El gafe, el mal fario, los malasombra, el lagarto, lagarto… lejos de que todo ello puede producir efectos inconscientes en la gente (si uno cree que hará algo mal tendrá más posibilidades de hacerlo mal, por ejemplo), ¿existe de algún modo?
¿La mala suerte se puede medir? ¿Puede influir en nuestra suerte que se nos cruce un gato negro o que pasemos por debajo de una escalera?
Algunos investigadores se han dedicado a comprobarlo, como Mark Levin, un estudiante universitario norteamericano y miembro de la Asociación de Escépticos de Nueva York. Levin reunió a un grupo de personas que debían comprobar su suerte con un simple juego de cara o cruz en un ordenador.
Pero Levin también hizo que a algunas de estas personas se les cruzara un gato negro. Al final, los resultados sugirieron que ver al gato negro no había tenido ningún efecto en la suerte de los participantes. Al menos en el juego de cara o cruz.
