La venta de agua cada vez es un negocio más lucrativo: sencillamente la gente ha adoptado la creencia de que el agua es salud, y que cuanto mejor sea el agua, más salud tendrá: así pues, mejor el agua embotellada o filtrada que la del grifo. Por ello la gente cada vez compra más agua embotellada, o realiza costosas inversiones para instalarse filtros purificadores.
Pero ¿hasta qué punto esto es cierto?
En la mayoría de los países del Primer Mundo, el agua del grifo es potable y no reviste ninguna contraindicación para la salud. Por ejemplo, según la Inspección Británica de Agua Potable:
Todo el suministro de agua potable de Inglaterra y Gales puede beberse con seguridad y no es preciso instalar ningún tratamiento doméstico adicional como medida de protección sanitaria.
Además, un informe reciente reveló que el 99,96 % de las muestras de agua cumplían las normas legales respecto al control de pesticidas. Las que no la cumplían tampoco suponían un riesgo sanitario.
En Estados Unidos, la calidad del agua corriente posee más variaciones, pero hasta el Consejo de Defensa de los Recursos Naturales considera que no es necesario filtrarla.

Un profesor experto en química ha desarrollado un nuevo filtro ideal para poder filtrar el arsénico que se encuentra presente en las aguas subterráneas. El filtro ha convencido a los expertos de tal modo, que ha servido a su autor, Abul Hussam, ser recompensado con el galardón Grainger 2007 al Reto por la Sostenibilidad ofrecido por la Academia Nacional de Ingeniería de Estados Unidos y dotado con nada menos que un millón de dólares.