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Natalie Angier

[Libros que nos inspiran] ‘Eso no está en mi libro de ciencias’ de Kate Kelly

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eso-no-esta-en-mi-ldsfsdfsdibro-de-ciencias.jpgLa ciencia es aburrida para una gran parte de la gente. Y una razón para ello quizá sea que los libros de ciencia del colegio son particularmente tediosos, monocromos, casi parecen estar empapados en formol. De hecho, cuando tengo insomnio, me abro un manual de ciencia en la mesita de noche y en pocos segundos ya estoy roncando.

Para paliar esto, Bill Bryson intentó hacer su propio libro de ciencias en Breve historia de casi todo. Algo similar fue lo que hizo Natalie Angier en El canon. Y ahora le toca el turno a Kate Kelly con una obra que lleva el acertado título de Eso no está en mi libro de ciencias.

El libro transita un poco anárquicamente por diversos temas, haciendo mucho hincapié en unos y dejándose en el tintero otros (supongo que es algo natural cuando se pretende explicarlo TODO), profundizando en ellos pero, también, respondiendo puntualmente a preguntas que todos nos podemos llegar a hacer algún día.

Por ejemplo, ¿por qué es tan importante la tabla periódica de los elementos? ¿Qué curiosa historia hay detrás de la invención de la televisión? ¿Quién fue el creador de Internet?

El libro se divide en una primera parte, centrada en los secretos de nuestro planeta, desde su edad hasta la tectónica de placas, pasando por los dinosaurios, los mosquitos y otros animales.

En la segunda parte, Kelly saca a relucir los descubrimientos científicos que han cambiado nuestra vida: el ADN, las bacterias, la teoría la evolución, etc.

La tercera parte abre la perspectiva y se centra en los descubrimientos que han cambiado nuestra visión del universo, como la revolución copernicana o los Principia de Newton.

La cuarta parte habla de medio ambiente, del calentamiento global y otros asuntos relacionados.

La quinta y última parte, finalmente, está dedicado en exclusiva a la disciplina que, a juicio de la autora, protagonizará nuestro futuro: la nanotecnología.

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La experiencia de mirar las estrellas

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Yo también fui uno de esos niños que se compró un telescopio para mirar los planetas y las estrellas. Que soñaba con el espacio exterior y con los ovnis. Que incluso fantaseaba con la idea de que algún día vendrían de un lejano mundo para proponerme alistarme en un flota espacial, tal y como ocurría en la película El último Stafighter.

Con el transcurrir de los años, no obstante, acepté que eso nunca iba a pasar, que no existían flotas estelares extraterrestres. Y que acaso era más probable ir al espacio si yo era una mosca o cualquier otro animal y no un niño, pues luego descubrí que los primeros animales en viajar fuera de la Tierra (el espacio exterior comienza a una altitud de 100 kilómetros) fueron las moscas. Concretamente una mosca de la fruta, que fue introducida en un cohete americano V2 y convertida en diminuto astronauta en julio de 1946.

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[Libros que nos inspiran] ‘Mujer, Una geografía íntima’ de Natalie Angier

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Este libro es especial por tres razones. La primera razón es que, gracias a este libro, me estrené en la divulgación científica en Xataka Ciencia, allá por enero de 2009. Lo hice escribiendo los siguientes artículos inspirados en él:
La belleza estéril: el síndrome de insensibilidad al andrógeno
En sus marcas, listos, ¡ya!: la competición de espermatozoides
Los olores de la vagina
¿Las mujeres son tan violentas como los hombres?

La segunda razón es que os estoy hablando de un libro de mi autora favorita: la ganadora del premio Pulitzer Natalie Angier. Supongo que la recordaréis: os la mencioné cuando reseñé su libro El Canon.

La tercera y última razón es que este libro, Mujer, una geografía íntima, descodifica ese gran misterio que es la mujer, como diría el Dr. Emmett Brown.

Si en El canon, Angier se revelaba como una divertida y lenguaraz escritora sobre toda clase de asuntos relacionados con la ciencia, aquí la encontramos algo más contenida y solemne, aunque sin perder ni un ápice de su frescura, rigurosidad, cercanía y, por qué no, ese tono propio de Lorelai Gilmore que tanto la caracteriza.

Mujer, Una geografía íntima constituye una minuciosa investigación en la que afloran todo tipo de datos fascinantes acerca de las mujeres, desde el ámbito de cuerpo hasta el de su comportamiento, desde el punto de vista de la literatura, la historia, la medicina, el arte o la ciencia. ¿Cuál es la finalidad del orgasmo? ¿Por qué las mujeres se emperejilan más para otras mujeres que para los hombres? ¿La leche materna es más fascinante de lo que parece? ¿Y los senos, por qué son como son?

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[Libros que nos inspiran] ‘El canon’, de Natalie Angier

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9788449320965.jpgSi tuviera que confesar el amor platónico hacia una escritora, ésta sería, sin ninguna duda, Natalie Angier. Y no sólo porque su intelecto me parece extraordinariamente bien formado (es decir, hibrida conocimientos de humanidades con conocimientos científicos con toda naturalidad), sino porque Natalie Angier es tremendamente divertida. Y escribe tan bien que convierte el pasaje más árido de un tema científico en poesía. No en vano, Natalie Angier escribe sobre temas de biología para el New York Times, por lo cual recibió un premio Pulitzer.

El libro donde Angier pone toda la carne en el asador (y a través del cual te enamorarás indefectiblemente de ella, y de la ciencia) es El canon.

El canon constituye la columna vertebral de todo lo que uno debería saber, como mínimo, para no parecer un egocéntrico analfabeto incapacitado moral y mentalmente para abrir su estúpida boca a propósito de cualquier asunto, por pequeñísimo que éste sea. Lo desesperante es que el 99 % de la gente ignora el 99 % de lo que se dice en este libro, y seguimos adelante dando palos de ciego, como perfectos indocumentados.

El canon está dividido en unas pocas áreas de conocimiento imprescindibles para prepararnos mentalmente para empezar a aprender cosas de verdad (este libro no te enseña demasiado, sólo te hace olvidar casi todo lo que has aprendido y crees cierto y te indica cuál es el largo sendero que debes tomar a partir de ahora si quieres empezar a sentirte sabio de verdad).

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¿Las mujeres son tan violentas como los hombres? (y II)

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En el post anterior hablábamos de la cuota de agresividad de la mujer, que era equiparable a la del hombre. La mujer, sin embargo, expresa su agresividad de una forma indirecta.

La agresión indirecta consiste en calumniar, en chismorrear, en difundir rumores malignos, en establecer estrategias y alianzas contra terceros que dejarían a Terminator patidifuso. En definitiva, la violencia masculina deja señales claras y evidentes en forma de hematomas; la femenina provoca hematomas psicológicos más profundos que son difíciles de detectar y de medir, y por tanto castigar. Existen muchas formas de agresión más dolorosas y eficaces que un puñetazo, y lo más probable es que te ahorres una temporada entre rejas si las empleas.

Insisto en aclarar que tanto los hombres como las mujeres son duchos en el empleo de estas formas indirectas de agresión; todos somos animales políticos. Pero el caso de la mujer es especial, pues ella debe evitar los deslices físicos en mayor medida: no sólo le perseguiría la justicia, sino que sufriría una estigmatización social y cultural que no se da con tanta intensidad en los hombres. Vuelve a hablar Angier:

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¿Las mujeres son tan violentas como los hombres? (I)

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A pesar de las apariencias, a pesar de que existe la tipificación penal de la violencia de género del hombre hacia la mujer pero raramente ocurre a la inversa, las mujeres y los hombres poseen una cuota de agresividad y crueldad muy similares. Antes de que las asociaciones feministas se me tiren encima (de forma no violenta, claro), vamos a intentar matizar esta afirmación

Kaj Björkqvist, de la Turku Akademi de Finlandia, ha llevado a cabo comparaciones interculturales de niños de Europa, Norteamérica, Oriente Medio y Asia. Las conclusiones son reveladoras: todos los niños pequeños son físicamente agresivos, y antes de cumplir los tres años de edad no existen diferencias significativas entre los dos sexos en este aspecto.

A partir de entonces, cuando los niños comienzan a hablar y a reflexionar, la sociedad empieza a ser cada vez menos tolerante con las muestras de agresión física. Una patada o un manotazo son duramente reprobados. A los niños se les ofrece la posibilidad del diálogo antes de llegar a las manos. Si el comportamiento agresivo persiste en la pubertad, éste incluso se cataloga de patológico. Lo relevante es que esta reeducación de la innata tendencia a la violencia física es especialmente coercitiva en el sexo femenino.

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Los olores de la vagina

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Por todos, hombres y mujeres, es bien conocido el olor de los genitales femeninos; aunque no todos huelen igual. Algunos olores de vagina nos recuerdan a aromas dulces y ligeramente acres. Otros, sin embargo, los asociamos a los efluvios mefíticos de una cloaca. La cultura popular ha estigmatizado estos aromas fuertes del sexo femenino con expresiones del tipo “huele a pescado” (de ahí provienen chistes como el del ciego que cruza por delante de una pescadería y dice: buenos días, señoras). Olores que la gente también asocia con la falta de higiene.

Tal vez sea cuestión de higiene, pero más bien de la higiene de nuestras ideas preconcebidas y del lavado de cerebro al que hemos sido sometidos. La gente suele imaginar una vagina como un reducto de gérmenes que debe de lavarse con dedicación hasta que de ella desaparezca cualquier olor o lubricación. Esto no es así. La flora vaginal está repleta de gérmenes, es cierto, pero los gérmenes se pasean tranquilamente por todos los órganos de nuestro cuerpo. Lo importante es dilucidar qué tipo de gérmenes son, porque la total ausencia de gérmenes también es nociva. En condiciones saludables, por ejemplo, las bacterias de la vagina tienen una función beneficiosa.

Una vagina de olor desagradable no siempre es sinónimo falta de higiene (de hecho, el exceso de higiene es peor que la falta de higiene, pues se destruye la imprescindible flora vaginal). Un olor fétido puede ser producido por lo que se llama vaginitis bacteriana, una infección que produce compuestos como la trimetilamina, que curiosamente es la misma sustancia que otorga su olor al pescado poco fresco. También encontraremos putrescina, que es lo que hallaremos en la carne putefracta, y cadaverina, que ya os imagináis de dónde proviene el nombre.

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