A pesar de que la ministra de Sanidad de España la lleva, la pulserita mágica Power Balance es un fraude, como ha tenido a bien sancionar la Junta de Andalucía le ha impuesto por publicidad engañosa.
Finalmente ha sido impuesta la ridícula sanción (según la asociación de consumidores Facua), de 15.000 euros por la afirmación de que las pulseras Power Balance “contienen un holograma que tiene almacenadas frecuencias que reaccionan positivamente con el campo de energía natural de su cuerpo para mejorar el equilibrio, la fuerza y la flexibilidad“.
Cabe recordar que Power Balance ha vendido más de 300.000 pulseras en España, cuyo precio oscila entre 35 y 42 euros, de modo que la sanción sólo les ha salido por 428 pulseritas. Una minucia, aunque sujeta a ley: la cuantía de la sanción impuesta la establece el reglamento (sanción grave tipificada en el art. 35 b, 1º de la Ley General de Sanidad), que para estos casos fija multas de entre 3.006 y 15.025 euros.

Otro argumento expuesto por un tal Larry Dossey, editor ejecutivo de la revista Alternative Therapies in Health and Medicine, que pretende respaldar la medicina New Age con los conocimientos actuales que tenemos en Física es el siguiente:
1 Hay que tener en cuenta que las teorías confirmadas de las ciencias más veteranas están respaldadas por un entramado sólido de datos que proceden de fuentes diferentes: es infrecuente, pues, que se apoyen en un único “experimento crucial”.
Llegados a este punto, cabe considerar entonces lo que significan los conocimientos científicos objetivos. ¿Existen? Para algunos intelectuales no existen, e incluso afirman cosas como que la teoría cosmológica del Big Bang puede ser cierta “para nuestra cultura” pero la historia de creación de los zunis es equivalentemente válida para ellos.
En puridad, no hay demasiadas diferencias entre la epistemología de la ciencia y la epistemología de la vida cotidiana. Es decir, que todos vosotros tenéis cierto grado de pensamiento científico. Historiadores, detectives, electricistas… todos usan los mismos métodos básicos de inducción, deducción y evaluación de los datos que los físicos o los bioquímicos.
Supongo que empezaréis a leer estas líneas con los ojos un poco enfurecidos después del provocativo titular. Pero el titular no es tan provocativo como parece (si bien necesita de una pequeña matización).
Emily Rosa era una niña de 9 años de Loveland, Colorado, que quería obtener una buena calificación en la asignatura de ciencias del colegio. Así que ideó un experimento para verificar la veracidad de una pseudociencia como trabajo.
El pensamiento que alimenta las pseudociencias es primitivo y rudimentario. Sin embargo, no es necesario construirse una supermente para advertir que el sustento de las pseudociencias es, cuando menos, endeble. La prueba de ello es que una simple niña (probablemente bien educada: es decir, alejada de dogmas y empujada al pensamiento crítico) consiguió dejar en evidencia una pseudociencia respaldada por millones de personas con un experimento escolar.
Antes se emitía en Televisión Española un programa infantil de divulgación científica que, espero, recuperen algún día. El programa se llamaba Leonart y era estupendo (aunque mi favorito siempre será
La última retahíla de excentricidades de Newton las enumera Martin Gardner: