En el año 2005, la policía tuvo que recurrir a Pitágoras para determinar la pena de un vendedor de drogas. Para entender esta estrategia, primero debemos pensar un poco en cómo podemos calcular las distancias en una ciudad.
La distancia más corta entre dos puntos es la línea recta, pero ¿cómo podemos aplicar ese axioma en un sitio lleno de obstáculos con forma de edificios, estatuas o plazas. Bien, con las plazas es sencillo: basta con cruzarlas en diagonal (si no hay una estatua o fuente en el centro, claro).
Pero ¿cómo hacerlo ante una manzana de edificios o casas? Si no somos superhéroes, estamos obligados a rodear la manzana por sus lados. Es decir, que en estos casos, la distancia real a recorrer es el mínimo de las longitudes de todas las trayectorias transitables que unan ambos lugares.

Pitágoras, nacido alrededor del año 560 a. C, en la isla de Samos, sobre todo recordado por su teorema sobre los tres lados de un triángulo, abrigó ideas ciertamente extrañas. Bien, en realidad abrigó dos clases de ideas extrañas: las que eran extrañas para la época por su espectacular avance y las que eran netamente disparatadas, tanto antes como ahora.
Existe un ritual que todos repetimos cada mañana antes de salir de casa. Comprobamos que llevamos nuestras llaves, el móvil, la cartera y algo que nunca podemos olvidar, sobre todo si vives en una gran ciudad y estás condenado a someterte a largos trayectos en metro o autobús: tu mp3 (mp4, ipod o iphone si eres de los que se apuntan a lo último en tecnología). Este tipo de aparatos se han convertido en algo indispensable para nosotros y en ellos cargamos nuestras canciones preferidas, las que queremos que nos acompañen en ciertos momentos del día.
El propio Pitágoras, que vivió en el siglo VI a.C, fundó una escuela de filósofos, conocidos como los pitagóricos (un nombre un tanto endogámico, pero bueno).