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Varios vídeos donde disfrutar del arte ferromagnético

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Una buena colección de vídeos donde se muestran las caprichosas formas que pueden adoptar los ferrofluidos y campos magnéticos.

Los ferrofluidos se fabrican añadiendo nanopartículas (de unos 10 nm) de un material ferromagnético como la magnetita o la hematita, a un fluido portador que puede ser un solvente orgánico o agua. Es necesario que las nanopartículas estén recubiertas por un surfactante para evitar que se aglomeren.

Mirad más ejemplos:

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Un nuevo tipo de material en las profundidades de la Tierra

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Earth Core
Las aplastantes presiones e intensas temperaturas que existen en el interior de la Tierra, provocan que los átomos localizados en esta región interactúen de formas muy diferentes, lo que conlleva diferentes transformaciones en los materiales. Nuevos experimentos y cálculos realizados por un superordenador, han descubierto que el óxido de hierro —FeO— se somete a un nuevo tipo transiciones en las profundidades de nuestro planeta. El óxido de hierro es un componente del segundo mineral más abundante en el manto inferior de la Tierra.

Este hallazgo, publicado en la revista Physical Review Letters, podría alterar nuestra comprensión de la dinámica que se desarrolla en el interior de la Tierra y el comportamiento del campo magnético que protege a nuestro planeta de los dañinos rayos cósmicos.

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Metales alcalinos y agua

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Richard Hammond nos muestra en su programa Brainiac: Science Abuse lo divertidas, pero también terroríficas, que pueden ser las explosiones que se pueden generar con sólo mezclar un metal alcalino con agua. En el video se centran en el rubidio y el cesio. Está en inglés, pero no creo que sea necesario escuchar lo que dicen para entender perfectamente lo que ocurre.

Para que luego digan que la tabla periódica es aburrida…

Vía | TechEBlog
Más información | Alcalinos en Wikipedia

Los metales no huelen

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Moneda de un dólarBien podría ser uno de los ganadores de los Ig Nobel del año que viene, pero no cabe duda de que la investigación que apareció hace unos días en Nature es cuanto menos curioso.

Todos podremos evocar el olor a metálico que deja en nuestras manos la barandilla de una escalera o el cambio de la tienda de la esquina, pero según Dietman Glindemann ese aroma no se debe al metal en sí, sino más bien a nuestra propia piel.

La hipótesis inicial de Glindemann era que el “olor a metal” se debía a las reacciones químicas entre los ácidos presentes en el sudor humano y las impurezas presentes en la superficie de los metales. Sin embargo, en las pruebas de laboratorio no se producían los mismos olores que todos reconoceríamos, por lo que aunó fuerzas con la química Andrea Dietrich, que se dedicaba al estudio del sabor metálico que puede aparecer en el agua corriente.

Los investigadores tomaron muestras de los vapores emitidos por personas que habían manipulado objetos metálicos y estudiaron su composición química. Allí encontraron moléculas de aldehídos y acetonas producidas por reacciones rápidas entre el hierro o el cobre y sustancias presentes en nuestra piel. Se ha demostrado que algunos de estos componentes pueden ser detectados a muy bajas concentraciones por el olfato humano.

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