El efecto placebo es ciertamente poderoso. Es capaz de hacernos mejorar los síntomas de una enfermedad, e incluso es capaz de curarnos, cuando en realidad no estamos tomando ninguna medicina sino simple agua con azúcar (por ejemplo).
Todavía hay muchas sombras sobre cómo funciona el efecto placebo, y cómo es posible que nuestra mente, si confía en determinado remedio, es capaz de mejorar nuestro estado de salud. Lo único seguro es que funciona, y que funciona de una manera espectacular: por esa razón los ensayos clínicos sobre nuevas medicinas son tan complicados, para certificar si realmente ha sido la nueva medicina la responsable de la mejoría de la enfermedad o ha sido la propia confianza del paciente en la nueva medicina.
Ésta también es la razón de que debamos desconfiar de un paciente o un grupo de pacientes cuando afirma que “a él le ha funcionado determinado remedio”. La única forma de saber si realmente funciona un remedio es, a grandes rasgos, coger un grupo amplio de personas, dividirlo en dos y hacer que un grupo tome la medicina que queremos probar y el otro, simple agua o una cápsula de azúcar. Los pacientes no deben saber si toman medicina real o de mentira, y los médicos tampoco. Por eso a esta prueba se la llama doble ciego.
Si el grupo que toma la medicina de verdad presenta un tanto por ciento de curación significativamente mayor que el grupo que no toma la medicina, entonces el ensayo clínico ha sido un éxito. Si no es así, comercializar esta medicina sería un fraude (algo que sucede, por ejemplo, con la homeopatía, que no ha superado ningún ensayo clínico riguroso).

Al convivir en una sociedad, tragaremos creencias y modos de pensar que posteriormente obrarán como ingredientes de nuestros sentimientos. El canon para nuestros éxitos y fracasos no sólo lo fijamos nosotros, lo fijan los demás. La ósmosis social debería ser objeto de estudio a fin de combatir una depresión, tanto como lo es una solución química o una sesión de psicoterapia, tal y como refiere A. Kleinan y B. Good en su estudio sobre psiquiatría intercultural Culture and Depression.
El sociólogo de la Universidad de California David Phillips, descubridor del efecto Baskerville, del que
Son innumerables los reclamos publicitarios que prometen aumentar el tamaño del pene de los hombres, así como la obtención de erecciones más duraderas. Sin embargo, la potencia sexual tiene mucho que ver con la autoestima y la seguridad en uno mismo. Y sobre todo tiene que ver con la falta de paranoia.
El mundo puede dividirse entre optimistas y pesimistas, entre los que ven la botella medio llena o medio vacía. Sin embargo, ser optimista o pesimista podría tener implicaciones que van más allá de un estado de ánimo.
El tema de la medicina y de cómo ésta actúa es ciertamente controvertido, quizá tanto como la eterna confrontación entre evolucionistas y creacionistas.