Una vez secuenciado el genoma humano, completado en abril de 2003, el nuevo reto de la ciencia consiste en la secuenciación del metagenoma, es decir, la estructura microbiana que habita en el cuerpo de todos nosotros, un segundo genoma que será mayor que el propio genoma humano que también será marcador de determinadas patologías.
Todo nuestro cuerpo está repleto de microbios, desde la boca hasta el estómago, incluida la piel. Con todo, la mayor parte de esas bacterias (entre un 90% y un 95%) se encuentran en el tracto digestivo y el resto (el 5%) en piel y mucosas. La interacción con el propio genoma determina qué organismos pueden vivir en cada persona.
Cada individuo tiene hasta 10 veces más bacterias que células propias (que contienen, a su vez, todos los genes que el individuo ha heredado de sus progenitores), de manera que una persona cualquiera tiene 10 billones de células y, con ellas, viven 100 billones de microorganismos.

Considero a los seres humanos como organismos dinámicos, creativos, para quienes la oportunidad de aprender y de experimentar entornos nuevos amplifica el efecto que tiene el genotipo sobre el fenotipo.
Hay segmentos de nuestro
La maquinaria proteica que controla y construye nuestro cuerpo está traducida por unos 30.000 genes. Es decir, 30.000 tramos distintos de información digital. Cada gen es la receta de una proteína.
Las ranas son genéticamente muy parecidas a los seres humanos. Es la conclusión que se ha extraído después de que un equipo de genetistas estadounidenses haya descifrado por primera vez el genoma completo de un anfibio.
Como ayer me aproximé al ambiguo concepto de la inteligencia de un modo tangencial, hoy es justo encararnos con él y tratar de ir un poco más allá. 
