
Un nuevo estudio sugiere que tomar chocolate diariamente puede ayudar a aumentar la eficiencia de la memoria del cerebro.
El estudio dirigido por el Dr. David Camfield del centro de Psicofarmacología de la Universidad de Swinburne, fue financiado por un fabricante de chocolate de gran tamaño.
Se proporciona una evidencia preliminar de que (los flavanoles del cacao) puede ayudar a la gente a hacer las tareas cognitivas de manera más eficaz
Dice Camfield, cuya investigación se publica en la revista de Fisiología y Comportamiento.
Los flavonoides son compuestos químicos encontrados en los alimentos vegetales, como las uvas, las manzanas, el té y el cacao y se han vinculado a una serie de beneficios para la salud.
Este último estudio se centró en el efecto de los flavonoides del cacao en la memoria de trabajo espacial, que contiene información en el cerebro y lo hace disponible para su posterior procesamiento. Esta memoria disminuye rápidamente con la edad.


Una de las grandes ventajas de los 
La cultura popular ya lo decía: “Equivocarse es de sabios“. Y es que, según un estudio canadiense publicado en la revista Psychology and Aging, a medida que envejecemos, nuestro cerebro aprende mejor de los errores que de los aciertos.
El motor de búsqueda Google se ha convertido en una memoria externa de facto. Si empezamos a hablar de una película y no recordamos el nombre del protagonista, ¿para qué darle al coco? Alargamos la mano a nuestro Smartphone y buscamos en Internet Movie Data Base. En unos segundos ya tenemos la respuesta. Así que estamos tendiendo a usar menos nuestra memoria y más la memoria de Internet, en lo que se ha venido a llamar Efecto Google.
Si bebes para olvidar, paga antes de empezar, dice el refrán. Pero la idea de que el acohol nos permite olvidar nuestras penas es otro mito popular más, como el que sostiene que beber ayuda a combatir el frío (cuando es justo lo contrario: provoca la engañosa sensación de calor debido la vasodilatación cutánea que implica pérdida de calor).
Me chiflan las “leyes” populares. Sobre todo las que se fraguan en una conversación de café, o incluso en una más beoda de bar. Son leyes, postulados y corolarios que dicen mucho sobre el mundo, con todas sus contradicciones. Pero también sobre nosotros mismos: sobre nuestras limitaciones intelectuales y cognitivas, mayormente.
Una de las razones por las que la historia no es una ciencia en sentido estricto es que la historia la cuentan los vencedores, y el pasado suele colarse fácilmente por las fisuras de la memoria y las manipulaciones documentales como la arena entre los dedos.