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Phil Plait

Cómo combatir las pseudociencias y la fe irracional. ¿Debemos ser guerreros o diplomáticos? (y III)

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Pero, en fin, todos tenemos debilidades. Al igual que es natural que nos dejemos llevar por la fe irracional, también es natural que nos enojemos o nos sintamos profundamente frustrados al encontrarnos frente a una persona que no piensa lúcidamente, repitiendo los mismos lugares comunes de todos los que se dejan guiar por las pseudociencias. Y además resulta de todo punto desesperanzador tratar de convencer de que no piensa lúcidamente a alguien que no piensa lúcidamente.

Así que acabamos tratándole como una criatura inferior, disminuida psíquica e intelectualmente. Y aquí acaba la diplomacia para transformarse en agresión: tal vez sea una persona inferior intelectualmente, pero ¿qué queremos conseguir exactamente menospreciando sus creencias? ¿Aumentar nuestro ego? ¿Disminuir el suyo? ¿Ganar una discusión? ¿Desahogarnos?

Lo sé porque yo también lo hago, incluso recuerdo algún que otro artículo en Genciencia en que se me ha calentado la tecla. Pido disculpas por él. Pero al igual que la fe irracional nace del miedo y del escaso adiestramiento en los procelosos caminos del escepticismo, el rechazo que manifesté entonces hacia la fe irracional nació en mí por la frustración y el rechazo hacia una serie de prácticas que prosperan en el mundo y que funcionan como estafas (en el mejor de los casos) o como fuentes de sufrimiento o lastres del progreso (en el peor).

Pero convencer a alguien de que está equivocado poco tiene que ver con ganar una discusión.

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Cómo combatir las pseudociencias y la fe irracional. ¿Debemos ser guerreros o diplomáticos? (II)

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La fe racional consiste en calificar como altamente probable la información que uno recibe. Por ejemplo, tengo una fe racional en que, al encender mi televisión, ésta no explotará, matándome en el acto.

Lo creo, tengo fe en ello, porque puedo leer cómo funciona exactamente un televisor, porque apenas hay casos sobre explosiones de electrodomésticos, y porque puedo acudir a fuentes abrumadoras de datos reportadas por científicos de talla. Por científicos de talla me refiero a los que recolectan y analizan datos, construyen modelos teóricos, interpretan los resultados y publican artículos para revistas profesionales; artículos revisados por otros expertos que, con frecuencia, incluyen a sus rivales.

Es decir, que no me refiero a muchos periodistas, invitados a tertulias mediáticas y polemizadotes de paneles de expertos que también se dedican a pronunciarse sobre todo tipo de asuntos. Me refiero a fuentes cualificadas. Tengo fe en ellas, sí, pero una fe racional, lógica, reflexiva y, sobre todo, flexible y deseosa de avanzar o retroceder.

La fe irracional, sin embargo, se nutre de fuentes menos confiables (o incluso de escasas fuentes, como libros antiguos o sagrados), y peor aún: de las experiencias concretas de uno mismo o de la gente que le rodea. Es decir: como yo nunca me he muerto al comer matarratas y ninguno de mis amigos lo ha hecho, doy por sentado que el matarratas no es malo para la salud. Y en ese punto me quedo. El resto de mi vida. Como mucho escucharé lo que tiene que decir Belén Esteban al respecto (perdón por el sarcasmo).

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Cómo combatir las pseudociencias y la fe irracional. ¿Debemos ser guerreros o diplomáticos? (I)

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Las pseudociencias, en esencia, son ciencias que se consideran como tal sin pasar los suficientes controles de calidad: sus pruebas son escasas o deficitarias y no se contrastan lo suficiente, se basan mayormente en testimonios y fundan su eficacia en el simple hecho de que parecen funcionar en un número elevado de personas (o un número elevado de personas creen en su funcionamiento).

Un ejemplo paradigmático podría ser la acupuntura.

No existen demasiadas pruebas sobre su eficacia, y las más importantes han resultado ser placebo (para constatar que funciona realmente un medicamento, por ejemplo, se deben superar pruebas de doble ciego: ni el paciente ni el médico deben saber si están usando el medicamento, así no hay peligro de sugestión; algo que no ha sucedido de manera clara con la acupuntura). Tienen muchos testimonios favorables (e incluso el apoyo de algunas universidades y médicos). Parece funcionar en un número elevado de personas. Y, por último, no acostumbra a avanzar demasiado ni a manifestar errores que deben ser enmendados con nuevos hallazgos.

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