
Si le preguntamos a alguien, sin demasiados conocimientos de Física, si un velero puede ser capaz de navegar a mayor velocidad que el viento, lo más seguro es que nos respondería que no. Si le preguntamos el motivo de su respuesta (a parte de mirarnos como bichos raros por preguntar tanto), probablemente intentaría esbozar un razonamiento como el siguiente:
Si el barco viajara más rápido que el viento, entonces éste no podría alcanzarlo. Y, por lo tanto, no podría empujar las velas para impulsar la nave. En consecuencia, sin empuje adicional, la fricción con el agua la frenaría hasta que la velocidad sea inferior a la del viento; momento en el cual volvería a aparecer el empuje impidiendo que la velocidad decrezca aún más.
Es un razonamiento que parece de lo más sencillo y obvio. Pero resulta que no es del todo correcto, ya que se ha podido comprobar repetidamente que vehículos a vela puede llegar a avanzar a una velocidad varias veces superior a la del viento. ¿Donde está el fallo? Veámoslo.
En realidad, el razonamiento en sí es correcto, pero se basa en una premisa que no siempre se cumple. Es decir, da por supuesta una cosa que no siempre es cierta.

La sal contiene varios componentes procedentes del efecto de disolución provocado por la lluvia al caer sobre las rocas, a través de los ríos. Por supuesto, los que tienen más probabilidades de llegar al mar son los más solubles al agua, que son el cloro y el sodio, los componentes básicos de la sal común. Y que representan el 90 % de todos los componentes disueltos en el mar. 
Cuando antes veía a un náufrago pasándolas canutas, muerto de sed pero rodeado de agua salada, en las películas siempre se decía que, pase lo que pase, nunca saciaras tu sed con el agua del mar. Si lo hacías, tal vez notarías cierta saciedad, pero entonces no tardarías mucho en morir. En las películas nunca explicaban la razón de esa ley, aunque parecía una ley intocable.
Antes de este verano, se espera que esté montada en el mar la boya experimental con la que se estrenará la primera planta de generación de energía de olas de España. Será a dos millas de la vertical del Faro del Pescador, en Santoña (Cantabria).
Un equipo paleontológico dirigido por el investigador Fernando Muñiz ha hallado en Lepe un resto óseo con forma de cráneo del que se dice pudiera ser de una ballena extinguida hace dos millones de años. Tras diversos estudios, los expertos dicen que se trata de un cetotherido.
Muchos de los inventos de los que goza la humanidad han sido en su mayoría inspirados por los animales, sus especiales particularidades nos han proporcionado ideas o la base para un nuevo descubrimiento. En este caso nos referimos a un nuevo pegamento sintético que han diseñado los investigadores de la Universidad de Northwestern.