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Pisces habilis o el pez que usa herramientas

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pez habilis

Scott Gardner, buzo profesional, escuchó un extraño sonido mientras exploraba la Gran Barrera de Coral de Australia , cuando, nadando, llegó al centro de aquello, tomó su cámara y lo inmortalizó.

Lo que se encontró fue un pez de manchas negras (Choerodon schoenleinii), de la familia Labridae, que tenía en su poder una almeja y la golpeaba con fuerza contra la superficie de un coral. Una vez que la cáscara cedió, el pez succionó el interior del bivalvo, escupió los fragmentos de cáscara, y se fue.

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[Libros que nos inspiran] 'Cultura basura, cerebros privilegiados' de Steven Johnson

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Cultura basura, cerebros privilegiados del divulgador científico Steven Johnson tiene un planteamiento tan subversivo y brillante que, independientemente de si estáis de acuerdo con él o no, seguro que os hará pensar y replantearos muchas cosas. Conmigo lo consiguió.

La tesis principal de Johnson parte de lo que él llama “la curva del dormilón”, que asume que la cultura de masas está aumentando de complejidad progresivamente a causa de tres factores interrelacionados: los apetitos naturales del cerebro, el sistema económico de la industria cultural y las plataformas tecnológicas en evolución.

Así que, además, este es un ensayo científico dirigido a todas aquellas mentes esquemáticas que han acogido con servidumbre una serie de dogmas sobre la cultura y cómo ésta se adquiere y, sobre todo, está dirigido a los padres que censuran que sus hijos se dediquen cada vez más horas a los videojuegos, la televisión, los juegos de rol o Internet. Cuando menos, tras su lectura, muchos de los lectores de este libro harán un serio examen de sus creencias más arraigadas.

La idea de que la televisión es una caja tonta es un tópico que Johson, recurriendo a la neurociencia, derriba con tanta facilidad que uno se pregunta cómo no había llegado jamás a sus conclusiones. Los cerebros, sobre todo los infantiles, están construidos para ser constantes adictos a la información y la resolución de problemas. No existen los cerebros vagos o que tienden a la vaguedad, salvo excepciones. Si una televisión, pues, concita hasta tal extremo la atención de los niños, por ejemplo, no es porque la televisión los convierta en zombies o porque los niños se sientan más a gusto desconectando sus cerebros. La televisión es un estimulante cognitivo, y el telespectador está epistémicamente hambriento.

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Mejora tu inteligencia en sólo 20 días

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ver_imagen.jpgA pesar de que nacemos con una inteligencia, digamos, de serie, determinada por nuestro ADN, las experiencias pueden mejorar o empeorar nuestra inteligencia. Sin embargo, hay una técnica para mejorar significativamente la inteligencia en sólo 20 días. Se llama n-back.

El n-back una prueba o actividad interactiva continua que permite medir o poner en forma la memoria de trabajo, inteligencia fluida y concentración del individuo que la practique con frecuencia.

La actividad consiste en una figura aparece por poco tiempo en la pantalla y, tras desaparecer y aparecer de nuevo, el individuo debe señalar si la figura sigue donde estaba y, en cualquiera de los casos, memorizar la nueva posición de la figura para así continuar sucesivamente con el próximo ciclo. El nivel de dificultad se incrementa cuando se le pide al individuo señalar si la posición de la figura hace cierto número de ciclos atrás es la misma. El juego adquiere el nombre de 1-back, 2-back, etc. según el número de ciclos que se pida memorizar y recordar al individuo respecto a los ciclos anteriores.

En una investigación de Jaeggi del 2008, se afirma que esta actividad aumenta la inteligencia fluida, la cual fue medida de diversas maneras. Esto trajo la atención de la actividad y lo popularizó. En 2009 se reportó para esta actividad que 14 horas de formación por más de 5 semanas da lugar a cambios en la densidad mensurables para neurorreceptores de dopamina cortical.

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El campo aumenta nuestra inteligencia; la ciudad, no

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Una serie de recientes estudios psicológicos, como el publicado a finales de 2008 por la revista Psychological Science por parte de un equipo de investigadores de la Universidad de Míchigan, sugiere que, después de pasar un tiempo en un entorno rural tranquilo, próximos a la naturaleza, las personas mejoran su grado de atención, su memoria y su cognición.

Un cerebro más relajado, que no está a merced de continuos bombardeos de estímulos externos, funciona mejor. La sobrecarga de información que sufrimos en las grandes ciudades funde nuestros plomos.

En el estudio dirigido por el psicólogo Marc Berman, se reclutó a decenas de personas que fueron sometidas a pruebas diseñadas para medir la capacidad de su memoria de trabajo y su capacidad para ejercer control sobre su atención.

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Mmm... eh... uh... y otros titubeos que ayudan a mejorar el aprendizaje de los niños

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bebe_44.jpgMmm… Titubear, dudar y vacilar, aunque incómodo para nosotros, permite que nuestros hijos mejoren su aprendizaje. Es lo que sugiere un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Rochester en Nueva York (Estados Unidos).

Eh… concretamente, son esta clase de muletillas verbales lo que hace que los niños aprendan el lenguaje de manera más eficaz. El trabajo se publicado en la edición digital de la revista Developmental Science.

Mmm… estos titubeos envían la señal al bebé de que le vamos a decir algo importante o algo nuevo, lo que provoca que el bebé preste más atención entre el marasmo de palabras de los padres. Este efecto sólo aparece en niños mayores de dos años, ya que según los autores los niños menores no han aprendido aún el hecho de que las muletillas tienden a preceder a las palabras nuevas o desconocidas.

Esto… señala Celeste Kidd, coautora del estudio:

No estamos diciendo que los padres deban añadir muletillas a su discurso, pero sí que es bueno para ellos saber que utilizar estas pausas verbales es positivo, que estas expresiones de duda son informativas.

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Si te expresas con demasiadas palabras cultas no te creerán más inteligente

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Reconozco que, cuando escribo novelas o cuentos, tiendo a ser ampuloso; incluso rozo la pedantería y el esnobismo. Es un efecto secundario de cuando aspiraba a ser escritor: iba apuntando todas aquellas palabras que descubría y que, de algún modo, quería incorporar a mi vocabulario.

Eran palabras raras y pedantes, del tipo onicófago, acerico, pectiniforme, destazar, nictinastia, chirlo, tisuria, gnomon, apodíctico, termolábil, suberoso, entérico, nictémero, paniego, gruñidor, atrición, etc. Palabras que creía que le daban un aire más culto al texto y, por tanto, se me consideraría más fácilmente escritor.

Craso error. Y por varios motivos. El primero es que la literatura no debe de ser escribir de forma deliberadamente hermética (al menos no siempre). El segundo tiene que ver con una investigación que sugiere que las palabras cultas, propias de Góngora, no hacen necesariamente que nuestros lectores o interlocutores nos consideren más inteligentes.

El título del estudio es: Consecuencias del habla erudita empleada sin necesidad: problemas con el uso innecesario de palabras largas, llevada a cabo por Daniel Oppenheimer.

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¿Los animales tienen cultura?

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chimpances.jpgSolemos considerarnos el culmen de la evolución, las criaturas más chachis del planeta; incluso solemos diferenciarnos del resto del reino animal: allí están ellos, aquí estamos nosotros.

Pero la ciencia nos demuestra que la línea divisoria entre seres humanos y animales cada vez es más difusa. Por ejemplo, en el tema de la cultura.

Si bien es cierto que los seres humanos son especialistas a la hora de adquirir cultura con mucha facilidad y en fases muy tempranas de la vida (el psicólogo Andrew Meltzoff, de la Universidad de Washington, descubrió que cuando le sacaba la lengua a una niña de 3 semanas, ésta le devolvía el gesto), los animales también son capaces de imitar.

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La cocina como forma de aumentar la inteligencia

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cooking-mama-3.jpgHay una imagen de mi infancia que nunca he olvidado. Es una escena de la serie educativa Érase una vez el hombre. En ella, un adolescente que pertenece a un grupo de cavernícolas, tropieza y lanza por error la carne que han cazado ese día sobre un fuego. Los adultos consiguen sacar la carne a tiempo, pero ha quedado un poco chamuscada. Uno de ellos le hinca el diente y observa que ahora es más fácil de masticar.

Ignoro si el descubrimiento de la cocina fue exactamente así. Lo que sí puede sugerirse es que la cocción de los alimentos fue uno de los elementos decisivos en el aumento de inteligencia del ser humano. Y no, no me refiero a ver a Arguiñano o a Gordon Ramsay en la tele.

Incluso después de que los primeros homínidos aprendieran a producir y controlar el fuego, la idea de cocinar alimentos surgió cientos de miles de años más tarde. Entonces no sólo fue más fácil masticar los alimentos sino digerirlos. Y ahí está la clave, en la digestión.

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El experimento que quiso demostrar que las ratas pensaban

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Una vez se llevó a cabo un experimento para demostrar que las ratas pensaban. Y no, no se trataban de ratas hermanas de Algernon, el roedor superdotado de Flores para Algernon. Tampoco eran parientes de los roedores que eran dueños del universo en Guía del autoestopista galáctico. Y menos aún una mutación de Mickey Mouse.

En el experimento, la rata tenía que correr a lo largo de un pasillo, pasando por delante de una serie de puertas pequeñitas (escala rata), en cada una de las cuales había un símbolo diferente (por ejemplo, una cruz, un triángulo o un círculo). Las puertas permitían que la rata accediera a una estancia con comida.

Todas las puertas excepto una tenían el mismo símbolo, y todas las puertas que tenía el mismo símbolo estaban cerradas; sólo la puerta que tenía el símbolo diferente podía ser empujada y abierta para acceder a la recompensa en forma de pitanza.

La idea era que la rata aprendiera a fijarse en los símbolos, hasta aprender qué símbolos eran los que le facilitaban comida y qué símbolos no lo hacían. Sin embargo, al final de cada intento, el experimentador cambiaba los símbolos de las puertas, así que la rata tenía que empezar de nuevo.

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El sesgo modal: cuando pienso que los demás son más idiotas que yo

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A menudo escucho a mis amigos quejarse del tráfico que satura la ciudad: coches saltándose el semáforo en rojo o cometiendo otras imprudencias, estacionando en vados o directamente encima de la acera, etc. También oigo a otros amigos aficionados a la bicicleta despotricar de los coches, pero también de los peatones, que invaden su carril-bici (¿no dije antes que mis amigos peatones también dedican palabras poco cariñosas a los ciclistas, que no siguen las normas y pasan volando junto a ellos?). Y por supuesto tengo amigos conductores que les encantaría colgar de la plaza del pueblo a más de un ciclista: no respetan las normas de tráfico, se cuelan entre los coches, reducen la velocidad del tráfico en general, etc.

En otras palabras: todos pensamos de todos que son idiotas. Es decir, existe un sesgo modal, en palabras de Tom Vanderbilt.

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