Las huellas digitales se producen cuando nuestra piel se está formando en el vientre de nuestra madre. Entonces es cuando está siendo continuamente sometida las presiones intrauterinas, al líquido amniótico, a los movimientos y la posición del feto en el útero, a la nutrición, la presión sanguínea, etc. Como si la piel fuera cemento fresco que se moldea según las influencias externas que reciba.
Dado que siempre existirá el elemento aleatorio característico de los procesos vitales, ello sugiere que no habrá dos personas con las mismas huellas dactilares.
Ni siquiera las de los hermanos gemelos univitelinos, aunque tenga nuestro pelo o nuestro ojos, no ocurrirá así con las huellas dactilares.

En Twinsburg, Christakis y Fowler llevaron a cabo una simple prueba de cooperación llamada “juego de la confianza”.
Si bien el entorno puede influir en la manera que somos, nuestro altruismo, egoísmo y cooperación tienen una fuerte influencia genética.
Afortunadamente, se ha perfeccionado mucho la objetividad de las pruebas modernas de CI, así como su insensibilidad a los antecedentes culturales o conocimientos específicos. También se tiene en cuenta que el CI tiene un gran componente de heredabilidad.