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El efecto marca: los medicamentos caros "curan" más que los baratos.

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cajamedicamentos.jpgLa gente cree que un medicamento funciona realmente solo porque percibe que así ha sido, de manera individual y subjetiva, cuando el proceso de curar es más intrincado de lo que parece. Además de luchar contra el efecto placebo, la regresión a la media y otras ilusiones cognitivas, el precio de los medicamentos afecta inconscientemente en los pacientes.

Por ello la gente tiene la convicción de que los medicamentos de marca son mejores.

Por ejemplo, en un fascinante estudio publicado en Journal of the American Medical Association en 2008, analizaba el dolor generado por descargas eléctricas en diferentes pacientes. Bien, el tratamiento analgésico resulto ser más potente cuando se le decía al paciente que costaba 2,50 dólares que cuando se le decía que costaba solo 10 centavos.

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La magia de la regresión a la media

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El acto de curar a un enfermo es ciertamente un asunto peliagudo. La medicina nos ha demostrado que la relación causa-efecto no siempre está clara, que hay gente que se cura espontáneamente… e incluso que existe la regresión a la media.

Este efecto es del que se aprovechan muchas medicinas alternativas (sobre todo las que no tienen principio activo, como la homeopatía) para convencer a los pacientes de su eficacia. Cuando estamos bajo el yugo de un padecimiento, como un dolor de espalda, ese dolor va y viene, hay días mejores y días peores; y cuando el dolor está en su máximo esplendor, solo puede atenuarse.

Todas las enfermedades tienen una llamada “historia natural”, o como expresaba irónicamente Voltaire:el arte de la medicina consiste en entretener al paciente mientras la naturaleza cura la dolencia.

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Nocebo, Baskerville, muerte autoinducida y otras formas de morir cuando toca o no toca

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Hay gente que se muere antes de lo que toca. Son personas que parecen morir porque dejan que la Parca se acerque con su guadaña.

Al menos es lo que sugiere un artículo publicado en 1973 en la prestigiosa revista Lancet titulado “Self-Willed Death or the Bone-Pointing Syndrome”, donde se contempla la experiencia de un médico, G. W. Milton, en una clínica de melanoma (una manifestación del cáncer de piel particularmente nociva) de Sidney.

Según Milton:

Hay un grupo reducido de pacientes para quienes saber la inminencia de su muerte supone un golpe tan terrible que no son capaces de asimilarlo, y mueren rápidamente antes de que el mal se haya desarrollado lo suficiente para causársela.

Milton relaciona estos sucesos con las muertes de vudú por ser señalado con un hueso, que se dan en el desierto australiano. Donde se pone de manifiesto el componente psicosomático de muchas enfermedades: la gente sin esperanza parece acelerar la muerte, la gente que persiste en luchar y seguir adelante, parece dilatar la fecha de su deceso. Tal y como refiere Robert Bobrow en su libro El médico perplejo sobre las fechas de muerte de los pacientes:

Existen al menos veinte artículos publicados sobre este tema, donde se tabula todo, desde cumpleaños hasta festividades religiosas, pasando por fiestas de la luna llena (en relación con esa fiesta se ha estudiado a mujeres chinoestadounidenses mayores). La mayoría de los resultados son “positivos”, demuestran aumento y descenso antes y después del acontecimiento simbólico.

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5 descubrimientos médicos un poco raros

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1. El placebo caro es más efectivo que el placebos barato. Todos sabéis que el efecto placebo sucede cuando tomamos una simple píldora de azúcar (por ejemplo) creyendo que es una medicina de verdad, y nuestros síntomas mejoran como si hubiésemos tomado la medicina de verdad (es uno de los trucos en los que se basa la supuesta eficacia de la homeopatía, por ejemplo).

Sin embargo, el efecto placebo puede ser más o menos poderoso dependiendo de una serie de factores. Por ejemplo, si la pastilla es grande, es más efectiva (aunque igualmente la pastilla no contenga nada). De igual forma, si tomamos un placebo más caro que otro, también tendrá mejores resultados, tal y como publicaron en 2008 Rebecca Waber y Dan Ariely.

Es decir, que las acciones de marketing, tales como los precios, pueden alterar la eficacia real de los productos a los que se aplican.

2. También puedes contrar una enfermedad de transmisión sexual con una muñeca hinchable. Las muñecas hinchables se intentaron desarrollar por primera vez por orden de Adolf Hitler. El führer tuvo la genial idea de encargar a un grupo de médicos que construyera una muñeca inflable para que sus tropas pudieran liberar las tensiones sexuales acumuladas durante la guerra, lejos de sus esposas y novias en lo que se hizo llamar proyecto Model Borghild. La idea era que cada soldado cargara con una muñeca en su mochila junto con el resto de los objetos vitales para supervivencia. Pero el proyecto se vio frustrado cuando el bombardeo aliado en Dresde destruyó la fábrica que había recibido el encargo de desarrollar el juguete erótico.

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Si no bebes alcohol también te puedes emborrachar: basta con que te imagines que lo bebes

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A veces basta con pensar que uno está tomando alcohol o cualquier otra droga para sentirse invadido por los efectos de esa sustancia.

Una broma que se ha propagado en muchas universidades, por ejemplo, consiste en dar a fumar una planta semejante a la marihuana que en realidad no es marihuana. La víctima empieza a decir tonterías y a asegurar que se está “colocando”, hasta que finalmente se le revela que ha estado fumando algo sin efectos psicoactivos. Lo cual demuestra, también, el poder del placebo.

El investigador Richard Wiseman realizó un experimento más exhaustivo con el alcohol, también con estudiantes universitarios. Los participantes debían pasar una noche en un bar, con sus amigos. El alcohol era totalmente gratis (hecho que propició que muchos estudiantes aceptaran someterse al estudio).

Antes de que empezara la fiesta, sin embargo, los participantes tuvieron que superar una serie de pruebas:

Cada estudiante recibió una lista de números y tenía que recordar todos los posibles, caminar por una línea marcada en el suelo, y pasar por una prueba de tiempo de reacción que consistía en sostener una regla entre el pulgar y el índice, para después soltarla y cogerla en cuanto la viera moverse.

A continuación, dividieron el grupo en dos: los rojos y los azules (todos recibieron una chapita correspondiente a su color. La fiesta empezó y, a medida que la gente iba a la barra a pedir más bebidas, hablaban más alto, estaban más alegres y coqueteaban más entre ellos. Al intentar superar las pruebas del principio de la noche, la mayoría lo hizo muchísimo peor.

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Cómo el médico puede enfermarnos o curarnos sólo con su actitud

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placebo.jpgUna de las razones por las cuales se recurre a rigurosos ensayos clínicos para certificar la efectividad de un fármaco es que, en el proceso de la curación, intervienen muchos elementos que pueden desvirtuar el resultado. Por ejemplo, el efecto placebo: si el paciente tiene confianza en el fármaco, porcentualmente se curará más fácilmente.

También importa el color del fármaco, el tamaño, la marca, el precio que pagamos por ello… Por otro lado están las regresiones espontáneas de la enfermedad (nos curamos sin saber la razón, sin intervención médica).

E incluso el trato que nos dispense el médico puede ser importante en el resultado de una tratamiento. Y ni siquiera hace falta que el médico nos diga algo: basta con sus gestos, el énfasis en cómo nos comunica las cosas, los movimientos de cejas, las risas nerviosas, etc.

Esto lo expuso R. H. Gracely por allá 1985 en un artículo publicado en The Lancet. El experimento es ingenioso, aunque un poco difícil de entender si no se lee con atención.

Se cogió a un grupo de pacientes a los que se le iba a extraer una muela del juicio y se dividió aleatoriamente en tres grupos. El primer grupo recibió agua salina (un placebo). El segundo grupo recibió fentanilo (un analgésico opiáceo muy eficaz). El tercer grupo recibió naloxona, un fármaco bloqueador de los receptores opioides, es decir, que incrementaba el dolor.

Lo lógico sería pensar que el primer grupo notaría dolor. El segundo grupo no notaría casi dolor. Y el tercer grupo se retorcería aullando de dolor.

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Homeopatía: ¿una sola molécula entre la distancia de la Tierra al Sol?

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tierra-y-sol.jpgHay muchas y variadas razones para desautorizar a la homeopatía. Falta de ensayos clínicos, placebo, propiedades que violan los principios de la física, etc. Pero en el genial libro de Ben Goldacre, Mala ciencia, he encontrado la que quizás sea la más gráfica.

Para eso tenéis que imaginaros la gigantesca distancia que hay entre la Tierra y el Sol. ¿La tenéis en mente? Nada de un viaje de 10 horas en coche por la autopista. Ni tampoco un vuelo transoceánico de otras 10 horas. Estamos hablando de una distancia mucho mayor: 150 millones de kilómetros, posiblemente una distancia que poca gente cubrirá en toda su vida. Bien, mantened esa imagen ahí.

Ahora vayamos a la definición de homeopatía según el sitio web de la Sociedad de Homeópatas, la mayor organización de éstos en el Reino Unido. En esa definición se indica “30C contiene menos de una parte por millón de la sustancia original”.

Recordemos: la homeopatía define la potencia de sus remedios de acuerdo al número de diluciones: cuanto más diluidos estén, más potentes las considera. Esta dilución debe realizarse de una forma concreta, empezando por verter una gota del extracto original en 99 gotas de agua. De este manera se crea una dilución 1C (una parte de extracto por 100) que hay que agitar enérgicamente (sucuciones) y así se debe proseguir añadiendo una gota de esa dilución 1C a otras 99 gotas de agua para crear una dilución 2C. Esta dilución 2C tiene por tanto una parte de extracto y 9999 de agua.

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Placebo extremo: si tienes ganas de vomitar, tómate algo para tener más ganas de vomitar

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nauseas.jpgEl efecto placebo es ciertamente poderoso. Es capaz de hacernos mejorar los síntomas de una enfermedad, e incluso es capaz de curarnos, cuando en realidad no estamos tomando ninguna medicina sino simple agua con azúcar (por ejemplo).

Todavía hay muchas sombras sobre cómo funciona el efecto placebo, y cómo es posible que nuestra mente, si confía en determinado remedio, es capaz de mejorar nuestro estado de salud. Lo único seguro es que funciona, y que funciona de una manera espectacular: por esa razón los ensayos clínicos sobre nuevas medicinas son tan complicados, para certificar si realmente ha sido la nueva medicina la responsable de la mejoría de la enfermedad o ha sido la propia confianza del paciente en la nueva medicina.

Ésta también es la razón de que debamos desconfiar de un paciente o un grupo de pacientes cuando afirma que “a él le ha funcionado determinado remedio”. La única forma de saber si realmente funciona un remedio es, a grandes rasgos, coger un grupo amplio de personas, dividirlo en dos y hacer que un grupo tome la medicina que queremos probar y el otro, simple agua o una cápsula de azúcar. Los pacientes no deben saber si toman medicina real o de mentira, y los médicos tampoco. Por eso a esta prueba se la llama doble ciego.

Si el grupo que toma la medicina de verdad presenta un tanto por ciento de curación significativamente mayor que el grupo que no toma la medicina, entonces el ensayo clínico ha sido un éxito. Si no es así, comercializar esta medicina sería un fraude (algo que sucede, por ejemplo, con la homeopatía, que no ha superado ningún ensayo clínico riguroso).

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Pensamiento positivo: el poder de la mente en el cuerpo

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El mundo puede dividirse entre optimistas y pesimistas, entre los que ven la botella medio llena o medio vacía. Sin embargo, ser optimista o pesimista podría tener implicaciones que van más allá de un estado de ánimo.

Según una investigación de la Universidad de Texas, un gen relacionado con la serotonina, la llamada hormona del humor y el buen rollo, podría provocar un tamaño mayor de la región del tálamo cerebral denominada pulvinar. Lo que inclinaría a estas personas a ser pesimistas.

Y sí, ser pesimista puede tener cierto aire cool. Muchos pintores, escritores y cineastas se han caracterizado (y posiblemente hayan cimentado su éxito) en su pesimismo declarado, casi nihilista.

Sin embargo, una actitud optimista ejerce toda clase de beneficios en el cuerpo humano y, por extensión, en la vida diaria. Por de pronto, el pesimista presenta un debilitamiento de los sistemas inmunitario, endocrino y nervioso, según estudios de la Universidad de Wisconsin.

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¿El dolor de cabeza se quita con analgésicos o se quita solo?

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Un placebo es una terapia que no tiene eficacia médica, pero que puede producir efectos curativos o paliativos si una persona cree que en realidad está tomando una medicina. Así pues, ¿podemos decir que los analgésicos son placebo? ¿Un dolor de cabeza desaparece realmente porque hemos tomado una aspirina o habría desaparecido de la misma forma sin haber tomado nada?

Una muy reciente investigación con Tomografías por Emisión de Positrones (PET) constataba que el sólo hecho de pensar en un fármaco alivia el dolor mediante la liberación de dopamina en el núcleo accumbens, un área del cerebro relacionada con la habilidad de experimentar sensaciones de placer y recompensa e, incluso, con la adicción a las sensaciones causadas por ciertas drogas.

¿Es lo que ocurre con los analgésicos? Pues sí y no.

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