De nuevo un libro de Marvin Harris, que se suma al espectacular Vacas, cerdos, guerras y brujas. En este caso, Bueno para comer, que como bien indica su título, trata sobre todas las dimensiones culturales de la comida.
Sin duda un libro para aclarar muchas ideas erróneas acerca de la alimentación, como El mito de que la leche es mala para la salud (I) y (y II). E incluso aclarar algunas ideas racistas con artículos como Esas anómalas personas de cara blanca llamadas europeos (I) y (y II). Ideal para soltárselo a bocajarro a cualquiera que me venga con lo de la supremacía de la raza blanca y la túnica del Ku Kux Klan.
Dicho lo cual, este libro podría infartar a cualquier lector que tenga una concepción jerárquica de la cultura y de las costumbres y estilos de vida allende los mares. El que sienta cierto interés por huir del provincianismo que le ha tocado en gracia a fin de ver el percal con cierta perspectiva, entonces debe zambullirse a pulmón libre en Bueno para comer, del antropólogo más popular del mundo: Marvin Harris.
¿Por qué tenemos ansia de carne? ¿Por qué hay culturas que adoran algunos tipos de carne y desdeñan otras? ¿La leche es beneficiosa o los intolerantes a la lactosa y las culturas asiáticas, que la abominan, demuestran que no? ¿Por qué existen vacas sagradas hindúes en un país que se muere de hambre? ¿Por qué el cerdo resulta repugnante para algunos? ¿Por qué no somos capaces de comernos a los perros como hacen los chinos? ¿No es contradictorio consumir langosta o gambas y no gusanos o cucarachas? ¿Cuánto hay de cierto en la antropofagia?

Lo que hace este libro es, fundamentalmente, ampliar tu perspectiva. Una persona con mirada rectilínea se reconoce enseguida: es la primera en decir que vivimos tiempos convulsos, que los valores se están perdiendo, que la gente es más violenta que antes, que somos muy materialistas y consumistas, que se ha perdido el romanticismo, que el sexo lo domina todo, etc.
En esta serie mensual de artículos orientados a profundizar en las diferencias biológicas y psicológicas ligadas al sexo, ha habido una constante en vuestros comentarios: ¿las mujeres lo harían mejor que los hombres si tuvieran la vara de mando? ¿Cometerían los mismos errores? ¿
En el artículo anterior descartábamos los cromosomas X e Y como consecuencia de la mayor longevidad de las mujeres respecto a los hombres, así como el hecho de que el sexo masculino tenga más tamaño y que ello produzca más complicaciones en el parto.
¿Quiénes son los ¡kung? Richard Lee, autor de The !Kung San: Men, Women, and Work in a Foraging Society y que convivió con esta tribu durante años. Durante ese tiempo, Lee registró 34 peleas a mano limpia sin consecuencias mortales entre los !kung.
A pesar de las apariencias, todas las lenguas y dialectos inventados por el ser humano disponen de una suerte de gramática universal y, también, de unos niveles de riqueza y complejidad parejos. O al menos las diferencias nada tienen que ver con el desarrollo de la sociedad en sí.
Decíamos en la anterior parte de este post que por qué lo habitual era es que el ser humano tuviera tez morena y no tez blanca, dado que la tez blanca favorece la síntesis de vitamina D y la absorción de calcio. ¿No debería ser lo contrario?
Veíamos que, para demostrar su poder y avergonzar a sus rivales, los amerindios más poderosos de esta región se dedicaban a destruir alimentos, ropas y dinero, literalmente los despilfarraban, incluso llegando a prender fuego a su propia casa. Como si encarnaran al protagonista de esa mala comedia de los años 80 protagonizada por Richard Prior que, para obtener toda la herencia de un pariente lejano, debía primero gastar 1 millón de dólares en un tiempo récord:
Se tiende a considerar que vivimos tiempos convulsos, crepusculares, en los que casi se oyen de lejos las trompetas del Apocalipsis. Y bueno, en cierta forma es así. Pero también es verdad que esa tendencia ha existido siempre, en todas las épocas de la historia: consultad las reflexiones de cualquier mente preclara de hace siglos y os dará la impresión de que está fiscalizando el siglo