Muchos, cuando acometen la lectura de las 10 mujeres científicas más importantes de la historia, se rascan un segundo la cabeza: ¿de verdad hay tantas? Y es que la mujer no parece haber tenido un gran protagonismo científico.
Algunos neurocientíficos, como Baron-Cohen, sostienen que la razón es biológica: las mujeres tienen menos testosterona y, por tanto, menos facilidad para el razonamiento matemático, por ejemplo. Psicólogas como Cordelia Fine sostienen que esa razón es endeble y que la verdadera razón de la escasa participación de la mujer en el ámbito científico se debe a que socialmente se considera una tarea de hombres (afortunadamente, cada vez menos). Podéis leer sus argumentos en su último libro, Cuestión de sexos, del que también podéis leer una amplia reseña aquí.
Las universidades forman miles de futuras científicas, pero a la hora de ocupar primeras planas lo cierto es que nuestra sociedad las relega.
Por ello, L’Oreal y New Scientist han realizado una encuesta para reivindicar el papel de las mujeres en la ciencia listando las diez científicas más importantes de la historia.

Diversos experimentos han arrojado datos acerca de los deseos y pretensiones de las mujeres. Dos de los más interesantes trataron de demostrar que el deseo de hombres y mujeres hacia el dinero es distinto.
Como preveo polémica, antes de empezar quiero puntualizar que todo lo que aquí vais a leer no es mi estricta opinión. Es un texto inspirado en un libro de reciente publicación de Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner. 
En esta serie mensual de artículos orientados a profundizar en las diferencias biológicas y psicológicas ligadas al sexo, ha habido una constante en vuestros comentarios: ¿las mujeres lo harían mejor que los hombres si tuvieran la vara de mando? ¿Cometerían los mismos errores? ¿
En el artículo anterior descartábamos los cromosomas X e Y como consecuencia de la mayor longevidad de las mujeres respecto a los hombres, así como el hecho de que el sexo masculino tenga más tamaño y que ello produzca más complicaciones en el parto.
Independientemente de dónde establezcamos el estudio, las mujeres viven de 4 a 10 años más que los hombres. Esta diferencia de la esperanza de vida, además, ha ido aumentando con el tiempo.
En los artículos anteriores veíamos que los yanomamo varones vivían en un ambiente ultraviolento. ¿Por qué? Fundamentalmente por el déficit de mujeres. Hay menos mujeres que hombres (a pesar de que una cuarta parte de los hombres muere en combate) y, por lo tanto, los hombres deben combatir por ellas. Además, los jefes y los hombres de gran reputación acostumbran a poseer 4 y 5 esposas simultáneamente, lo cual agrava el déficit.
Os explicaba en