A lo largo del mundo existen personas sanas y longevas que no beben leche, así que en principio no existe una razón para beber grandes cantidades de leche. Pero el medio ambiente y la prehistoria de Europa poseen unas circunstancias muy particulares, lo suficientemente poderosas como para haber conseguido que el ser humano sea el único mamífero capaz de consumir leche después de su periodo lactante infantil.
Habla Marvin Harris:
Aunque la leche no contenga ningún nutriente que no pueda obtenerse a partir de otros alimentos, sí contiene dosis masivas de un elemento que los europeos, sobre todo los habitantes de la Europa septentrional, seguramente necesitaron en cantidades excepcionales. Se trata del calcio, mineral que el organismo utiliza para formar, mantener y reparar huesos. El contenido sólido de la leche constituye la más concentrada de todas las fuentes dietéticas de calcio.

Corren por ahí algunos intelectuales humanistas (analfabetos funcionales en disciplinas científicas: Sánchez Dragó es un buen exponente) que se niegan a ingerir leche. El motivo, peregrino hasta decir basta, es que los seres humanos somos la única especie animal que, tras superar la época lactante, seguimos tomando leche.