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Tira los dados dodecaedros de tu personalidad: el neuroperfil (y II)

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Como decía en la anterior parte de este post, nuestros niveles de serotonina se determinan por una mezcla de genética y cultura.

Cierto es que medir a una persona por ejes neuroquímicos o por puntuaciones de personaje de rol es una simplificación. Pero mayor es la simplificación al catalogar a una persona mediante su puntuación en un test del Cociente de Inteligencia o en uno de esos temidos SAT (Scholastic Aptitude Test) de acceso a la universidad.

Un mapa químico del cerebro de una persona, aunque una burda simplificación, siempre ofrecerá más información sobre la personalidad de ese individuo. Y el neuroperfil no tendrá un carácter excluyente: podría integrarse a las demás formas de entender la personalidad.

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Tira los dados dodecaedros de tu personalidad: el neuroperfil (I)

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Tres son los ejes que determinan vuestra personalidad. Al menos si aceptamos como válida la teoría del psicólogo Robert Cloninger: la “teoría biosocial unificada de la personalidad”. Una teoría que se organiza en torno a tres ejes que corresponden con los tres principales neurotransmisores de nuestro cerebro: la serotonina, la dopamina y la norepinefrina.

Primero el eje de la serotonina: se relaciona con evitar el daño. Niveles altos de serotonina implican que nos sentiremos menos vulnerables a potenciales agravios, sobre todo de nuestra autoestima. Así pues, la serotonina es como un chute de ego, de confianza en uno mismo. Unos niveles bajos de serotonina, entonces, inducirán a la persona permanecer a la defensiva, a ser más conservadora, a encerrarse más en sí misma.

El eje de la dopamina regula la necesidad de buscar novedades, como expliqué en el post ¿Por qué nos gustan los giros de argumento de Perdidos? La dopamina es un juez de las expectativas que tenemos sobre las cosas. Un chasco induce un nivel bajo de dopamina. Una sorpresa agradable, un aumento.

El eje de la norepinefrina regula las recompensas. Nos hace más o menos dependientes de los estímulos placenteros.

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¿Por qué nos atraen tanto los giros de argumento de ‘Perdidos’?

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El director de cine M. Night Shyamalan ha basado parte del éxito de sus películas en esos finales sorpresa, esos giros de tuerca que todo lo cambian y enriquecen. Si os explicara el final de El bosque, de El protegido o de El sexto sentido, probablemente os estropearía la película. Pero no voy a revelar spoilers, tranquilos.

Del mismo modo, si series como Perdidos, Heroes o la reciente Flashforward gozan de tan buenas audiencias es, en gran parte, porque recurren al ejercicio del cliffhanger (dejar al espectador colgado al final de un capítulo, a la espera del siguiente) y de los giros de tuerca que todo lo redimensionan. Las telenovelas también fundan su éxito en este sistema, llegando hasta límites grotescos.

Pero ¿cuáles son las bases neurológicas que nos inducen a engancharnos a esta clase de artificios? ¿Por qué nos gusta que nos sorprendan y nos descoloquen?

Todo se debe a la dopamina.

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