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		<title>Magazine - neurotransmisores</title>
		<link>http://www.xatakaciencia.com</link>
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Xatakaciencia es un weblog colectivo dedicado a la divulgación científica, la ecología y el cambio climático		</description>
		<pubDate>2012-02-14 03:44:11</pubDate>

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      <title><![CDATA[El chocolate se acabará en 20 años]]></title>
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      <pubDate>Thu, 11 Nov 2010 02:08:06 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2010/11/500x_chocoporn.jpg" alt="" />Pues eso, que el chollo se acaba señores. Una nueva droga legal podría desaparecer de nuestro entorno en sólo 20 años. <strong>El chocolate</strong>. El sustituto del amor. El placer pecaminoso. El llamado <strong>prozac vegetal</strong>. </p>

	<p>El problema es que cada año que pasa consumimos más cacao del que se produce, y la tendencia es que más tarde o más temprano terminará acabándose. ¿La razón? <strong>Su cultivo no sale tan rentable</strong> como plantar otros productos o dedicarse a oficios más estables en el sector servicios. De esta forma, los pequeños productores al Oeste de África cada vez están plantando menos cacao.</p>

	<p>Las estimaciones dicen que en 20 años será tan raro y caro como el caviar y que muy poca gente podrá permitírselo. Por otro lado las compañías Hershey y Mars ya están trabajando con el genoma del cacao <strong>para crear plantaciones más resistentes y productivas</strong>. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Algo que esperamos que funcione, porque, como se podía leer en una de las aventuras de <strong>Charlie Brown</strong>: &#8220;<em>una buena manera de olvidar una historia de amor es comerse un buen pudin de chocolate.</em>&#8220;</p>

	<p>La <strong>feniletilamina</strong>, neurotransmisor liberado por el chocolate, induce la secreción de dopamina, otro neurotransmisor responsable de la capacidad de desear algo y de repetir un comportamiento que provoca placer. También induce a la producción de norepinefrina y oxitocina, mensajeros químicos del deseo sexual. También contiene anandamida, otro neurotransmisor que activa la secreción de dopamina y produce efectos de euforia similares a los de la marihuana.</p>

	<p>Vía | <a href="http://www.gizmodo.es/2010/11/10/el-chocolate-se-acabara-en-20-anos.html">Gizmodo</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[A vueltas con San Valentín: algunos fundamentos biológicos sobre el enamoramiento]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/genetica/a-vueltas-con-san-valentin-algunos-fundamentos-biologicos-sobre-el-enamoramiento</link>
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      <pubDate>Tue, 16 Feb 2010 20:18:57 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2010/02/cupido2.jpg" alt="" />Tras la resaca de San Valentín, las flechas de Cupido y los regalos de los grandes almacenes (a todos nos gustan los regalos, sobre todo a los grandes almacenes), vale la pena puntualizar algunas cosas sobre el amor desde un punto de vista biológico. Me perdonarán los poetas.</p>

	<p>Se dice que el amor es una droga. O que el chocolate es el sustituto del amor. Estas creencias populares tienen mayor base científica de lo que pensamos. En efecto, <strong>el enamoramiento</strong> (que no el amor) <strong>puede ser adictivo como una droga</strong>; y el chocolate es bueno para el paladar, pero también puede picar los dientes. </p>

	<p>El amor una suma de complejas interacciones biológicas y culturales, una mezcolanza indisociable de compañía, compromiso, consideración, comunicación, consenso en valores, aficiones compartidas, reciprocidad y otras. También deseo y emoción, por supuesto. </p>

	<p>Sin embargo, no debe confundirse amor con enamoramiento, o flechazo. El enamoramiento es <strong>una coctelera neuroquímica que, aunque placentera, puede llegar a a picar los dientes, o a nublar nuestro juicio, o incluso a hundir un matrimonio</strong>.</p>

	<p><!--more--> </p>

	<p>Las tormentas hormonales de <strong>dopamina</strong> (un estimulante asociado con las adicciones), <strong>norepinefrina</strong> (pariente de la adrenalina) y <strong>serotonina</strong> (desencadenante de pensamientos obsesivos) son intensas, perturbadoras, adictivas, incluso suelen confundirse con lo que uno debería sentir necesariamente para considerar que debe estar con otra persona. </p>

	<p>Pero como todo chute placentero, también es efímero, tiene fecha de caducidad. Y por ello, también hay gente que, al dejar de sentirlo, consideran que la relación ya no vale la pena. También hay gente que es incapaz de experimentarlo. Y también hay biólogos que consideran que las cosas irían en general mucho mejor si no existiera: por ello no dudan en apostar por medicamentos capaces de refrenar el enamoramiento. Porcentualmente, <strong>los matrimonios por conveniencia tienen más éxito que los matrimonios que surgen del enamoramiento</strong>. Como si los enamorados fueran alcohólicos: son adictos y no tienen el juicio equilibrado.</p>

	<p>El reputado etólogo <strong>Desmond Morris</strong> va más allá al sostener que el enamoramiento exclusivo hacia otra persona es insostenible con la evolución humana, dado que los lazos afectivos fuertes nacen evolutivamente para criar a los hijos; luego ya son innecesarios y, por tanto, se impone la búsqueda de otra pareja sexual. Y añade:</p>

<blockquote>La estrategia principal del macho y de la hembra es la de dedicar una parte relevante de su tiempo y de sus energías a criar los hijos nacidos en la pareja. Pero existe una estrategia menor, que remonta a un pasado antiguo, que consiste en estar en condiciones, cuando tenga la oportunidad, de lanzarse a una aventura sexual, siempre que no se perjudique su estrategia principal. Hasta en un matrimonio feliz cualquier miembro de la pareja puede transgredir en nombre de este instinto primario de reproducción.</blockquote>

	<p>Así pues, al igual que existen en la actualidad dietas hipocalóricas para orientar nuestra alimentación y ajustar nuestros niveles de salud, ¿sería concebible también crear “dietas” del amor en las que uno aprenda a enamorarse de manera juiciosa o directamente a <strong>no enamorarse a fin de llevar una vida más saludable y unas relaciones interpersonales más sanas</strong>? </p>

	<p>Difícil se vislumbra una solución así en un mundo donde siguen triunfando películas Disney y donde frases como la que sigue sólo pueden ser pronunciadas en novelas de ciencia ficción <em>hard</em>:</p>

<blockquote>El amor es una mascota. Hecha con el <span class="caps">ADN</span> de tu ser querido.</blockquote>

	<p>Por cierto, el autor es <strong>Greg Egan</strong>. La novela, <em>El instante Aleph</em>.</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Tira los dados dodecaedros de tu personalidad: el neuroperfil (y II)]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/psicologia/tira-los-dados-dodecaedros-de-tu-personalidad-el-neuroperfil-y-ii</link>
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      <pubDate>Fri, 20 Nov 2009 01:51:15 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2009/11/mbintroz_0129.jpg" alt="" />Como decía en <a href="http://www.xatakaciencia.com/psicologia/tira-los-dados-dodecaedros-de-tu-personalidad-el-neuroperfil-i">la anterior parte de este post</a>, nuestros niveles de serotonina se determinan por una mezcla de genética y cultura.</p>

	<p>Cierto es que medir a una persona por ejes neuroquímicos o por puntuaciones de personaje de rol <strong>es una simplificación</strong>. Pero mayor es la simplificación al catalogar a una persona mediante su puntuación en un test del <strong>Cociente de Inteligencia</strong> o en uno de esos temidos <strong>SAT</strong> (<em>Scholastic Aptitude Test</em>) de acceso a la universidad. </p>

	<p>Un mapa químico del cerebro de una persona, aunque una burda simplificación, siempre ofrecerá más información sobre la personalidad de ese individuo. Y el neuroperfil no tendrá un carácter excluyente: <strong>podría integrarse a las demás formas de entender la personalidad</strong>. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p><strong>Steven Johnso</strong>n lo explica así:</p>

<blockquote>Es perfectamente posible que llegue el día en el que podamos identificar a nuestros buenos amigos en función de una breve descripción de sus niveles medios de neurotransmisores (“¿Serotonina alta, dopamina baja, estrógeno medio? ¡Seguro que es Carla!). ¿Describirá esto plenamente a la persona, captará su esencia? Por supuesto que no. Pero sí puede ser más revelador que describir a alguien como varón de metro ochenta y ocho centímetros, setenta kilos de peso, y el mayor de los hermanos.</blockquote>

	<p>Uno <strong>neuroperfil</strong> podría parecernos similar a un perfil genético. Pero es mucho mejor que éste. Nuestro perfil genético viene de serie, es el que es. Sin embargo, el neuroperfil es sensible al impacto de las vivencias y de la cultura, y por tanto resulta más preciso sobre lo que es la persona <em>ahora</em> y no de lo que potencialmente <em>pudo haber sido</em>. </p>

	<p>E imaginad el impacto que tendría el análisis de neuroperfiles en grandes poblaciones o en países enteros para comprender mejor su historia geopolítica:</p>

<blockquote>No creo que pase mucho tiempo sin que veamos gráficos de la evolución de los niveles medios de cortisol, y de otras drogas endógenas principales, de poblaciones nacionales a lo largo del tiempo. Estos gráficos serán como la macroversión de las primeras imágenes que vi de mis niveles de adrenalina, donde cada pico representaba un chiste que había contado. Veremos subidas de cortisol después de atentados terroristas y de recesiones económicas, y picos de serotonina durante las fases alcistas de la bolsa. Los acontecimientos internacionales no modificarán el <span class="caps">ADN</span> durante estos períodos, al menos a velocidades registrables en una escala de diez o veinte años. Pero estos acontecimientos tendrán un claro efecto en la química cerebral, que opera tanto en la escala de segundos como de décadas.</blockquote>

	<p>¿Os imagináis un libro de Historia narrado <strong>bajo el prisma de las sustancias químicas endógenas del cerebro humano</strong>? ¿Y un drama como <em>Hamlet</em>? ¿Y que el <span class="caps">PIB</span> de las naciones tuvieran en cuenta estos valores para establecerse? ¿Y que el próximo barrio donde fuéramos a mudarnos también ofreciera información sobre neuroquímica de sus habitantes además de la frecuencia con la que se pasa a recoger la basura o si hay suficiente oferta de colegios públicos?</p>

	<p>Vía | <em>La mente de par en par</em> de Steven Johnson</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Nuestro cerebro está siempre drogado: ¿cómo sacarle partido? (y II)]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/biologia/nuestro-cerebro-esta-siempre-drogado-como-sacarle-partido-y-ii</link>
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      <pubDate>Tue, 10 Nov 2009 22:07:34 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2009/11/spilled20drugs.jpg" alt="" />La mejor forma de comprender <strong>cómo mejoraría nuestra vida al conocer y hasta anticipar la secreción de sustancias químicas específicas en nuestro cerebro</strong> es mediante el siguiente ejemplo.</p>

	<p>Imaginad que decidimos tomar un secante de <span class="caps">LSD</span> y, poco después, notamos la esperable confusión sensorial, colores derramándose, ataques de lucidez y de miedo, etc.</p>

	<p>Imaginad que, otro día, esa misma dosis de ácido es ingerida por vuestro cuerpo sin que tengáis conocimiento de ello. Por ejemplo, alguien la ha diluido inadvertidamente en vuestra bebida. Y de repente, sin motivo aparente, vuestro mundo se transforma en un carrusel de alucinaciones, tal y como le sucedió a <strong>Albert Hoffman</strong> cuando sintetizó sin saberlo el <span class="caps">LSD</span>, convirtiendo su regreso a casa en bicicleta en un paseo de pesadilla.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Como nosotros no somos Hoffman, en ambas situaciones habríamos sido modificados neuroquímicamente por la misma droga, sí, pero en el segundo escenario no controlaríamos nada, ignoraríamos qué nos pasa y la razón de ello, y lo que pudiera haber sido una experiencia recreativa estimulante o iluminadora se ha convertido en una experiencia probablemente más desagradable.</p>

	<p>Habla <strong>Steven Jonson</strong> en <em>La mente de par en par</em>:</p>

<blockquote>La diferencia entre dos situaciones entre estas dos situaciones es simplemente la siguiente: la droga no cambia, pero nuestro conciencia de la droga y de sus efectos, sí. Saber que unas setas alucinógenas son capaces de transformar una alfombra oriental en un nido lleno de serpientes hace más fácil disfrutar de las serpientes y reconocer su naturaleza ilusoria. No podemos obligar a nuestro cerebro a que deje de alucinar; pero sí podemos consolarnos con el pensamiento de que la alucinación es un efecto normal de la droga que hemos tomado. Y este consuelo cambiará sin duda nuestra conducta de manera profunda: en vez de salir corriendo de nuestra casa entre gritos de “¡Serpientes!, ¡Serpientes!”, o de acudir en busca de ayuda a un centro de salud mental, nos sentaremos tranquilamente y nos reiremos. Comprender toda la gama de efectos de una droga cambia la experiencia de tomarla.</blockquote>

	<p>Lo mismo puede aplicarse a las drogas endógenas. Cuando la oxitocina provoca esa tranquilidad y ese estado casi ausente en una madre que hace poco que ha parido, por ejemplo. O cuando somos invadidos por la adrenalina al recordar un acontecimiento traumático. Imaginad, en este último caso, que, presos de la ansiedad, nos sentamos y nos decimos: <em>no pasa nada, sólo son las hormo</em>nas. La sensación no desaparecerá, claro, pero <strong>sus efectos serán mucho menos paralizadores</strong>.</p>

	<p>Tener en cuenta a nuestras drogas endógenas naturales puede contribuir también a que descubramos nuevas categorías psicológicas, como si de repente escucháramos <strong>el bajo que suena en una banda de música</strong>, que hasta entonces nos había pasado inadvertido entre todos los instrumentos musicales.</p>

	<p>Johnson pone el ejemplo de que al estar triste también se sentía torpe, sin ideas, lo cual alimentaba más su tristeza, hasta que descubrió unos estudios neuroanatómicos de Antonio Damasio que demostraban que la tristeza precisamente paralizaba la región del cerebro encargada de producir nuevas ideas y la viveza mental en general: la corteza prefrontal.</p>

	<p>Al conocer esto, Johnson se seguía sintiendo triste cuando estaba triste, pero ya había dejado de sentir que, además, perdía confianza en sus cualidades intelectuales (lo que antes agravaba su tristeza). </p>

<blockquote>En vez de preguntarme si he perdido la agilidad mental que tenía antes, simplemente espero a que pase todo. Sólo tengo indicios esporádicos de esta conclusión, pero siento que mis crisis de tristeza se han vuelto más breves con este nuevo descubrimiento, pues el ciclo de la duda ha desaparecido.</blockquote>

 
Vía | <em>La mente de par en par</em> de Steven Johnson      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Nuestro cerebro está siempre drogado: ¿cómo sacarle partido? (I)]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/biologia/nuestro-cerebro-esta-siempre-drogado-como-sacarle-partido-i</link>
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      <pubDate>Tue, 10 Nov 2009 08:53:14 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2009/11/brain-1.jpg" alt="" />La gente suele responderme irritada cuando trato de explicar que <strong>el amor es pura química agitada en la coctelera hormonal</strong>. Esto ocurre, probablemente, por mi falta de tacto, pero también porque parece que, de ese modo, le estoy arrancando la magia, el romanticismo al sentimiento amoroso.</p>

	<p>La gente medianamente cultivada puede incluso asumir que el miedo o las emociones fuertes como las que experimentamos al lanzarnos en paracaídas deben tener su propia arquitectura química y neuronal. Pero un sentimiento tan rico y platónico como el amor, el pegamento de las parejas, el lubricante de las relaciones sociales, el sentimiento en definitiva que nos define como humanos no puede proceder exclusivamente de un sustrato fisiológico.</p>

	<p>Sin embargo, precisamente porque el amor es un sentimiento tan fundamental en el ser humano necesita de un circuito subyacente para cumplir bien su cometido. Si el amor no tuviera esta base fisiológica innata y tuviera que aprenderse como se aprende mecanografía o a montar un mueble del Ikea, <strong>entonces la emoción no tendría el poder transformador que tiene</strong>.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Para apaciguar las inquietudes de los románticos que le cantan a la luna, <em>du-dua</em>, trato de exponerles el siguiente ejemplo: comprender el funcionamiento de la digestión y la razón por la que preferimos unos alimentos a otros no ha menoscabado en absoluto la entrega hedonista hacia la gastronomía. Seguimos disfrutando de un buen filete aunque sepamos en qué se va a convertir tras su paso por el sistema digestivo: <strong>un filete no deja de ser una caca unas horas antes de haber sido consumida</strong>.</p>

	<p>De la misma manera, una mayor de nuestro cerebro no debería eliminar la poesía de sentimientos tan profundos como el amor. Más al contrario: considero que puede permitirnos disfrutar de él con mayores garantías.</p>

	<p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2009/11/heart-stop.jpg" alt="" /><strong>Nuestro cerebro es como es gracias a que está continuamente drogado</strong>. Todos nos encontramos bajo el influjo de unas sustancias químicas que, molecularmente hablando, son casi indistinguibles de drogas por las que podrían arrestarnos si las consumiéramos en un lugar público. Aunque, a diferencia de las drogas exógenas (cocaína, marihuana, etc.), las drogas endógenas (serotonina, dopamina, etc.) son más fácilmente regulables en su secreción y luego en su reabsorción: nadie muere por sobredosis de endorfinas. </p>

	<p>Estas drogas son imprescindibles para el cerebro. Sin estas drogas mentales, sencillamente no tendríamos personalidad.</p>

	<p>Asumido esto, ¿en qué cambiaría nuestra vida si supiéramos reconocer e incluso anticipar la secreción de sustancias químicas específicas en nuestro cerebro?</p>

	<p>Lo sabremos en la segunda entrega de este artículo.</p>

	<p>Vía | <em>La mente de par en par</em> de Steven Johnson</p>      ]]></description>
      </item>
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