Pues eso, que el chollo se acaba señores. Una nueva droga legal podría desaparecer de nuestro entorno en sólo 20 años. El chocolate. El sustituto del amor. El placer pecaminoso. El llamado prozac vegetal.
El problema es que cada año que pasa consumimos más cacao del que se produce, y la tendencia es que más tarde o más temprano terminará acabándose. ¿La razón? Su cultivo no sale tan rentable como plantar otros productos o dedicarse a oficios más estables en el sector servicios. De esta forma, los pequeños productores al Oeste de África cada vez están plantando menos cacao.
Las estimaciones dicen que en 20 años será tan raro y caro como el caviar y que muy poca gente podrá permitírselo. Por otro lado las compañías Hershey y Mars ya están trabajando con el genoma del cacao para crear plantaciones más resistentes y productivas.

Tras la resaca de San Valentín, las flechas de Cupido y los regalos de los grandes almacenes (a todos nos gustan los regalos, sobre todo a los grandes almacenes), vale la pena puntualizar algunas cosas sobre el amor desde un punto de vista biológico. Me perdonarán los poetas.
Como decía en
La mejor forma de comprender cómo mejoraría nuestra vida al conocer y hasta anticipar la secreción de sustancias químicas específicas en nuestro cerebro es mediante el siguiente ejemplo.
La gente suele responderme irritada cuando trato de explicar que el amor es pura química agitada en la coctelera hormonal. Esto ocurre, probablemente, por mi falta de tacto, pero también porque parece que, de ese modo, le estoy arrancando la magia, el romanticismo al sentimiento amoroso.