Quizá el ejemplo más sorprendente de un gen que influye en el comportamiento es el que influye en la siesta. Como los seres humanos, las moscas se despiertan por la mañana, se echan una siesta al mediodía y duermen por la noche, todo en un ciclo de 24 horas. Aunque las moscas hayan crecido en la oscuridad más absoluta, conservan estos ciclos con la precisión de un reloj suizo. Incluso con mayor precisión, porque está escrito en sus genes.
Las moscas mutantes que Benzer encontró con los ciclos circadianos estropeados, por supuesto, estaban totalmente desincronizados. Y, aunque las moscas nos puedan parecer lejanas, en los seres humanos también pueden darse estas mutaciones en el reloj biológico.
Lo más curioso es que, mucho más recientemente, se ha podido estudiar el primer mutante de reloj biológico humano: una familia en la que todos sus miembros comienzan a sentir sueño por la tarde, duermen, e invariablemente se despiertan a las cuatro de la madrugada. Y se ha comprobado que este comportamiento anómalo está relacionado con una mutación del mismo gen que Benzer y sus estudiantes habían encontrado en la mosca del vinagre, de modo que algo nos une muy estrechamente a ella..

¿Por qué lloras al cortar la cebolla? Porque las moléculas de capsaicina presentes en el bulbo, liberadas y transformadas en gas, reaccionan con el agua del globo ocular y, convertidas en ácido, sobre todo sulfúrico y sulfuroso, irritan los ojos.