¿A qué huelen las nubes?, que decían en un psicotrópico y ñoño, casi dadaísta, anuncio de compresas de la tele. Me hubiese gustado ser capaz de salir volando como Peter Pan para comprobarlo. Sin embargo, tampoco es imprescindible volar para caminar sobre las nubes. Existe un lugar en la superficie de la tierra en la que podréis pisar nubes. Bueno, estoy mintiendo. No son exactamente nubes sino un esponjoso algodón que se parece mucho a una nube. Un terreno conformado de lo que parece espuma petrificada.
Se llama Pamukkale, también conocido como el castillo de algodón, y está ubicado en la provincia de Denizli, Turquía, en un valle formado por el río Menderes. Aunque parece un paisaje celestial, en realidad se trata de una fabulosa formación calcárea de 200 metros de altura y 2,5 kilómetros de longitud. La materia prima de esta suerte de porexpán natural está flotando en el agua que mana de las fuentes termales del lugar, rica en creta, calcios y bicarbonatos (de cada 250 litros, se sedimentan 500 gramos de mineral de creta que van incrementando el tamaño, día a día, de este escenario que parece haber sido teletransportado desde el Polo Norte).



Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha ambicionado llegar hasta este reino de las alturas, más allá de las nubes. Tal vez los intentos más memorables y dificultosos, dejando a un lado a los hermanos Wright, sean las ascensiones en globo que se llevaban a cabo para analizar la atmósfera en sus diferentes estratos.
El ser humano podría ser más responsable de lo que cree en el hecho aparentemente natural de que un día amanezca nublado… o que con frecuencia, después de una semana soleada, el fin de semana esté todo encapotado.
Realmente los nombres de las particularidades orográficas de este reino volátil tienen connotaciones mágicas, y yo al menos no puedo dejar de imaginarme aquí el vuelo entre las nubes de Bastian a lomos del dragón blanco Fuyur en La historia interminable.
Justo en el punto opuesto están las típicas nubes de tormenta, la nube 9, el cumulonimbo, que se encuentran en la parte más baja de la escala porque es capaz de abarcar todo el espacio vertical posible, desde unos cuantos metros de altura hasta el límite con la estratosfera (15.000 metros). Tal vez de ahí provenga, por cierto, la expresión inglesa de estar en el séptimo cielo, que se traduce como cloud nine (nube 9).
De pequeño me gustaba mirar las nubes. El aspecto de una nube depende de diversos factores, entre los que se encuentran la distribución de los cristales de hielo o las gotitas de agua que las forman o la temperatura y la fuerza del viento. 