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La longevidad femenina: ¿El machismo influye? (I)

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Independientemente de dónde establezcamos el estudio, las mujeres viven de 4 a 10 años más que los hombres. Esta diferencia de la esperanza de vida, además, ha ido aumentando con el tiempo.

Por ejemplo, en 1920, entre las norteamericanas de raza blanca, la esperanza de vida sólo superaba en 8 meses a la de los hombres blancos. Actualmente, la supera en 6,9 años. En el mismo año, los hombres norteamericanos de la comunidad negra vivían más que sus mujeres. Actualmente, las estadounidenses de raza negra viven 8,4 años más que los hombres de su misma raza.

Estas diferencias crecientes está creando un nuevo panorama demográfico y social: cada vez hay más viudas, cada vez más mujeres deben cuidar a sus maridos achacosos.

¿A qué se debe esta diferencia en la longevidad que, tal vez, debiera tenerse en cuenta en las vindicaciones por la igualdad de sexos?

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Mujeres que ganan puntos gracias a la violencia de género (y III)

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En los artículos anteriores veíamos que los yanomamo varones vivían en un ambiente ultraviolento. ¿Por qué? Fundamentalmente por el déficit de mujeres. Hay menos mujeres que hombres (a pesar de que una cuarta parte de los hombres muere en combate) y, por lo tanto, los hombres deben combatir por ellas. Además, los jefes y los hombres de gran reputación acostumbran a poseer 4 y 5 esposas simultáneamente, lo cual agrava el déficit.

Como las muchachas yanomamo ya están prometidas, incluso antes de empezar a menstruar, todos los jóvenes yanomamo codician activamente las esposas de sus vecinos. Los maridos se enfurecen cuando descubren una cita, no tanto por los celos sexuales, sino porque el varón adúltero debería haber compensado al marido con regalos y servicios.

¿Por qué existe este déficit de mujeres? ¿Por qué hay tan pocas y, por tanto, resultan tan valiosas? Sencillo: los yanomamo exterminan constantemente un gran porcentaje de sus bebés de sexo femenino. Los hombres exigen que su hijo primogénito sea varón. Una selección sexual artificial que conlleva que existan 154 niños por cada 100 niñas.

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Mujeres que ganan puntos gracias a la violencia de género (II)

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Os explicaba en el anterior artículo el desenfreno machistoide en el que estaban instalados los yanomamo, la que quizá sea la sociedad más violenta y agresiva con el género femenino que conozcamos. De nuevo, le cedo el turno a Marvin Harris:

Como sucede en las tradiciones judeocristianas, los yanomamo justifican el machismo con el mito de sus orígenes. Al principio en el mundo, dicen, sólo había hombres feroces, hechos con la sangre de la Luna. Uno de estos primeros hombres cuyas piernas quedaron embarazadas se llamaba Kanoborama. De la pierna izquierda de Kanaborama salieron mujeres y de su pierna derecha hombres femeninos: los yanomamo que son reacios a los duelos y cobardes en el campo de batalla.

Puede resultar una geneaología un tanto disparatada, pero recordad que Eva procede de una costilla de Adán, por ejemplo.

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Mujeres que ganan puntos gracias a la violencia de género (I)

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Ante la avalancha de casos de violencia de género que se producen en las sociedades occidentales, vale la pena echar un vistazo a otras culturas donde las cosas pueden ser mucho peores. Y mucho más raras.

Imaginad un grupo de personas cuyo estilo de vida podría considerarse el colmo del machismo y de la violencia de género. Esa sociedad existe y no se encuentra en ningún barrio de clase obrera sino en unas aldeas aparentemente conectadas con el espíritu de la naturaleza. Se trata del grupo tribal de los yanomamo, compuesto por unos 10.000 amerindios que habita en la frontera entre Brasil y Venezuela. Un pueblo que ha recibido el sobrenombre de “pueblo feroz” por parte de su principal etnógrafo: Napoleón Chagnon, de la Universidad Estatal de Pensilvania.

Una sociedad que rinde culto al príapo y a la testosterona y que desprecia al género femenino por sistema: aunque siempre se andan peleando entre ellos por cuestiones de adulterio o por promesas incumplidas de proporcionar esposas, como si la mujer, en el fondo, fuera lo más importante.

Zambullámosnos en esta fascinante sociedad que pondría los pelos de punta a Bibiana Aído o a cualquier feminista de lilas vestiduras.

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