Esencialmente hay dos formas de viajar. Haciendo turismo al tuntún: coges un vuelo, te plantas en una capital y te pones a recorrer los sitios típicos que figuran en la guía de viajes. O mucho más interesante: empapándote, antes del viaje, de la historia, la geografía o la ciencia del lugar donde vas a ir.
Entonces, las cosas más mundanas se convierten en cosas épicas (épica de lo cotidiano, lo llamo yo). No todo se basa en contemplar las pirámides y la Torre Eiffel o cualquier otro icono que llama la atención porque es gigantesco, sino en aprender a mirar cosas diminutas o rincones que pasan desapercibidos.
Por ejemplo, imaginad que viajáis a Escocia.

Os explicaba que el acero que se encuentra en las profundidades de Scapa Flow no tiene restos radiactivos porque fue forjado antes de 1945. Esto es debido a que en la fabricación del acero se emplea una enorme cantidad de aire que transfiere su radiactividad al acero.
En la actualidad, Scapa Flow es un cementerio sumergido. Una ciudad de acero en la que podría saliros al paso Neptuno o la sirenita del cuento de Hans Christian Andersen. Un mundo submarino en ruinas que está siendo devorado por la naturaleza mientras se convierte en un gran coral artificial.
¿Qué tiene que ver un contingente de barcos hundido durante la Primera Guerra Mundial con la exploración del espacio? ¿Por qué es tan importante el acero de aquella época y se invierte tantos recursos en recuperarlo si es más fácil obtenerlo por otras vías? ¿Qué extraño lugar es Scapa Flow?