con la serotonina, la llamada hormona del humor y el buen rollo, podría provocar un tamaño mayor de la región del tálamo cerebral denominada pulvinar. Lo que inclinaría a estas personas a ser pesimistas.

Y sí, ser pesimista puede tener cierto aire cool. Muchos pintores, escritores y cineastas se han caracterizado (y posiblemente hayan cimentado su éxito) en su pesimismo declarado, casi nihilista.

Sin embargo, una actitud optimista ejerce toda clase de beneficios en el cuerpo humano y, por extensión, en la vida diaria. Por de pronto, el pesimista presenta un debilitamiento de los sistemas inmunitario, endocrino y nervioso, según estudios de la Universidad de Wisconsin.

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La receta del médico

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El tema de la medicina y de cómo ésta actúa es ciertamente controvertido, quizá tanto como la eterna confrontación entre evolucionistas y creacionistas.

Hay quienes sostienen que la medicina, en realidad, no aumenta considerablemente la esperanza de vida de un pueblo sino unas mejores condiciones sanitarias (que suelen estar casualmente asociadas con el aumento del nivel técnico de la medicina y la profilaxis).

Luego hay otros que opinan que hay un fuerte componente psicosomático en toda enfermedad y que las medicinas poco o nada hacen por nosotros: lo más importante es la confianza en que nos vamos a curar. Y sí, lo cierto es que el efecto placebo existe, por eso las nuevas medicinas deben probar su eficacia mediante experimentos de doble ciego (a un grupo de pacientes se les suministra la medicina de verdad y al otro un producto sin ningún efecto, sin que paciente o médico quién es quién).

La medicina alópata (la convencional) critica duramente la medicina homeopática, que se basa principalmente en la cura de los síntomas empleando remedios que producen esos mismos síntomas. Y es que la homeopatía aún no ha sido probada científicamente, por mucho que protesten los homeópatas.

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