
Ha aparecido una publicación en la revista Science que hará las delicias de los seguidores de Matrix. Según esta publicación, en un futuro reciente seremos capaces de aprender nuevas habilidades de una manera inconsciente. Algo así como la célebre frase de Neo: “Ya sé Kung-fu”.
Los experimentos realizados por la Universidad de Boston (BU) y ATR Computational Neuroscience Laboratories en Kyoto, Japón, han demostrado recientemente que a través de la corteza visual de una persona, los investigadores podrían usar imágenes por resonancia magnetica funcional (fMRI). Este procedimiento de investigación permite mostrar en imágenes, las regiones cerebrales que ejecutan una tarea determinada, para inducir patrones de actividad cerebral que coincidan con un estado antes conocido y por lo tanto, mejorar el rendimiento en tareas visuales.

Estamos viviendo tiempos convulsos a nivel económico, y toca apretarse el cinturón. Lógicamente, hay que recortar gastos que sean más superfluos sobre otros que se consideren más fundamentales. ¿Dónde situaríamos la investigación científica en esa balanza? ¿Es prioritario avanzar en nuestro conocimiento científico cuando miles de familias tienen problemas para llegar a final de mes? ¿O tal vez la investigación científica, en general, ofrece un conocimiento bruto que finalmente pueda revertir en mejoras sociales, incluida una rebaja en las prestaciones médica de índole tecnológica, por ejemplo? En definitiva:


Uno de los aspectos más interesantes de grafeno es la estrecha relación entre sus propiedades estructurales y electrónicas. La interacción de ambas ha sido descrita con éxito por el modelo de curvatura y deformaciones elásticas de campos de ficticios.
Si bien Internet y todas sus herramientas online han favorecido el intercambio de ideas y los proyectos comunes a una velocidad inimaginable hace unos años, también se están produciendo otro efecto colateral: esas ideas están perdiendo profundidad y matices. Algo que está ocurriendo incluso en la investigación académica.