Llorar es un acto universal y elocuente. Sin embargo, hay casos en lo que no queda tan claro qué significan determinadas lágrimas (y no me refiero sólo a las lágrimas de cocodrilo).
De hecho, no hay forma de saber qué tipos de lágrimas están brotando de nuestros ojos si no hacemos un análisis de su composición química: las lágrimas de emoción y las lágrimas lubricantes tienen una composición diferenciada, porque las de emoción poseen más proteínas y más hormonas relaciondas con el estrés.
A su vez, las lágrimas tienen tres capas. Una de mucosidad pringosa, que facilita que se adhieran al ojo protegiendo la córnea. Otra acuosa, que humedece y nutre al ojo. Y finalmente una tercera oleaginosa, que sella las lágrimas haciendo que su evaporación sea más lenta.
Y es que, además de mostrar nuestras emociones, las lágrimas hacen muchas más cosas, tal y como explica Joan Liebmann-Smith en el libro Escucha tu cuerpo:


Las lágrimas podrían influir en el comportamiento sexual del hombre, si las lágrimas proceden de una mujer. Al menos es lo que se desprende de un estudio publicado en la revista Science, elaborado por el Instituto Weizmann de Ciencias (Israel) y liderado por la científico Shani Gelstein.
El cuerpo humano segrega toda clase de sustancias y fluidos viscosos, lágrimas, mocos, sudor, orina, excrementos, pus, sangre, como si fuéramos fuentes multicolores en la plaza de alguna gran ciudad. 