
Al hablar de los daños ecológicos causados por el deporte, existe cierta tendencia a pensar casi inmediatamente en el golf o en el esquí, dos actividades conocidas por el daño que pueden llegar a causar en su entorno. Sin embargo, otros muchos deportes merecerían igualmente el calificativo de antiecológicos.
A menudo, el impacto ambiental de algunos deportes viene dado por el carácter de “gran espectáculo” que acompaña a muchos acontecimientos deportivos y que deja una importante huella en términos de gasto energético, más que por la práctica deportiva en sí misma.
