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posmodernismo

¿Qué importa que la gente crea cosas raras? (y III)

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Parte de la transición desde la infancia hasta la madurez consiste en aprender a renunciar a creencias agradables pero falsas (por ejemplo, en Papá Noel). Porque, como decía Francis Bacon, “El hombre prefiere creer en lo que quiere que sea verdadero.” A todos nos asustaría/incomodaría/produciría risa un hombre de 45 años que todavía creyera en Papá Noel.

Ésa es la razón de que nos deba importar que la gente crea cosas raras: advertir la equivalencia que existe entre Papá Noel, el horóscopo y las armas de destrucción masiva en Iraq. Aunque ello suponga ir en contra de los mecanismos psicológicos subyacentes que nos impulsan hacia las pseudociencias, así como adquirir la madurez necesaria para afrontar la lógica y la ciencia empírica.

Ser niños es más confortable, pero ser adultos nos permite controlar mejor las situaciones que nos atañen. O como lo dijo mejor que yo el escritor Arturo Pérez Reverte: En el mar puedes hacerlo todo bien, según las reglas, y aun así el mar te matará. Pero si eres buen marinero, al menos sabrás dónde te encuentras en el momento de morir.

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¿Qué importa que la gente crea cosas raras? (II)

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Cuando alguien me comunica que cree que el sol puede alimentarnos a través de la piel o que la ciencia sólo es una interpretación del mundo o que si Newton conquistó intelectualmente la realidad no fue por su contenido de verdad ni por sus valores intrínsecos sino por efecto secundario de la hegemonía política adquirida por los británicos en aquel tiempo, cuando me dicen esas cosas, insisto, no suelo pronunciarme. Incluso puede que siga la corriente o me sonría.

A no ser que me pidan directamente una opinión seria sobre estos temas, no suelo exponer lo que pienso: hacerlo supone crearse no pocos enemigos, porque la gente no sólo siente atacadas sus creencias sino su persona (todavía asocian que una persona tiene creencias y esas creencias forman la persona, y no que las creencias deben pasar, evolucionar y cambiar, a medida que la persona aprende).

Sin embargo, como he reflejado en la anterior entrega de este artículo, las ideas endebles cotidianas pueden favorecer también ideas políticas endebles, por ejemplo, incluso ideas morales endebles. Si esto no nos parece demasiado evidente es por pura chiripa sociocultural, tal y como apunta Alan Sokal:

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¿Qué importa que la gente crea cosas raras? (I)

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A menudo la gente suele afirmar que tiene libertad para creer en lo que quiera, incluidos fenómenos sobrenaturales, medicinas alternativas o cualquier otra cosa extraña o alejada de lo comúnmente aceptado por los científicos.

Incluso hay que afirma que tiene libertad para ser ignorante o vivir en su pequeña parcela de desconocimiento, si así lo estima oportuno (sin advertir que la ignorancia es precisamente la antítesis de la libertad: uno no escoge ser ignorante si ya es ignorante).

Pero ¿realmente importa que haya gente que crea el horóscopo, que consulte a un médium para conversar con algún muerto o que opte por remedios homeopáticos? ¿No es algo que está dentro de la esfera privada de cada individuo?

Si bien no puedo evitar sentir fastidio por los vendedores de humo o los charlatanes que engatusan a las personas crédulas, ¿acaso puedo hacer algo? ¿No es la víctima la que participa alegremente en su propio sacrificio?

Según las encuestas que Gallup recogió en EEUU en 2001, el 50 % de la población cree en la percepción extrasensorial; el 42 %, en casas encantadas; el 41 % en la posesión demoníaca; el 36 % en la telepatía; el 32 % en la clarividencia; el 28 % en la astrología; el 15 % en el espiritismo; y el 45 % en la verdad literal del relato del a creación del Génesis.

Estamos hablando, pues, de muchos millones de personas. Todos ellos, mayores de edad. ¿Para qué hemos de preocuparnos de lo que hagan todos ellos? También los escépticos tenemos nuestros propios problemas personales, nuestras carencias y defectos, etc. Que cada palo aguante su vela, como suele decirse.

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Ciencias naturales VS Ciencias sociales (II)

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Los científicos sociales también tienen mucha información almacenada y grandes herramientas estadísticas refinadas para sus análisis. Pero los científicos sociales, en general, rechazan la idea de la ordenación jerárquica del conocimiento que une y guía a las ciencias naturales.

Dice Edward O. Wilson:

Divididos en cuadros independientes, resaltan la precisión en palabras dentro de su especialidad pero raramente hablan el mismo lenguaje técnico de una especialidad a otra. Muchos de ellos, incluso, disfrutan de la atmósfera global de caos que resulta, confundiéndola con el fermento creativo. (…) En la actualidad, varias facciones están a favor de posiciones ideológicas que van desde el capitalismo del laissez faire hasta el socialismo radical, mientras que unos cuantos promueven versiones de relativismo postmdernista, que cuestionan la idea misma del propio conocimiento objetivo.

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Ciencias naturales VS Ciencias sociales (I)

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El otro día, en uno de tantos debates radiofónicos sobre la crisis económica global, escuché cómo se enfrentaban dos catedráticos de economía. La pregunta que les había formulado el presentador era sencilla: ante lo visto, ¿qué resulta más seguro? ¿Abrir un plan de pensiones privado o confiar que en que el Estado nos ofrecerá pensiones de jubilación?

No sólo dijeron cosas distintas. Sencillamente opinaban cosas diametralmente opuestas. El presentador, abrumado, asumió que si dos catedráticos estaban en desacuerdo en un aspecto tan esencial de la economía, ¿qué sería del ciudadano de a pie?

A menudo, la gente no se pone de acuerdo al definir lo que es una ciencia y lo que no lo es. ¿Basta con que la antropología, la sociología, la psicología, la economía o las políticas estén inscritas en las llamadas “ciencias sociales” para ser realmente eso, ciencias? ¿Las ciencias naturales poseen características cualitativamente distintas a las ciencias sociales?

Lo cierto es que la mayoría de gente espera que las ciencias sociales sirvan para comprender su vida y gestionar su futuro, y relegan las ciencias naturales como la biología o la física para cuestiones menos prácticas.

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