Dado el éxito del artículo Un puñado de cosas muy raras que no sabías sobre tu nariz, os voy a contar algunas cosas más que seguramente no sabíais sobre vuestra nariz.
Dado el éxito del artículo Un puñado de cosas muy raras que no sabías sobre tu nariz, os voy a contar algunas cosas más que seguramente no sabíais sobre vuestra nariz.

También hubo un personaje de la Inglaterra de 1854, George Jabet, que afirmaba que las narices podían clasificarse y explicar la personalidad de la gente. El libro donde desarrolló esta teoría se titulaba Notes on Noses.
Nosotros creemos que, además de tratarse de un adorno de la cara, un elemento del aparato respiratorio y un buen asidero por donde coger a un congénere descarado, constituye un indicio importante del carácter de su propietario.
Jabet halló su inspiración en el movimiento fisiognómico, fundado anteriormente por un místico y teólogo suizo llamado Johann Kaspar Lavater que creía en la interpretación de la personalidad y el carácter a partir de la forma de los rasgos faciales. La ciencia fisiognómica, por cierto, estuvo a punto de acabar con la carrera de un joven Charles Darwin, pues antes de escribir su libro sobre la evolución era un discípulo de Lavater y estaba convencido de que podía juzgarse a la gente por sus rasgos, como sucede con los malvados lombrosianos de Dick Tracy.
Al igual que ocurre con los sistemas visual y auditivo, una gran parte de la información recibida es procesada antes de que la corteza correspondiente tenga noticia de ella.
El sistema olfativo es único, pues está en contacto directo con el medio externo. No existen células receptoras especializadas en la nariz que puedan equipararse a los conos y bastones de la retina o al sistema membranoso óseo de transmisión del oído. En lugar de eso, el cuerpo celular de lo que se conoce como la neurona principal se encuentra en el interior del órgano receptor. Cada una de estas neuronas, conduce al bulbo olfatorio mediante su axón correspondiente.
Aunque sabemos bastante bien cómo funcionan el ojo o lo oído, no sabemos tan bien cómo funciona la nariz, cuyo funcionamiento se basa en una serie de conjeturas. Huelen las moléculas como lo hacen debido a su estructura molecular, o a su vibración, o a su efecto sobre los receptores del olfato (tal vez punzándolos).
Érase un hombre a una nariz pegado. La napia de Cyrano. Pinocho y su nariz que crece a base de mentiras. El picor de la nariz de Clinton cuando negó que había mantenido sexo con Mónica Lewinsky. Sin duda la nariz ha hecho correr mucha tinta.
Pero probablemente lo más asombroso de la nariz ha sido poco divulgado: después de todo, la mayoría de gente que ha escrito sobre la nariz apenas tenía conocimientos profundos sobre ese apéndice sobrenatural que todos tenemos en mitad de la cara.
Por eso voy a explicaros aquellos aspectos de la nariz que apenas pueden leerse en novelas, periódicos o manuales del colegio.
Aunque el olfato de los perros nos deja como deficientes nasales, lo cierto es que nuestro olfato es más poderoso de lo que parece. Según las investigaciones llevadas a cabo en la Universidad de Vanderbilt, la gente puede detectar el olor de sus parientes de una forma sorprendentemente precisa.
Cuando Pinocho mentía le crecía la nariz. Aunque esto no sucede de forma visible en el ser humano, lo cierto es que hay una relación entre las mentiras y nuestra nariz.
Al mentir, se liberan unas sustancias químicas llamadas catecolaminas, que provocan la inflamación de los tejidos internos de la nariz. Es lo que han certificado los científicos de la Fundación para el Tratamiento y la Investigación del Gusto y el Tacto de Chicago.
Es el llamado efecto Pinocho: aumenta la presión sanguínea y, en consecuencia, se inflama la nariz. Por ello, los que están mintiendo suelen frotarse la nariz, pues intentan calmar el picor (como bien se analizó en los videos en los que el presidente de Estados Unidos Bill Clinton afirmaba que no había mantenido relaciones con Monica Lewinsky).