Lo hemos visto en infinidad de películas. Un brebaje mágico, administrado oralmente o mediante una ominosa hipodérmica, y el interrogado empieza a cantar todo lo que sabe, como si perdiera la capacidad de mentir conscientemente.
En el mundo del espionaje de verdad también se han hecho algunos usos de sueros de la verdad. Se dice, por ejemplo, que los servicios de espionaje de EEUU usó pentotal sódico para sonsacarle información a Abu Zubaydah, uno de los activistas de Al Qaeda.
Pero ¿cuánto hay de científico en estas prácticas?
La idea de un suero de la verdad surgió por primera vez en 1931, cuando la revista de ciencia policial American Journal of Police Science publicó un artículo sobre los efectos de la escopolamina, un extracto potencialmente mortal de la belladona.

Hay un libro, cuyo título es How to Win Friends and Influence People, de Dale Carnegie, que desde 1936 ha vendido más de 15 millones de ejemplares. Aún hoy se considera la Biblia del arte de la manipulación mental.