John Trinkaus, de la Universidad de Nueva York, dedicó casi toda su vida a observar a la gente. Pero no se limitaba a contemplar sus actividades con ese aire ausente con el que los jubilados contemplan las obras, sino que trataba de hacerlo bajo un prisma científico.
Tanto es así que, simplemente escudriñando las actividades cotidianas, Trinkaus ha escrito casi cien artículos académicos sobre el tema. Quizá Trinkaus sea una de las personas que más sabe de tópicos.
Por ejemplo, uno de los trabajos más extraños de Trinkaus fue el relativo a cómo se extravían los guantes y otros objetos personales. Seguro que a todos os ha pasado alguna vez. Habéis perdido uno de los pares de guantes o de calcetines. Sencillamente parecen haberse esfumado.
Trinkaus quería saber por qué hay objetos personales que se pierden y dónde van a parar, así que se dedicó a monitorizarlos. Sus resultados fueron publicados en el artículo “Los guantes como pertenencia que tiende a desaparecer. Una mirada informal.” No es broma.

En 1831, un eminente científico escocés llamado David Brewster fundó una asociación que alcanzaría hitos científicos incomensurables, contrario a la actitud elitista y conservadora de la Royal Society. El nombre de esta asociación fue y es la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia (BAAS, por sus siglas en inglés).



Las presiones económicas y políticas de la guerra han generado grandes avances en la ciencia y la tecnología. Si bien la guerra no es deseable, algunos de sus efectos secundarios son indudablemente positivos para la humanidad: el radar, los cohetes, los motores a reacción, la cirugía plástica, los ordenadores… todo ello procede de forma directa de las exigencias de la Segunda Guerra Mundial.
Cuando era más joven y soñador, uno de mis objetivos (lo confieso) fue obtener una fuente ingente de ingresos explotando el tabú sexual que reina en la sociedad. Con tamaños recursos económicos aspiraba a financiar investigaciones científicas que ninguna empresa privada deseaba financiar, ya fuera por falta de visión o por exceso de pragmatismo.