Ha quedado cristalizado en el acervo popular que los seres humanos son mezquinos, egoístas y crueles y que los animales, por el contrario, son algo así como discípulos de Gandhi.
La realidad es un poco diferente.
Y no es necesario que recurramos a los depredadores más fieros. Lo cierto es que el ejemplo de un simple cervatillo es suficiente. Mirad cómo se refería el zoólogo Konrad Lorenz a una cría de corzo, similar a Bambi, en su libro Hablaba con las bestias, los peces y los pájaros:
