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Olores asquerosos que solo tú puedes oler

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Hay olores que son asquerosos. Probablemente, el más asqueroso sea el que genera el mercaptano: un compuesto sulfurado que genera la materia en descomposición (Este hecho tiene aplicaciones prácticas, como por ejemplo que el Departamento de Defensa de Estados Unidos ha intentado reproducir este olor para fabricar una bomba fétida más eficaz). También hay personas que desprenden un olor asqueroso. Lo que peor lo llevan son los que sufren bromhidrosis, una patología que puede surgir por algún trastorno metabólico o algún fármaco, entre otros, y que produce que el paciente desprenda un tufo corporal desagradable y penetrante a pesar del uso de desodorantes y perfumes.

Pero también hay olores asquerosos que solo existen en nuestra mente. Olores que, por muy desagradables que nos parezcan, solo captaremos nosotros y nadie más. Como quien está sufriendo una visión.

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Un puñado de cosas muy raras que no sabías sobre tu nariz

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  • Desde tiempos inmemoriables se han apreciado las narices bonitas. Tanto es así que ya los médicos egipcios hacían intervenciones en la nariz, descritas en papiros que datan de alrededor del año 3000 a.C. Para el año 600 a.C., el cirujano indio Sushruta había perfeccionado una técnica que llegó a ser muy necesaria en aquella época, ya que algunos grupos de salvajes bandidos tenían la costumbre de cortar la nariz a sus víctimas.
  • Cada 20 minutos, la nariz segrega un líquido pegajoso que la mantiene húmeda y limpia. Los cilios, una especie de escobillas microscópicas, mueven el moco a una velocidad media de 6 milímetros por minuto.
  • Durante el siglo XIX y principios del XX, se creía que una nariz abultada era señal de obsesión sexual y que delataba el hábito de la masturbación. Incluso antes de Freud se pensaba que la nariz representaba los genitales masculinos o femeninos. Y algo hay de cierto: la nariz, como ocurre como el pene y el clítoris, aumenta un poco su tamaño con la excitación sexual.
  • Al mentir, se liberan unas sustancias químicas llamadas catecolaminas, que provocan la inflamación de los tejidos internos de la nariz. Es lo que han certificado los científicos de la Fundación para el Tratamiento y la Investigación del Gusto y el Tacto de Chicago. Es el llamado efecto Pinocho: aumenta la presión sanguínea y, en consecuencia, se inflama la nariz. Por ello, los que están mintiendo suelen frotarse la nariz, pues intentan calmar el picor (como bien se analizó en los videos en los que el presidente de Estados Unidos Bill Clinton afirmaba que no había mantenido relaciones con Monica Lewinsky).
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    Síndrome de Kallmann: mal olfato y pene pequeño

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    ¿Puede haber alguna relación entre el mal olfato y un pene de dimensiones por debajo de la media?

    Para responder a esta pregunta habría que remontarse a 1856, cuando Aureliano Maestre de San Juan, un médico español, realizó la autopsia a un hombre de 40 años que no tenía sentido del olfato (carecía de bulbos olfatorios) y presentaba un pene y unos testículos diminutos.

    Años después, en 1944, el psicólogo Franz Kallmann describió el síndrome de gónadas pequeñas y ausencia de olfato como un trastorno genético raro.

    Tras arduas investigaciones se ha hallado uno de los tres genes que intervienen en este síndrome: el llamado KAL-1. Este gen se activa aproximadamente 5 semanas después de la concepción, pero no en la nariz ni en las gónadas, sino en la parte del cerebro embrionario que se convertirá en el bulbo olfatorio.

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    El olfato perruno de un chico llamado Stephen

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    Stephen era un estudiante de medicina de 22 años que había consumido demasiadas drogas (cocaína, PCP, anfetaminas) que, una vez más, confirmó la máxima de que la realidad supera a la ficción.

    En este caso, la realidad superó a la ficción del protagonista de la novela (y luego película) El perfume, de Patrick Süskind. Lo que yo empecé a sentir después de la lectura de aquella novela fue una mayor intensidad en los olores cotidianos, sobre todo de los olores que desprendían individualmente las personas que se cruzaban conmigo.

    En el caso de Stephen, aquella sensación se multiplicó por mil, y no precisamente por la lectura de El Perfume, sino por la ingesta de anfetaminas.

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    Ese apéndice sobrenatural que es nuestra nariz (II)

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    Al igual que ocurre con los sistemas visual y auditivo, una gran parte de la información recibida es procesada antes de que la corteza correspondiente tenga noticia de ella.

    El sistema olfativo es único, pues está en contacto directo con el medio externo. No existen células receptoras especializadas en la nariz que puedan equipararse a los conos y bastones de la retina o al sistema membranoso óseo de transmisión del oído. En lugar de eso, el cuerpo celular de lo que se conoce como la neurona principal se encuentra en el interior del órgano receptor. Cada una de estas neuronas, conduce al bulbo olfatorio mediante su axón correspondiente.

    Aunque sabemos bastante bien cómo funcionan el ojo o lo oído, no sabemos tan bien cómo funciona la nariz, cuyo funcionamiento se basa en una serie de conjeturas. Huelen las moléculas como lo hacen debido a su estructura molecular, o a su vibración, o a su efecto sobre los receptores del olfato (tal vez punzándolos).

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    Recordamos a través de los olores

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    La cultura popular, tan machacona ella, nos ha hecho creer a menudo que los sabores son como el hilo de Ariadna que nos lleva a recuerdos de una forma que ningún otro sentido es capaz. Ahí tenemos el famoso inicio de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, cuya trama es desencadenada a través del sabor de una magdalena que le recuerda a las magdalenas que comía de pequeño.

    Pero la ciencia ha demostrado que las magdalenas proustianas nada tienen que hacer con un buen olor a la hora de recordar hechos y sentimientos asociados.

    Las células gustativas son mediocres y cuando mueren no se renuevan con facilidad. Sin embargo, las células olfativas son mucho más interesantes. Se describen así en el libro Por qué somos como somos de Eduardo Punset:

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