Uno de los fenómenos psicológicos/sociológicos/antropológicos que más me fascina es la fervorosa adscripción de un aficionado al fútbol con su equipo. Hasta el punto de que si su equipo gana un partido, parece sentirse como si él mismo hubiera ganado el partido. De hecho, no nos costará ver cómo el aficionado del equipo ganador ridiculiza al aficionado del equipo perdedor, como si el perdedor fuera más el aficionado y no el equipo.
Sospecho que este fenómeno me fascina tanto porque nunca he sentido nada ni remotamente parecido (supongo que influirá que no me guste el fútbol, no sé; aunque me encanta el cine y tampoco he sentido ningún un orgullo especial cuando un actor español se ha llevado el Oscar, por ejemplo). En cualquier caso es un fenómeno muy común. Tan común y universal que incluso tiene un nombre: el efecto BIRG.
El efecto BIRG (Basking In Reflected Glory, es decir, Complacencia en la gloria reflejada) es la responsable de que nos guste decir a los demás con orgullo que nosotros fuimos al mismo colegio que determinada celebridad, y que la gente diga “nosotros ganamos” cuando en realidad ganó un equipo de jugadores que chutan el balón a cambio sumas astronómicas de dinero.
Pero el efecto BIRG tiene otras implicaciones más sutiles, aunque sumamente interesantes. Por ejemplo, que la gente tienda a mentir sobre su fecha de nacimiento para fijarla en días señalados. Un tendencia que incluso podemos observar en el clero. Sí, habéis leído bien. A los curas les encanta nacer en Navidad.
El análisis lo realizó Albert Harrison, de la Universidad de California:


Los hombres tienden a tener cerebros más sistematizadores. Las mujeres, cerebros más empatizadores. Lo irónico es que existe una enfermedad que describe a los demasiado sistematizadores y no a los demasiado empatizadores.
Desde lejos, contemplar la Ola producida por miles de personas perfectamente sincronizadas puede resultar un espectáculo más hipnótico que el mismo partido de fútbol disputado por un puñado de orangutanes tras un trozo de caucho.

En un artículo publicado por los profesores Rich Masters, John van der Kamp y Robin Jackson del Instituto de Rendimiento Humano de la Universidad de Hong Kong descubren que los lanzadores de penalties son más dados a disparar hacia el lado con mayor espacio. En un principio, un penalty coloca a un portero en tal desventaja que solo aproximadamente el 18% de las veces los paran. Sin embargo, algunos aficionados al fútbol piensan que los porteros pueden parar penalties más fácilmente quedándose parados en el lado izquierdo o derecho de la portería.