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		<title>Magazine - psicologia-evolutiva</title>
		<link>http://www.xatakaciencia.com</link>
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Xatakaciencia es un weblog colectivo dedicado a la divulgación científica, la ecología y el cambio climático		</description>
		<pubDate>2012-02-14 04:13:05</pubDate>

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      <title><![CDATA[Curso acelerado para ligar. Lección 6: si consigues que me lata el corazón, me parecerás más atractivo]]></title>
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      <pubDate>Thu, 03 Nov 2011 19:38:43 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2011/11/montana-rusa-en-la-feria_2870549.jpg" alt="" />Cuando nos sentimos atraídos por alguien sentimos mariposas en la barriga y nos late más deprisa el corazón. Pero <strong>¿el proceso podría funcionar a la inversa?</strong> Es decir: hacer que a alguien le lata más rápido el corazón para facilitar que se sienta atraído por alguien.</p>

	<p>Según la investigación realizada por los psicólogos <strong>Donald Dutton</strong> y <strong>Arthur Aron</strong>, parece ser que sí. </p>

	<p>En su investigación, hicieron que una experimentadora se aproximara a diversos hombres en <strong>cada uno de los dos puentes que cruzan el río Capilano</strong>, en la Columbia Británica. Uno de los puentes se balancea y el otro es más sólido. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Tal y como explica <strong>Richard Wiseman</strong> en su libro <strong>59 segundos</strong>:</p>

<blockquote>Después de hacer algunas preguntas de encuesta sencillas, la experimentadora ofrecía a los hombres su número de teléfono, por si querían saber más sobre su estudio. Los que cruzaban el puente precario tenían más pulsaciones que los que cruzaban el puente bajo. Cuando se acercaban a la joven, le atribuían a ella, inconscientemente, la aceleración de su pulso, en vez de al puente, creyendo así que la encontraban atractiva, por lo que era más probable que hiciesen el esfuerzo de llamarla.</blockquote>

	<p>En un entorno más realista, obtuvieron resultados similares las psicólogas <strong>Cindy Meston</strong> y <strong>Penny Frohlich</strong>, de la University of Texas. En un parque de atracciones, se pusieron junto a diversas montañas rusas, con carpetas llenas de fotografías de hombres y mujeres de atractivo medio. </p>

	<p>Las investigadoras entrevistaron a parejas unos momentos antes o unos momentos después de que se montaran en la montaña rusa, <strong>pidiéndoles que puntuaran del 1 al 7</strong> para indicar los atractiva que le parecía la persona con la que estaban en el parque y las personas de las fotografías. </p>

	<p>Como los que acababan de subir a la montaña rusa tenían las pulsaciones más elevadas, los resultados fueron los esperados, tal y como publicaron las autoras en un artículo llamado “<em>Amor al primer susto</em>”:</p>

<blockquote>Los que puntuaban las fotos después de la montaña rusa encontraban más atractivas a las personas de las fotos que las personas de las fotos que las personas que esperaban en la cola, pero un patrón diferente surgió cuando los miembros de la pareja se puntuaban entre sí: las personas que ya habían subido pensaban que su pareja era ligeramente menos atractiva después del paseo. Las investigadoras se preguntaron si aquellas puntuaciones podrían verse influidas por la vergüenza de que la pareja descubriese que la habían puntuado más bajo de lo que ella pensaba.</blockquote>

	<p>Quizá penséis que, después de la montaña rusa, la pareja tendría un aspecto menos atractivo, a nivel objetivo, pero un estudio similar, que <strong>comprobaba el mismo efecto cuando las parejas visionan películas emocionantes</strong>, ofreció los mismos resultados. Las parejas que salían de ver películas de suspense solían darse la mano y toarse más a menudo.</p>

	<p>Obviamente, que una cita funcione no depende exclusivamente de los latidos del corazón. Pero puede ser una buena ayuda, si tenemos en cuenta los resultados de estos estudios sobre el ligoteo.</p>

	<p>En Xatakaciencia | <a href="http://www.xatakaciencia.com/tag/curso-para-ligar">Todas las entregas de Curso acelerado para ligar</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Curso acelerado para ligar. Lección 5: aprender a ser un buen imitador]]></title>
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      <pubDate>Thu, 29 Sep 2011 08:32:33 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2011/09/sera-una-estrella-de-rock_590x395.jpg" alt="" />No se trata de que seas un gran imitador de los personajes famosos. Aunque también hay algo de eso. Se trata de ser <strong>un buen gestor de los memes</strong> (neologismo acuñado por <strong>Richard Dawkins</strong> que se refiere a la unidad teórica de información cultural transmisible de un individuo a otro, o de una mente a otra, o de una generación a la siguiente.)</p>

	<p>Empieza la&#8230;</p>

	<p><!--more--></p>

<h2>Lección 5: aprender a ser un buen imitador</h2>

	<p><strong>Susan Blackmore</strong>, en <em>La máquina de los memes</em>, lo resume así:</p>

<blockquote>La coevolución meme-gen supone que los humanos preferirán aparearse con aquellos que mejor transmitan sus mentes. (…) Los poemas y las canciones de amor constituyen la evidencia histórica de lo antedicho como también lo evidencia, por ejemplo, la conducta sexual de los políticos, de los escritores y de las estrellas de la televisión (Miller, 1993). (…) Veamos algunos ejemplos. En las primeras sociedades cazadoras-recolectoras, el hombre especialmente hábil para imitar habría sido capaz de copiar las habilidades cinegéticas más punteras o las últimas novedades en tecnología para fabricar instrumentos de piedra y, por ende, habría adquirido una ventaja biológica. (…) Ello sugiere que la pareja más deseable sería aquella cuyo estilo de vida le permitiese transmitir un mayor número de memes, como por ejemplo, un escritor, un artista, un periodista, un presentador, un actor de cine y un músico. Sin lugar a dudas, algunas de estas profesiones representan una buena oportunidad para tener adeptos admiradores y para mantener relaciones sexuales con quien deseen. Jimi Hendrix, al parecer, tuvo muchos hijos en cuatro países distintos antes de morir a la edad de veintisiete años. Se dice que H.G. Wells, aunque feo y con una voz horrible, era especialista en el arte de seducir varias damas cada noche. Charlie Chaplin era bajito y no precisamente agraciado y, no obstante, su historial como seductor es notorio como lo fue, al parecer, el de Balzac, Rubens, Picasso y Leonardo da Vinci.</blockquote>

	<p>Para aumentar vuestro atractivo sexual, pues, nada como realizar una actividad que demuestre que sois buenos imitadores; s<strong>obre todo si podéis enseñarlo a grandes multitudes que no dejan de miraros durante horas</strong>. </p>

	<p>Miles de años de selección natural han propiciado que los seres humanos desarrollemos una especial habilidad para imitar <strong>sólo lo esencial de las acciones ajenas</strong> (por ejemplo, para aprender a cazar), incluso siendo capaces de aplicar pequeñas variaciones personales para alcanzar el mismo fin, de tal modo que nuestra imitación parezca de creación propia. Como si pudiéramos resumir cualquier acción <strong>en una receta de cocina</strong>: es orientativa y flexible pero el resultado es fundamentalmente el mismo.</p>

 Quien esté más capacitado para hacer esto, dispondrá de un cerebro mejor diseñado para la imitación y, por tanto, de unos genes apropiados para generar cerebros de ese tipo; y por ende, <strong>unos genes deliciosos para el sexo contrario</strong>: quiénes no anhelaban reproducirse con personas que fuesen excelentes imitadores, dejaban en herencia para su prole unas peores expectativas de supervivencia.

<blockquote>sólo nosotros, en el pasado, adquirimos la capacidad de una imitación generalizada, y es en eso en lo que nos distinguimos de los millones de especies que pueblan el planeta.</blockquote>

	<p>La creatividad y la habilidad artística, además, también es una forma de medir el éxito social, tal y como señala el biólogo <strong>Geoffrey Miller</strong>. La creatividad y la habilidad artística constituyen los menos conocidos de los éxitos sociales aunque probablemente seas los más poderosos. </p>

	<p>Así que ya sabéis. Imitad bien, tocad la guitarra, cantad, escribid, pintad… lo que sea. O, al menos, conseguid que <strong>una gran productora os promocione como un artista revelación</strong> (parecerá que sabéis imitar aunque en realidad no lo hagáis especialmente bien).</p>

	<p>Vía | <em>La máquina de los memes</em> de Susan Blackmore<br />
En Xatakaciencia | <a href="http://www.xatakaciencia.com/tag/curso-para-ligar">Todas las entregas de Curso acelerado para ligar</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Curso acelerado para ligar. Lección 4: el tamaño de tus pechos es crucial]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/psicologia/curso-acelerado-para-ligar-leccion-4-el-tamano-de-tus-pechos-es-crucial</link>
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      <pubDate>Wed, 28 Sep 2011 08:36:52 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2011/09/escote-firme-668x400x80xx.jpg" alt="" />Si hablamos de armas femeninas para atraer al sexo masculino, indudablemente estamos hablando de esas <strong>dos glándulas mamarias que tiran más que dos carretas</strong>. Los pechos. Los senos. Las tetas. No en vano, en 2008 se realizaron 307.230 operaciones de pecho en <span class="caps">EEUU</span>. Fue la operación número 1 en cirugía estética, seguidas por rinoplastias (279.000) y liposucciones (245.000). </p>

	<p>El peso medio de un pecho es de 1.1 libras (0.45 kilos) y contiene entre el 4 y el 5% de la grasa total del cuerpo. Y los científicos se han encargado de certificar lo obvio: <strong>que mueven el mundo</strong>.</p>

	<p><!--more--></p>

<h2>Lección 4: el tamaño de tus pechos es crucial</h2>

	<p>A pesar de que diversos estudios de laboratorio sugerían que los pechos grandes resultan más atractivos para los hombres que unos pechos pequeños, estos estudios se realizaban siempre en los confines del laboratorio y mediante fotografías, <strong>algo bastante artificial</strong>.</p>

	<p>El psicólogo francés <strong>Nicolas Guéguen </strong>quiso realizar un experimento un poco más realista, cuyos resultados fueron publicados en su artículo &#8220;<em>Relación entre el tamaño del seno femenino y el cortejo masculino</em>&#8220;. En puridad, el experimento consistía en ir cambiando sistemáticamente el tamaño aparente de los pechos de una chica y examinar el número de veces que se le acercaba algún hombre en un bar.</p>

	<p>Durante 12 semanas, los experimentadores emplearon rellenos de látex para variar el tamaño del pecho de la mujer, contabilizando el número de hombres que la invitaban a bailar o a tomar algo, tal y como señala <strong>Richard Wiseman</strong>:</p>

<blockquote>El efecto fue tan espectacular como predecible: sin la ayuda del relleno de látex, se le acercaron tres hombres en una noche; cuando se puso una falsa talla B, el número de hombres aumentó hasta 19; cuando pasó a la falsa talla C, logró un asombroso total de 44 intentos.</blockquote>

	<p>El contexto tampoco parece de todo punto espontáneo porque los hombres acudían explícitamente a ligar, así que <strong>se repitió el experimento en un contexto más neutro</strong> (en el que el hombre sólo tuviera unos segundos para decidirse). Los resultados del estudio fueron publicados en el artículo &#8220;<em>Estudio de campo sobre el tamaño de los senos y el autoestop</em>&#8220;. </p>

	<p>Ya os lo podéis imaginar: la autoestopista se ponía y quitaba el látex y se contaban cuántos coches se paraban a su vera. En 426 conductoras, el tamaño del pecho de la autoestopista no influyó: <strong>alrededor del 9 % de las conductoras se detuvo independientemente del tamaño del pecho</strong>.</p>

<blockquote>El patrón de 774 conductores masculinos fue radicalmente distinto: el 15 % se detuvo para recoger a la mujer sin relleno de látex, frente al 18 % cuando se puso la talla B y el 24 % cuando pasó a la C.</blockquote>

	<p>Otro estudio realizado por investigadores de la Victoria University of Wellington, en Nueva Zelanda, concluye que el escote <strong>es el primer lugar al que miramos</strong> (y al que más tiempo miramos) cuando vemos a una mujer. </p>

	<p>Vía | <em>59 segundos</em> de Richard Wiseman<br />
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                    <item>
      <title><![CDATA[Curso acelerado para ligar. Lección 3: múdate a la mejor zona de la ciudad]]></title>
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      <pubDate>Mon, 26 Sep 2011 09:47:26 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2011/09/imagenes-manhattan.jpg" alt="" />Los hombres se preocupan demasiado <strong>por abultar su entrepierna con toda clase de artimañas</strong>, desde alargadores de pene que recuerdan a refinadísimos instrumentos de tortura de la Inquisición hasta simples rellenos del pantalón (aún recuerdo mi última revisión médica en el colegio, cuando un compañero, al bajarse los pantalones, dejó caer de su bragueta un par de calcetines enrollados). </p>

	<p>Lo que de verdad resulta efectivo es abultar la cartera: <strong>demostrar que tienes recursos</strong>, como un pavo real desplegando su hiperbólica cola.</p>

	<p><!--more--></p>

<h2>Lección 3: múdate a la mejor zona de la ciudad</h2>

	<p>En una sociedad dominada por los hombres, en el que los mejores puestos de trabajo son para ellos, <strong>las mujeres se ven impulsadas a valorar más el dinero del futuro cónyuge</strong>. Esto es, al menos, lo que nos indican los psicólogos evolutivos.  Podéis leer los pros y contras de esta hipótesis en <a href="http://www.portalplanetasedna.com.ar/parejas.htm">Portal Planeta Sedna</a> </p>

	<p>O como dijo , <strong>Aristóteles Onassis</strong>: “<em>Si las mujeres no existieran, todo el dinero del mundo dejaría de tener sentido</em>.</p>

	<p>Lo que está en discusión es si la cultura, la sociedad vigente, puede anular estas tendencias en apariencia ancestrales. Lo que sí parece, a tenor de un estudio de <strong>Lena Edlund</strong>, de la Universidad de Columbia, es que los portales de Internet dedicados al ligoteo se inclinan hacia la tendencia de que las mujeres sienten preferencia por los hombres con recursos económicos y los hombres por las mujeres hermosas y jóvenes. ¿Es eso extrapolable a la sociedad? ¿Y a todas las sociedades? ¿Y a la mayoría? Sigue siendo un debate candente.</p>

<blockquote>Los economistas han estado estudiando las citas por Internet tan asiduamente como lo hacen con las citas rápidas, y han descubierto que los hombres obtienen muchas respuestas si en sus anuncios de contactos por Internet dicen tener ingresos altos. La situación se revierte en el caso de las mujeres: si una mujer, en un anuncio por Internet para tener citas, afirma que tiene un alto nivel de ingresos, ciertamente obtendrá muchísimas menos respuestas que si dijese tener ingresos modestos. Está confirmado: los hombres ricos son excitantes y las mujeres ricas hacen perder el interés.</blockquote>

	<p>Siguiendo esta lógica, debería haber muchas mujeres en los lugares donde hay muchos hombres con poder adquisitivo. Por ejemplo,<strong> las ciudades frente al medio rural</strong>.</p>

	<p>Es lo que sostiene <strong>Lena Edlund</strong>, de la Universidad de Columbia:</p>

<blockquote>En primer lugar, siempre habrá mayor escasez de hombres en las ciudades que en las zonas rurales. En cuarenta y cuatro de los cuarenta y siete países estudiados por Edlund así sucede. (En las tres excepciones, la ratio por sexos es igual en las ciudades y en las zonas rurales.) Dentro de los Estados Unidos, encuentras el mismo patrón en las grandes ciudades. En Washington, D. C, las mujeres superan en número a los hombres, en una proporción de nueve a ocho; en Nueva York hay 860.000 hombres de entre 20 y 34 años, y 910.000 mujeres en esta misma franja de edad.</blockquote>

	<p>Vía | <em>Cómo funciona la mente</em> de Steven Pinker / <em>La lógica oculta de la vida</em> de Tim Harford<br />
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      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Curso acelerado para ligar. Lección 2: elige bien el deporte que practicas]]></title>
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      <pubDate>Sun, 25 Sep 2011 13:36:11 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" id="image9810" src="http://img.xatakaciencia.com/2011/09/deporte3.jpg" class="centro" alt="deporte3.jpg" />Practicar deporte es muy saludable, tanto para el cuerpo como para le mente. Pero aquí estamos para ligar, así que <strong>contemplemos el deporte desde la óptica del sexo</strong>. El deporte es sexy. Y no lo es sólo porque nos proporciona unos músculos graníticos o una talla 38, sino porque el deporte puede atraer al sexo contrario. Al menos según el investigador <strong>Richard Wiseman</strong>.</p>

	<p>Pero cuidado con el deporte que escogéis. Atentos, empieza la…<br />
<!--more--></p>

<h2>Lección 2: elige bien el deporte que practicas</h2>

	<p>Las mujeres, por encima de la amabilidad y el altruismo, <strong>valoran del sexo contrario el coraje y la voluntad para correr riesgos</strong>. Un hombre que está dispuesto a luchar por lo que considera justo, siguiendo los dictados de su corazón, caiga quien caiga, resulta, en consecuencia, terriblemente atractivo. </p>

	<p>Para confirmar esta intuición, el investigador <strong>Richard Wiseman</strong> llevó a cabo una encuesta con el experto en <em>fitness</em> <strong>Sam Murphy</strong> a más de 6.000 personas, en la que se preguntaba acerca de las actividades deportivas que harían que un miembro del sexo opuesto resultara más atractivo.</p>

	<p>Los resultados fueron:</p>

	<p><strong>Mujeres</strong>: El 57 % de las mujeres encontraban a los escaladores como los deportistas más atractivos. A continuación, estaban los deportes extremos (56 %), el fútbol (52 %) y el senderismo (51 %). Los deportes menos sexys, por el contrario, son el golf (13 %) y el aerobic (9 %). </p>

	<p><strong>Hombres</strong>: sentían atracción por las mujeres que practicaban aerobic (70 %), Yoga (65 %) y gimnasio (64 %). Las menos atractivas eran, de nuevo, las que practicaban el golf (18 %), el rugby (6 %) y el culturismo (5 %).</p>

	<p>Conclusión, tanto si eres hombre como mujer, <strong>no practiques golf si tu finalidad es ligar</strong> (si no eres <a href="http://informe21.com/actualidad/madame-revela-escandalos-scretos-sexuales-tiger-woods-quien-pierde-otro-patrocinador">Tiger Woods</a>).</p>

	<p>Concluye <strong>Richard Wiseman</strong>:</p>

<blockquote>Las elecciones de las mujeres parecen reflejar el tipo de cualidades psicológicas que encuentran atractivas, como la valentía y el estar dispuestos a enfrentarse a los desafíos, mientras que los hombres parecen buscar a una mujer que esté en buena forma, pero que no sea demasiado fuerte, para no herir su ego.</blockquote>

	<p>Vía | <em>59 segundos</em> de Richard Wiseman</p>

	<p>En Xatakaciencia | <a href="http://www.xatakaciencia.com/tag/curso-para-ligar">Todas las entregas de Curso acelerado para ligar</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Curso acelerado para ligar. Lección 1: hazte la dura, pero también la fácil]]></title>
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      <pubDate>Sat, 24 Sep 2011 16:19:43 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" id="image9805" src="http://img.xatakaciencia.com/2011/09/12-trucos-para-ligar_articuloretrato.jpg" class="centro" alt="12-trucos-para-ligar_articuloretrato.jpg" />La ciencia, además de ser una fuente inagotable de conocimientos elevados, también puede dar servicio a las vicisitudes más cotidianas. <strong>¿Y qué hay más cotidiano y pedestre que el ligoteo?</strong></p>

	<p>Para ello, desde <strong>Xataka Ciencia</strong> vamos a impartir un curso acelerado de ligue a fin de responder preguntas tan esenciales para el devenir de la humanidad son ¿es más efectivo hacerse el fácil o el duro? ¿El dinero es sexy? ¿Cuál es el mejor sitio para entablar relaciones con el sexo contrario? ¿Por qué los músicos ligan tanto?  </p>

	<p>Los experimentos y estadísticas que os ofreceremos a continuación son obra de diversos científicos e investigadores, así que no os podemos garantizar que sus sugerencias sean realmente útiles para ligar más (si alguno lo prueba y le funciona, que lo cuente).  Además, los científicos no se caracterizan precisamente por ser unos ligones: <strong>Nikola Tesla</strong> murió virgen a la edad de 87 años; <strong>Isaac Newton</strong> nunca consumó ninguna de sus relaciones; el matemático húngaro <strong>Paul Erdos</strong> murió virgen a los 83 años. (Bueno, esto ha sido una pequeña maldad, no me lo toméis en cuenta… que <a href="http://francisthemulenews.wordpress.com/2009/09/08/albert-einstein-segun-su-nieta-evelyn-“era-un-mujeriego-y-un-libertino”/">Einstein fue todo un mujeriego</a>). </p>

	<p>Así que lo que esperamos, sobre todo, es que este curso un poco <em>sui generis</em> os sirva para aprender un poco sobre los entresijos de la psicología humana. Y que, entre todos, podamos discutirlo y hasta enriquecerlo. Dicho lo cual, empecemos.<br />
<!--more--></p>

<h2>Lección 1: hazte la dura, pero también la fácil</h2>

	<p>La cultura popular no deja de repetir un axioma sobre cómo deben tratar las mujeres a los hombres para resultar irresistibles: mal. Las mujeres que son demasiado fáciles para el sexo contrario, pierden interés. <strong>El interés se gana si te haces la dura</strong>. </p>

	<p>Ya <strong>Sócrates</strong> aconsejó lo siguiente a la prostituta Teodota:</p>

<blockquote>Apreciarán mejor tus favores si esperas a que ellos te lo pidan. Verás, las carnes más dulces parecen agrias si se sirven antes de quererlas, y a los que ya han tomado de sobra les resultan repugnantes en extremo: pero la más pobre de las comidas es bien recibida por el hombre hambriento.</blockquote>

	<p><strong>Estas ideas tienen cierta base biológica</strong>: las mujeres que abiertamente admiten que se acuestan con muchos hombres, generan inseguridad en el hombre a nivel genético: ¿cómo sé que se ha quedado embarazada con mis espermatozoides y no con los de otro si las mujeres humanas siempre están el celo?</p>

	<p>Para confirmar estas sospechas, <strong>Elaine Hatfield</strong>, de la Universidad de Hawaii, llevó a cabo una serie de experimentos un poco raros. En uno de ellos, obligaba a un grupo de estudiantes a contemplar fotografías y breves biografías de parejas adolescentes; a continuación, debían puntuar lo deseables que les parecían los miembros de las parejas. </p>

	<p>Lo explica así <strong>Richard Wiseman</strong> en su libro <em>59 segundos</em>:</p>

<blockquote>Las biografías se habían inventado cuidadosamente para asegurarse de que algunos de los adolescentes pareciesen haberse enamorado después de un par de citas (es decir, “fáciles”), mientras que otros pareciesen haber costado mucho más (“duros). Pero al contrario de lo que esperaban los investigadores, los estudiantes daban puntuaciones más altas a las personas que habían declarado su amor eterno a los pocos minutos de conocer a su pareja, lo que los llevó a concluir que “todo el mundo ama a los amantes.</blockquote>

	<p><strong>Quizá el experimento pecaba un poco de artificioso</strong>. De modo que los experimentadores intentaron hacerlo todo más realista. Solicitaron la ayuda de un grupo de mujeres que se habían apuntado a un servicio de citas. Cuando los hombres llamaban, la mitad de las mujeres debían aceptar de inmediato las llamadas y la otra mitad, esperar tres minutos. Pero los resultados fueron exactamente los mismos: hacerse la dura no tenía ningún efecto.</p>

	<p>¿Acaso se equivocaba Sócrates? ¿Acaso la cultura popular se equivocaba?<strong> Tal vez la solución estaba en un grupo de prostitutas</strong>. </p>

	<p>Los investigadores convencieron a <strong>un grupo de mujeres de moral distraída</strong> para que tratasen de dos formas distintas a sus clientes: mientras les servían una copa y antes de llegara el momento del sexo, tenían que callarse (las “fáciles”) o explicar tranquilamente que pronto empezarían la universidad y que, por esa razón, sólo verían a los clientes que de verdad les gustaran (las “duras”).</p>

	<p>Un mes después, un equipo de supervisión controló qué porcentaje de esos clientes se ponía en contacto con las prostitutas. Pero tampoco se descubrió ninguna relación que sugiriera que hacerse la dura o la fácil tenía efectos en el éxito con los hombres. </p>

	<p>Fueron una serie de entrevistas a diferentes hombres las que finalmente aclararon un poco el asunto a los investigadores. <strong>Tanto hacerse la dura como la fácil tenía sus ventajas y sus desventajas</strong>.</p>

<blockquote>Según los entrevistados, las mujeres duras eran estupendas para el ego, pero a menudo resultaban antipáticas, frías y tenían tendencia a humillarlos delante de sus amigos. Como resultado de las entrevistas, los investigadores especularon que la mejor estrategia era dar a la cita potencial la impresión de que, en general, eres una persona difícil de conseguir (y, por tanto, un recurso escaso que merece la pena tener), pero que estás entusiasmado por esa persona en concreto. Probaron la idea con algunas técnicas parecidas (aunque, esta vez, sin prostitutas) y descubrieron pruebas aplastantes que respaldaban sus teorías.</blockquote>

	<p>Vía | <em>59 segundos</em> de Richard Wiseman</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Si piensas demasiado… el arte no tiene sentido]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/biologia/si-piensas-demasiado-el-arte-no-tiene-sentido</link>
      <guid>http://www.xatakaciencia.com/biologia/si-piensas-demasiado-el-arte-no-tiene-sentido</guid>
      <pubDate>Thu, 22 Sep 2011 11:49:40 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.xatakaciencia.com/2011/09/gatitos-con-gorro.jpg" alt="" />Las ejecuciones artísticas más sublimes suelen realizarse con el piloto automático puesto, en modo zombi, sin darle demasiado al coco, dejándose llevar por el instinto y la trepidación. De igual manera, si uno le da demasiado al coco sobre el arte, sobre lo que es más o menos bello, mejor o peor, exacto o inexacto, <strong>entonces todo puede perder su sentido</strong>. Hasta el punto de que acabemos prefiriendo una foto de unos graciosos gatitos a un cuadro de Van Gogh (como os demostraré más adelante en un curioso experimento).</p>

	<p>En política, dos personas inteligentes pueden mantener creencias diametralmente opuestas. Si esto ocurre en literatura o pintura, <strong>¿significa que pueden coexistir posibles familias de explicaciones y exégesis acerca de una obra y que cada una de ellas puede ser igualmente rigurosa?</strong> La respuesta es que sí, aunque eso no les gusta a nada a los expertos en arte porque, entonces, todo vale, y si todo vale, ¿qué enseñamos como cierto o incierto? ¿El arte es sólo gimnasia mental para entrenar el sentido estético? </p>

	<p>Muchas opiniones acerca del mérito artístico de una obra <strong>son el resultado del contagio arbitrario</strong>: una persona lee una reseña de un libro o una cuadro; otra la lee y escribe un comentario empleando parecidos argumentos, pues las ideas se anclan en su mente de forma inconsciente (ya decía Asimov que cualquier teoría puede defenderse con el suficiente aparato retórico). En poco tiempo, aparecen cientos de críticas que, atendiendo a su contenido, <strong>se reducen a dos o tres críticas originarias</strong>. ¿Y el hecho de que haya libros que se vendan mucho más que otros? La llamada recursividad consiste en la retroalimentación de un fenómeno mediante un número creciente de bucles; sucesos son la causa de más sucesos iguales pero de mayor entidad. Compramos un libro, básicamente, porque otros lo compran, originándose lo que en marketing se denomina “bola de nieve”.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Luego está el problema de la limitación de nuestra percepción literaria y/o artística. Uno, por mucho que lea o consuma arte, sólo asimilará una ínfima parte de la información existente. <strong>Las obras que no ha asimilado (la mayoría) pero que se consideran obras fundamentales o canónicas serán prejuzgadas con benevolencia aunque sólo sepa de ella a través de terceros</strong>. Escritores despreciados por sus coetáneos como <strong>Edgar Allan Poe</strong> o <strong>Arthur Rimbaud</strong>, ahora son adorados y de consumo obligatorio en muchos colegios. (Soy perfectamente consciente de que estas ideas resultarán indigestas para los que tengan una concepción jerárquica de la cultura artística.) </p>

	<p>Por otro lado, asombra que muchos de los llamados expertos en arte ignoren (y hasta desdeñen) disciplinas fundamentales para el conocimiento íntimo del arte, <strong>como pueden ser la neurobiología, la psicología evolutiva o la genética</strong>. Los expertos de este tipo, cerrados en su conocimiento, me hacen el efecto de mecánicos que sólo conocen los colores con los que se pueden pintar la carrocería de un coche pero que jamás han levantado el capó para examinar el motor. </p>

	<p>Todavía no entiendo por qué en las facultades de letras no se imparten al menos nociones sobre estas disciplinas y, de una vez, se aclara un poco la niebla conceptual que convierte la exégesis literaria en hermética y dogmática. Por ejemplo, que el florecimiento del arte en la cultura humana <strong>es un subproducto de otras tres adaptaciones biológicas</strong>: el ansia de estatus, el placer estético de experimentar con objetos y entornos adaptativos y la capacidad de diseñar artefactos para obtener los fines deseados.</p>

	<p>Otra cuestión muy distinta es admitir que sea necesario o no, desde este punto de vista artificioso, el crear listas de libros, pinturas o esculturas mejores o peores. Porque es necesario. <strong>Esta dicotomía es socialmente imprescindible</strong>: todos los intentos de crear, por ejemplo, vestidos igualitarios y baratos han fracasado, porque el ser humano precisa de elementos diferenciadores que demuestren su grado social e intelectual frente a los demás. Si uno lee un libro considerado bueno, por ejemplo, también lo hace para demostrar que es superior a quienes no lo han leído o los que han leído un libro considerado malo. </p>

	<p>Pero, como en todo, lo importante es conocer las reglas del juego para jugar sin radicalizar posturas, como tampoco radicalizamos posturas a la hora de dictaminar si son mejores las fichas blancas o las negras en un tablero de ajedrez. <strong>Limitémonos a mover ficha y a jugar y no nos creamos demasiado el tono grandilocuente de nuestros juicios</strong>.</p>

	<p>Con todo, saber las reglas del juego de arte no significa que el arte pierda sentido, al igual que conocer las reglas del juego de la nutrición no significa que la gastronomía pierda sentido. Otra cosa muy distinta es que, para experimentar realmente la faceta estética del arte, no se deba uno enfrascar en disquisiciones intelectuales; al igual que hablar de nutrición durante una cena especial no consigue que esa cena sepa mejor (más bien al contrario). Por ejemplo, una prueba experimental de que, si pensamos demasiado, el arte pierde un poco su sentido, es un experimento realizado por <strong>Timothy Wilson</strong>, psicólogo de la Universidad de Virginia. </p>

	<p>El experimento de Wilson consistió en solicitar a un grupo de universitarias que escogieran su cartel preferido. Entre los carteles disponibles estaban un paisaje de Monet, <strong>un cuadro de Van Gogh con lirios morados y tres carteles muy graciosos y muy monos de gatitos</strong>. </p>

	<p>El grupo de universitarias se dividió en dos. El primero subgrupo debía simplemente puntuar del 1 al 9 los carteles, a ojo cubero. El segundo subgrupo, sin embargo, debía rellenar unos cuestionarios donde se les preguntaba por qué les gustaba o no cada una de las cinco opciones; y a continuación ya podían puntuar. El experimento concluía así: <strong>cada universitaria podía llevarse a su casa su cartel favorito</strong>.</p>

	<p>El 95 % escogieron Monet o Van Gogh (algo natural si hablamos de chicas del ámbito universitario). ¿Qué pasó con las universitarias que tuvieron que justificar sus gustos en el cuestionario? Se dividieron en partes iguales entre los cuadros y los gatos divertidos. La explicación de ello la aporta el propio Wilson:</p>

<blockquote>Al contemplar un cuadro de Monet, en general la mayoría de las personas tienen una reacción positiva. Al pensar por qué sienten tal o cual sensación, sin embargo, lo que les viene a la cabeza y es más fácil verbalizar quizá sea que algunos de los colores no son muy agradables y que el tema, un pajar, es bastante insulso. Como consecuencia de ello, las mujeres acabaron seleccionando los pósters graciosos de felinos, aunque sólo fuera porque éstos les permitían explicarse mejor.</blockquote>

	<p>Transcurrida una temporada, las universitarias seleccionadas fueron sometidas a otra entrevista en la que se les preguntó cuán satisfechas estaban con el cartel escogido para su casa. El 75 % de las que escogieron gatitos, lo lamentó.<strong> Pero nadie se arrepintió de su elección de Monet o Van Gogh</strong>.</p>

<blockquote>Las mujeres que hicieron caso a sus emociones acabaron tomando decisiones mucho mejores que las que confiaron en su capacidad de razonamiento. Cuanto más pensaban en los pósters que querían, más engañosos se volvían sus pensamientos. El autoanálisis se traducía en menos conciencia de uno mismo.</blockquote>

	<p>Así es el arte. Visceral, emotivo, límbico. Si no fuera así, no sería arte. Pero a la hora de abordarlo en una facultad, ahora de diseccionarlo tal y como se pretende diseccionar, <strong>entonces el arte debería ser lo más parecido a la ciencia</strong>, algo que dista bastante de ser lo que está ocurriendo.</p>

	<p>Por esa razón, si algún día nos visitaran extraterrestres inteligentes, probablemente no encontrarán nada intrínsecamente interesante en las obras de Shakespeare o en la música de Mozart. <strong>Y con toda seguridad, su expresión artística, de tenerla, en nada se parecerá a la nuestra</strong>. Pero si dichos extraterrestres han descubierto la energía nuclear y las naves espaciales, conocerán las mismas leyes que conocemos nosotros.</p>

	<p>La física de cualquier ser inteligente de cualquier planeta del universo podría traducirse isomórficamente, punto por punto, de conjunto a punto, y de punto a conjunto, en una notación humana. Y lo mismo sucedería con una futura comprensión del arte desde el punto de vista científico, <strong>que sería catapultado a un estadio mucho más maduro</strong> (y menos acomplejado o cerrado a las evidencias científicas). Una revolución impulsada por la acumulación sistemática de conocimientos que fundamenten las bases biológicas del arte a fin de responder con mayor claridad a preguntas apremiantes del tipo:</p>

	<p><em>¿Qué es arte y qué no lo es? ¿Por qué hay obras que triunfan y otras no? ¿Tiene sentido el ejercicio de la crítica tal y como la conocemos actualmente? </em></p>

	<p>En conclusión: Si piensas demasiado… el arte no tiene sentido. <strong>Pero eso no significa debamos dejar de pensar cuando acudimos a una facultad para diseccionar el arte</strong>.</p>

	<p>Vía | <em>Cómo decidimos</em> de Jonah Leherer | <em>El Cisne Negro</em> de Nassim Nicholas Taleb | <em>Cómo funciona la mente</em> de Steven Pinker | <a href="http://www.xatakaciencia.com/busqueda?cx=partner-pub-9977500652563564%3A5613874482&q=%C2%BFPor+qu%C3%A9+existe+el+arte%3F&ie=UTF-8&oe=UTF-8&cof=FORID%3A10&x=10&y=13#918">¿Por qué existe el arte?</a> | <a href="http://www.papelenblanco.com/metacritica/un-paisaje-de-monet-o-unos-lindos-gatitos-no-lo-pienses-demasiado">¿Un paisaje de Monet… o unos lindos gatitos? No lo pienses demasiado</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Leer nos cambia el cerebro... más de lo que creemos]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/psicologia/leer-nos-cambia-el-cerebro-mas-de-lo-que-creemos</link>
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      <pubDate>Fri, 15 Jul 2011 09:28:25 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.xatakaciencia.com/2011/07/libros2.jpg" alt="" /><strong>Corre por ahí el bulo de que leer no es para tanto</strong>. Que ya existe la televisión, que vivimos en un mundo audiovisual, y que por tanto la lectura es una actividad como cualquier otra, casi un <em>hobbie</em>, algo marginal que irá retrocediendo con el tiempo y limitándose a los mensajes cortos de Twitter (sí, <strong><a href="https://twitter.com/#!/SergioParra_">yo también tengo</a></strong>). Pero no es así.</p>

	<p>La lectura de libros o de textos que requieran concentración y tiempo <strong>nos permite llegar a lugares a los que otras tecnologías tienen vedado el paso</strong>. No sólo se profundiza en asuntos complejos sino incluso en emociones complejas.</p>

	<p><strong>Una buena prueba de ello es cómo piensa un lector respecto a un analfabeto</strong>. Los cerebros lectores entienden de otra manera el lenguaje, procesan de manera diferente las señales visuales; incluso razonan y forman los recuerdos de otra manera, tal y como señala la psicóloga mexicana <strong>Feggy Ostrosky-Solís</strong>.</p>

	<p>Los cerebros de los lectores incluso difieren entre sí según qué lecturas tengan por bagaje. Y no sólo estoy hablando de leer Dostoievsky o Pablo Coelho, sino que <strong>influye incluso el idioma en el que leemos</strong>. </p>

	<p>Los lectores de inglés, por ejemplo, <strong>elaboran más las áreas del cerebro asociadas con descifrar las formas visuales que los lectores en lengua italiana</strong>. Según se cree, la diferencia radica en el hecho de que las palabras inglesas presentan con más frecuencia una forma que no hace evidente la pronunciación. ¿No habéis visto en las películas que a menudo las personas deben deletrear su nombre para que la otra persona sepa cómo se escribe? Por el contrario, las palabras italianas, así como las españolas, suelen escribirse exactamente como se pronuncian.</p>

	<p>Por esa razón, también, los vocabularios de las culturas que aprendían a leer incrementaban sus recursos lingüísticos. Por ejemplo, el vocabulario inglés, limitado a unos pocos miles de palabras, <strong>se amplió hasta más de un millón con la proliferación de los libros</strong>.  </p>

	<p>Pero ¿qué pasa exactamente, en tiempo real, en el cerebro de una persona que lee y entiende lo que lee, a diferencia de una persona que simplemente mira las imágenes en una pantalla o escucha las palabras de un cuentista?</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>En 2009, la revista <em>Psychological Science</em> publicó un estudio al respecto, llevado a cabo en el Laboratorio de Cognición Dinámica de la Universidad de Washington, cuya principal investigadora fue <strong>Nicole Speer</strong>.</p>

<blockquote>Los lectores simulan mentalmente cada nueva situación que se encuentran en una narración. Los detalles de las acciones y sensaciones registrados en el texto se integran en el conocimiento personal de las experiencias pasadas. Las regiones del cerebro que se activan a menudo son similares a las que se activan cuando la gente realiza, imagina u observa actividades similares en el mundo real.</blockquote>

	<p><strong>Y todo esto es así porque leer es una actividad muy poco natural.</strong> Imaginaos: ¿acaso nuestros antepasados podían concebir permanecer sentados durante mucho tiempo, sin moverse, con la vista fija en un punto estático en la que no está pasando nada? Es decir: mirando pulpa de árbol prensada manchada con lo que parecen insectos aplastados. Más que un ser humano eso parecería una estatua. Un observador analfabeto no entendería qué mira tanto esa criatura porque todo pasa en su cabeza. De algún modo, el humano lector es casi una nueva especie. </p>

	<p>El estado natural del cerebro humano, así como el de la mayoría de los primates, <strong>tiende a la distracción</strong>. Basta con que aparezca cualquier estímulo interesante, y nuestro cerebro sentirás interés por él, olvidándose de lo que estaba haciendo. Sin embargo, leer un libro requiere de una capacidad de concentración intensa durante un largo periodo de tiempo.</p>

	<p><strong>Esta tendencia a distraernos con nuevos estímulos, según la psicología evolutiva, tiene mucho sentido</strong>. Nuestros ancestros debían tener cerebros hambrientos de novedades y dispuestos a captar cualquier irregularidad: los objetos estacionarios o invariables forman parte del paisaje y mayormente no se perciben. Los ancestros que no tenían esta capacidad, seguramente tenían mayor probabilidad de morir (por ejemplo, un depredador que acecha) o menor probabilidad de fijarse en una oportunidad (por ejemplo, una fuente cercana de alimentos, lo cual también se traducía en una muerte prematura). Y un ancestro muerto es un ancestro que no se reproduce y que no deja en herencia a su prole sus genes, es decir, rasgos como un cerebro que no tiende a la distracción.</p>

	<p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2011/07/leer.jpg" alt="" />Todos los que en el pasado tenían cerebros predispuestos para la concentración y la linealidad, por tanto, se extinguieron. <strong>Nosotros somos descendientes de no lectores</strong>. Compartimos sus vetas genéticas. Tal y como señala <strong>Nicholas Carr</strong>:</p>

<blockquote>Leer un libro significaba practicar un proceso antinatural de pensamiento que exigía atención sostenida, ininterrumpida, a un solo objeto estático. Exigía que los lectores se situaran en lo que el T. S. Eliot de los Cuatro cuartetos llamaba “punto de quietud en un mundo que gira”. Tuvieron que entrenar su cerebro para que hiciese caso omiso de todo cuanto sucedía a su alrededor, resistir la tentación de permitir que su enfoque pasara de una señal sensorial a otra. Tuvieron que forjar o reforzar los enlaces neuronales necesarios para contrarrestar su distracción instintiva, aplicando un mayor “control de arriba abajo” sobre su atención. “La capacidad de concentrarse en una sola tarea relativamente sin interrupciones”, escribe Vaughan Bell, psicólogo del King´s College de Londres, representa “una anomalía en la historia de nuestro desarrollo psicológico.</blockquote>

	<p><strong>Los libros son el equivalente intelectual de los antibióticos, los aditivos o el aire acondicionado</strong>. Son una tecnología capaz de diluir un poco más nuestra humanidad de serie y moldear nuestro cerebro para alcanzar finisterres que hace apenas unos siglos eran inalcanzables. Son una tecnología diferente a Internet, la telvisión o el teléfono móvil, así que vale la pena que no la perdamos.</p>

<blockquote>Ni que decir tiene que mucha gente había cultivado una capacidad de atención sostenida mucho antes de que llegara el libro e incluso el alfabeto. El cazador, el artesano, el asceta, todos tenían que entrenar su cerebro para controlar y concentrar su atención. Lo notable respecto de la lectura de libros es que en esta tarea la concentración profunda se combinaba con un desciframiento del texto e interpretación de su significado que implicaban una actividad y una eficiencia de orden mental muy considerables. La lectura de una secuencia de páginas impresas era valiosa no sólo por el conocimiento que los lectores adquirían a través de las palabras del autor, sino por la forma en que esas palabras activaban vibraciones intelectuales dentro de sus propias mentes.</blockquote>

	<p>Así, lectores del mundo, antinaturales todos, <strong>si pensáis más profundamente es porque leéis más profundamente</strong>. Porque, en ocasiones, ser antinatural es lo más de lo más.</p>

	<p>Vía | <em>Superficiales</em> de Nicholas Carr</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué diferencias hay entre hombres y mujeres? (II)]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/antropologia/que-diferencias-hay-entre-hombres-y-mujeres-ii</link>
      <guid>http://www.xatakaciencia.com/antropologia/que-diferencias-hay-entre-hombres-y-mujeres-ii</guid>
      <pubDate>Mon, 11 Jan 2010 11:05:41 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2010/01/marilin_happy_birthday_to_me.jpg" alt="" /><strong>La idea de que los maridos nunca recuerdan fechas románticas o aniversarios</strong>, mientras que las esposas sí, parece deberse al modo diferente en que hombres y mujeres usan el cerebro, según un reciente estudio. </p>

	<p>De acuerdo con este informe, las mujeres utilizan más regiones del cerebro relacionadas con el procesamiento de las emociones que los hombres y, en algunos casos, incluso, diferentes áreas. En la investigación, realizada por un equipo de psicólogos de la <strong>Universidad de Stanford</strong>, en California, se han empleado Imágenes de Resonancia Magnética Funcional (fMRI).</p>

	<p>Las imágenes fMRI miden el flujo sanguíneo y pueden identificar, mediante una coloración artificial, las regiones del cerebro que se encuentran en plena actividad.</p>

	<p>Para evaluar las diferencias respecto a las emociones, se mostraron fotografías catalogadas desde &#8220;neutrales&#8221; a capaces de provocar &#8220;fuertes emociones&#8221; a 12 hombres y 12 mujeres y se registró la impronta que dejaban en el cerebro. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Semanas después, las imágenes de fMRI volvieron a captar cómo reaccionaba el cerebro de mujeres y hombres al serles mostradas algunas de las fotografías. Las pruebas revelaron que un 60% de los hombres eran capaces de rememorar los recuerdos emocionales más intensos grabados en sus cerebros. <strong>En el caso de las mujeres, el porcentaje se eleva al 75%</strong>. </p>

	<p>Hasta ahora, distintos estudios psicológicos habían encontrado mejor memoria en la mujer que en el hombre para los denominados acontecimientos emocionales, <strong>pero las bases neurológicas para esas diferencias eran desconocidas</strong>.</p>

	<p>&#8220;Las mujeres comunican recuerdos más vivos que sus esposos en acontecimientos relacionados con su primera cita, las últimas vacaciones o una discusión reciente&#8221;, afirman los psicólogos que han realizado el estudio.</p>

	<p>Después de comprobar cómo los cerebros masculinos y femeninos conceden mayor o menor importancia a determinados recuerdos y su posterior evocación (quizá las mujeres den tanta importancia a que un hombre no recuerde determinadas fechas como forma de demostrar que el hombre no está realmente implicado en la relación), <strong>vayamos de nuevo a las diferencias que existen entre los cuerpos de ambos sexos</strong>. </p>

	<p>Si nos retrotraemos a nuestros antepasados, observamos que las diferencias anatómicas y fisiológicas ligadas al sexo <strong>no imposibilitan que las mujeres participen hasta cierto punto en actividades físicas de gran rendimiento</strong>, como la caza. Lo que sucedía es que, por mero pragmatismo, se entrenaban a los varones para la caza mayor, no a las mujeres, pues son las mujeres las que jamás sufren desventajas a la hora de cazar animales de pequeño tamaño o de recolectar frutos, bayas o tubérculos silvestres: alimentos de tanta importancia como la caza mayor en la dieta de los cazadores-recolectores.<br />
<strong><br />
¿Pero esto ocurre en todos los grupos sociales y ha sido una constante en la historia?</strong> Un mundo dominado por mujeres podría ser cualitativamente distinto? Lo veremos en la tercera entrega de esta serie de posts sobre hombres y mujeres.</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[¿Para qué sirven los pechos de una mujer? (2 de 2)]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/biologia/para-que-sirven-los-pechos-de-una-mujer-2-de-2</link>
      <guid>http://www.xatakaciencia.com/biologia/para-que-sirven-los-pechos-de-una-mujer-2-de-2</guid>
      <pubDate>Fri, 17 Jul 2009 10:43:15 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2009/07/12.jpg" alt="" />Otra teoría la aporta la antropóloga Bobbi Low, que dice que el pecho no es una señal sincera de que la prole podrá ser criada más eficientemente por esta mujer, pues <strong>los pechos abundantes no guardan relación con su contenido lácteo ni la producción de leche</strong>.</p>

	<p>Según la tesis de la psicología evolucionista más dura, los pechos se fundan en un principio de engaño. Lo explica así <em>La ciencia de la belleza</em> de Ulrich Renz:</p>

<blockquote><p>La función del relleno de grasa del pecho es ocultar el verdadero estado en el que se encuentra la mujer. Al hombre se le escamotea la posibilidad de saber cuándo su pareja tiene los días fértiles, de modo parecido a como ocurre con la ovulación.</p></blockquote>

	<p>Es decir, que los pechos actuarían como exageraciones de fertilidad, espectáculo pornográfico, deseo permanente, aunque este anuncio no siempre guarde relación con la realidad. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Por su parte, el conocidísimo (y también criticadísimo) antropólogo <strong>Desmond Morris</strong>, considera el pecho como una consecuencia de la nueva técnica de apareamiento que trajo consigo el hecho de caminar erguidos. Desde que el hombre y la mujer empezaron a aparearse por delante, la zona erógena de las nalgas <strong>no tuvo más remedio que emigrar hacia la parte delantera</strong>. Pero ¿acaso las nalgas de una mujer no siguen siendo igualmente atractivas?</p>

	<p>Finalmente, quizá la razón de la existencia de los pechos femeninos sea mucho más sencilla que todo lo anteriormente expuesto: <strong>los pechos indican al hombre que la mujer ya es sexualmente madura</strong>.</p>

	<p>Vía | La ciencia de la belleza, de Ulrich Renz</p>      ]]></description>
      </item>
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