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Más cosas raras que no sabías sobre tu nariz

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Dado el éxito del artículo Un puñado de cosas muy raras que no sabías sobre tu nariz, os voy a contar algunas cosas más que seguramente no sabíais sobre vuestra nariz.

  • Tagliacozzi, un prestigioso cirujano italiano del siglo XVI, escribió el primer libro de texto sobre cirugía plástica. Reconstruía narices (a menudo maltrechas en algún duelo) usando la piel de las nalgas del paciente. Desgraciadamente, la Iglesia metió las narices en lo que hacía Tagliacozzi y lo excomulgó.
  • Un adulto medio respira unos 5-6 litros de aire por minuto, siendo la capacidad de unos pulmones adultos de 3 litros de aire. El respirar por la nariz se debe al mayor recorrido que realiza el aire por lo que éste llega más caliente a los pulmones, y así no nos resfriamos tan fácilmente. Casi la mitad del agua que bebemos la expulsamos a través de la respiración.
  • El cerebro puede habituarse a los olores, incluso a los más horribles, simplemente desconecta y cesan de percibirse. Nuestro olfato se hace más débil a medida que envejecemos. Las aves carecen de olfato y los insectos tienen el olfato en las antenas (la polilla detecta olor a 60 km de distancia).
  • La nariz está preparada para oler otra cosas, pero a veces es la propia nariz la que huele muy mal. Un olor nausaeabundo que puede que tú ni siquiera notes, pero los demás sí. Ello puede ser un síntoma de ocena, una enfermedad crónica en la que se atrofia la estructura nasal. “Ocena” procede de una palabra griega que significa “hedor”.

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    Un puñado de cosas muy raras que no sabías sobre tu nariz

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  • Desde tiempos inmemoriables se han apreciado las narices bonitas. Tanto es así que ya los médicos egipcios hacían intervenciones en la nariz, descritas en papiros que datan de alrededor del año 3000 a.C. Para el año 600 a.C., el cirujano indio Sushruta había perfeccionado una técnica que llegó a ser muy necesaria en aquella época, ya que algunos grupos de salvajes bandidos tenían la costumbre de cortar la nariz a sus víctimas.
  • Cada 20 minutos, la nariz segrega un líquido pegajoso que la mantiene húmeda y limpia. Los cilios, una especie de escobillas microscópicas, mueven el moco a una velocidad media de 6 milímetros por minuto.
  • Durante el siglo XIX y principios del XX, se creía que una nariz abultada era señal de obsesión sexual y que delataba el hábito de la masturbación. Incluso antes de Freud se pensaba que la nariz representaba los genitales masculinos o femeninos. Y algo hay de cierto: la nariz, como ocurre como el pene y el clítoris, aumenta un poco su tamaño con la excitación sexual.
  • Al mentir, se liberan unas sustancias químicas llamadas catecolaminas, que provocan la inflamación de los tejidos internos de la nariz. Es lo que han certificado los científicos de la Fundación para el Tratamiento y la Investigación del Gusto y el Tacto de Chicago. Es el llamado efecto Pinocho: aumenta la presión sanguínea y, en consecuencia, se inflama la nariz. Por ello, los que están mintiendo suelen frotarse la nariz, pues intentan calmar el picor (como bien se analizó en los videos en los que el presidente de Estados Unidos Bill Clinton afirmaba que no había mantenido relaciones con Monica Lewinsky).
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    Ese apéndice sobrenatural que es nuestra nariz (y III)

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    También hubo un personaje de la Inglaterra de 1854, George Jabet, que afirmaba que las narices podían clasificarse y explicar la personalidad de la gente. El libro donde desarrolló esta teoría se titulaba Notes on Noses.

    Nosotros creemos que, además de tratarse de un adorno de la cara, un elemento del aparato respiratorio y un buen asidero por donde coger a un congénere descarado, constituye un indicio importante del carácter de su propietario.

    Jabet halló su inspiración en el movimiento fisiognómico, fundado anteriormente por un místico y teólogo suizo llamado Johann Kaspar Lavater que creía en la interpretación de la personalidad y el carácter a partir de la forma de los rasgos faciales. La ciencia fisiognómica, por cierto, estuvo a punto de acabar con la carrera de un joven Charles Darwin, pues antes de escribir su libro sobre la evolución era un discípulo de Lavater y estaba convencido de que podía juzgarse a la gente por sus rasgos, como sucede con los malvados lombrosianos de Dick Tracy.

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    Ese apéndice sobrenatural que es nuestra nariz (II)

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    Al igual que ocurre con los sistemas visual y auditivo, una gran parte de la información recibida es procesada antes de que la corteza correspondiente tenga noticia de ella.

    El sistema olfativo es único, pues está en contacto directo con el medio externo. No existen células receptoras especializadas en la nariz que puedan equipararse a los conos y bastones de la retina o al sistema membranoso óseo de transmisión del oído. En lugar de eso, el cuerpo celular de lo que se conoce como la neurona principal se encuentra en el interior del órgano receptor. Cada una de estas neuronas, conduce al bulbo olfatorio mediante su axón correspondiente.

    Aunque sabemos bastante bien cómo funcionan el ojo o lo oído, no sabemos tan bien cómo funciona la nariz, cuyo funcionamiento se basa en una serie de conjeturas. Huelen las moléculas como lo hacen debido a su estructura molecular, o a su vibración, o a su efecto sobre los receptores del olfato (tal vez punzándolos).

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    Ese apéndice sobrenatural que es nuestra nariz (I)

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    Érase un hombre a una nariz pegado. La napia de Cyrano. Pinocho y su nariz que crece a base de mentiras. El picor de la nariz de Clinton cuando negó que había mantenido sexo con Mónica Lewinsky. Sin duda la nariz ha hecho correr mucha tinta.

    Pero probablemente lo más asombroso de la nariz ha sido poco divulgado: después de todo, la mayoría de gente que ha escrito sobre la nariz apenas tenía conocimientos profundos sobre ese apéndice sobrenatural que todos tenemos en mitad de la cara.

    Por eso voy a explicaros aquellos aspectos de la nariz que apenas pueden leerse en novelas, periódicos o manuales del colegio.

    Aunque el olfato de los perros nos deja como deficientes nasales, lo cierto es que nuestro olfato es más poderoso de lo que parece. Según las investigaciones llevadas a cabo en la Universidad de Vanderbilt, la gente puede detectar el olor de sus parientes de una forma sorprendentemente precisa.

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    El efecto Pinocho

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    Cuando Pinocho mentía le crecía la nariz. Aunque esto no sucede de forma visible en el ser humano, lo cierto es que hay una relación entre las mentiras y nuestra nariz.

    Al mentir, se liberan unas sustancias químicas llamadas catecolaminas, que provocan la inflamación de los tejidos internos de la nariz. Es lo que han certificado los científicos de la Fundación para el Tratamiento y la Investigación del Gusto y el Tacto de Chicago.

    Es el llamado efecto Pinocho: aumenta la presión sanguínea y, en consecuencia, se inflama la nariz. Por ello, los que están mintiendo suelen frotarse la nariz, pues intentan calmar el picor (como bien se analizó en los videos en los que el presidente de Estados Unidos Bill Clinton afirmaba que no había mantenido relaciones con Monica Lewinsky).

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