Popeye no tenía razón (o más bien la campaña de marketing para fomentar la buena alimentación): si quieres que tus músculos sean de hierro, come manzanas. Concretamente, el ácido ursólico presente en la manzana. Según revela un estudio del endocrinólogo Christopher Adams, de la Universidad de Iowa, publicado en la revista Cell Metabolism, esta sustancia reduce el desgaste muscular y promueve el crecimiento de los músculos.
Una sustancia que abunda en la piel de varias frutas, incluidas las manzanas, peras, ciruelas y arándanos, o en plantas como el saúco, menta, romero, lavanda, orégano, tomillo o albahaca. Pero en la cáscara de la manzana se encuentra especialmente concentrado.
El experimento fue realizado con ratones. Al administrarles un chute de ácido ursólico, los ratones aumentaban el tamaño y la fuerza de su musculatura, como Hulk. Este efecto se produce porque se estimula a dos hormonas que incrementan la musculatura: el factor-1 de crecimiento (IGF-1) y la insulina.

A Mighty Mouse, el superratón de los dibujos animados, le han salido competidores. Investigadores del Departamento de Biología Molecular y Genética de la Universidad Johns Hopkins (Baltimore, Estados Unidos) han conseguido desarrollar superratones cuatro veces más musculosos que los ratones normales.
Ayer hablábamos de
En el cuerpo humano coexisten dos grandes familias de músculos. Por un lado está el músculo liso, encargado de muchos de los procesos no voluntarios de nuestro organismo, y por el otro tenemos los músculos estriados, responsables del funcionamiento del corazón y del asombroso sistema de palancas y poleas que conforma el sistema locomotor y que posibilita gran parte de nuestra reacción con el entorno.