El propio Pitágoras, que vivió en el siglo VI a.C, fundó una escuela de filósofos, conocidos como los pitagóricos (un nombre un tanto endogámico, pero bueno).
Los pertenecientes a esta escuela, la pitagórica, consideraban que el orden cósmico estaba basado en relaciones numéricas, y atribuían significado místico a algunos números concretos. En esta organización griega militaban astrónomos, músicos, matemáticos y filósofos,
Por ejemplo, profesaban especial veneración a los números “perfectos”, tales como el 6 y el 28, que son iguales a la suma de sus divisores (por ejemplo, 6=1+2+3).
El número 10 era merecedor del máximo respeto. Lo llamaban el tetrakto divino, porque era la suma de los primeros cuatro enteros. De hecho, la representación triangular del 10 se interpretaba como un símbolo sagrado sobre el que se juramentaba en las ceremonias de iniciación.
