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Mujeres que han ganado el Nobel por su dedicación a la ciencia

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marie_curie.jpgA rebufo del Día Internacional de la Mujer Trabajadora (celebrado el 8 de marzo pasado), vale la pena echar un vistazo de la presencia de la mujer en el mundo de la ciencia de máximo nivel. Por ello, nada mejor que revisar cuántas mujeres han obtenido este galardón en el ámbito de la ciencia.

Incluyendo el premio de 2010, ha sido otorgado 776 veces a hombres, 41 veces a mujeres y 23 veces a organizaciones. Entre las mujeres ganadoras del Premio Nobel, la primera fue Marie Curie, quien ganó el de Física en 1903 junto a su marido Pierre Curie y Henri Becquerel. Es también la única mujer que ha ganado el Premio Nobel en más de una ocasión, ya que en 1911 ganó el de Química. Su hija, Irène Joliot-Curie, ganó el de Química en 1935, por lo que son la única pareja de madre e hija que ha obtenido esta distinción.

Rita Levi-Montalcini (premio Nobel de Medicina en 1986), lo recibió con 102 años es la premio Nobel viva más anciana que existe y la primera que llegó a los 100 años de edad.

10 mujeres han ganado el de Fisiología o Medicina, 4 el de Química y 2 el de Física.

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Las 10 mujeres científicas más importantes de la historia

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jodie-foster-contact-570x238.jpgMuchos, cuando acometen la lectura de las 10 mujeres científicas más importantes de la historia, se rascan un segundo la cabeza: ¿de verdad hay tantas? Y es que la mujer no parece haber tenido un gran protagonismo científico.

Algunos neurocientíficos, como Baron-Cohen, sostienen que la razón es biológica: las mujeres tienen menos testosterona y, por tanto, menos facilidad para el razonamiento matemático, por ejemplo. Psicólogas como Cordelia Fine sostienen que esa razón es endeble y que la verdadera razón de la escasa participación de la mujer en el ámbito científico se debe a que socialmente se considera una tarea de hombres (afortunadamente, cada vez menos). Podéis leer sus argumentos en su último libro, Cuestión de sexos, del que también podéis leer una amplia reseña aquí.

Las universidades forman miles de futuras científicas, pero a la hora de ocupar primeras planas lo cierto es que nuestra sociedad las relega.

Por ello, L’Oreal y New Scientist han realizado una encuesta para reivindicar el papel de las mujeres en la ciencia listando las diez científicas más importantes de la historia.

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La imposibilidad matemática de no discriminar laboralmente

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En ocasiones, las buenas intenciones generan malos resultados. Es el caso de evitar la discriminación en todos los aspectos posibles, sobre todo a nivel laboral. Y no sólo se producen malos resultados, sino resultados paradójicos.

Por ejemplo, está prohibidísimo decir algo que minusvalore a una mujer o a un grupo étnico. Pero nadie se escandaliza si se discrimina a un calvo, o al que sostiene una opinión distinta a la corriente mayoritaria y buenrollista.

Me explico: un empresario será socialmente estigmatizado si se niega a contratar a una mujer porque, a su juicio, le resulta menos rentable. Pero nadie defenderá ni impulsará cuotas de contratación para calvos, gordos o cualquier otro rasgo que el empresario considere poco rentable (si es calvo, no da buena imagen; si es gordo, será un vago; etc.).

Si alguien “cree” que eres tonto y no cuenta contigo, puede ser más o menos censurado. Si “cree” que eres tonto porque eres inmigrante, mujer o beato (o ateo, que no enfade nadie: el presidente de EEUU nunca podría declararse ateo) entonces a todas luces es censurable. No importa las razones que arguyas para declarar tonto a uno, aunque sean completos juicios sesgados. Pero si la razón es ser lo anteriormente dicho, entonces es censurable sin discusión.

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¿Por qué el feminismo podría entorpecer el progreso de la ciencia? (y II)

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3- Despreciar los resultados del estudio como tendenciosos por influencia de los prejuicios de los investigadores, todos ellos machistas recalcitrantes. Y tal vez sea verdad: tal vez esos investigadores sean machistas, o incluso cosas mucho peores (los científicos también son humanos y con defectos). No obstante, los críticos han de ser capaces de encontrar el fallo por el cual dichos prejuicios del científico han distorsionado el resultado del estudio: no basta con demostrar que el científico es machista.

Es mucho más fácil despreciar las estadísticas como si fueran simplemente una herramienta para manipular los datos (lógicamente, los críticos de estas estadísticas aceptarán otras distintas para sostener los datos que les convienen). Y todo ello sin entrar o comprender los enrevesados detalles de los datos y su interpretación.

Como apunta el físico Alan Sokal, seguir esta actitud de desprecio o constructivismo radical “sería un ácido universal que atacaría también las pretensiones de quienes lo aplican”.

Todo esto no significa, insisto, que las críticas feministas no deban tenerse en cuenta. Pero éstas, al igual que las críticas de cualquier otro tipo, deberían ser rigurosas y evitar la demagogia y el apasionamiento a fin de no tropezar en lo que denunciaba Francis Bacon. Ello podría costarnos que determinados estudios no se realicen, o peor aún: que no se puedan publicar abiertamente por miedo a enfadar al políticamente correcto.

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¿Por qué el feminismo podría entorpecer el progreso de la ciencia? (I)

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Soy consciente de que, con este tema, me estoy metiendo en un campo minado… así que trataré de conducirme paso a paso para que vuestra susceptibilidad no me estalle en la cara.

El feminismo es una corriente de pensamiento necesaria y coherente frente a la discriminación histórica que ha sufrido la mujer. Sin embargo, como cualquier otra postura política, en algunos aspectos puede llegar a ser socialmente comprometida pero intelectualmente perezosa.

Porque, como decía Francis Bacon: “El hombre cree más fácilmente lo que quiere que sea verdad. Rechaza, por tanto, las cosas difíciles, debido a su impaciencia por investigar.”

Pero vayamos a un caso práctico (aunque hipotético). Imaginad que se publica un estudio que verifica las diferencias de capacidad matemática ligadas al sexo mediante pruebas de neuroimagen y tests de preguntas a miles de alumnos de primer ciclo de secundaria.

El estudio es claro: las pruebas matemáticas son ampliamente superadas por los chicos frente a las chicas, y además se activan más áreas cerebrales en ellos que en ellas cuando resuelven esta clase de tests.

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El harén de Pickering

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Cuando debemos mencionar a un astrónomo del sexo femenino, a todos se nos viene a la cabeza Hipatia de Alejandría. Pero lo cierto es que hay muchas más astrónomas que han despuntado a la lo largo de la historia. De hecho, un buen grupo de ellas se aglutinó en un mismo y peculiar equipo de investigación que pasó a llamarse el harén de Pickering.

A pesar de que la época de la que estamos hablando (principios del siglo XX), donde los movimientos feministas todavía no habían eclosionado, un destacado astrónomo estadounidense, Charles Pickering, decidió formar un equipo de observación exclusivamente femenino.

Nacido en Boston y graduado en Harvard, Pickering llegó a ser director del Observatorio de Harvard y fue el descubridor, junto a Vogel, de las primeras estrellas binarias, en 1889. Sin embargo, también tenía una especial opinión sobre las mujeres: ellas tienen una mayor capacidad de observación.

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¿Las mujeres son tan violentas como los hombres? (y II)

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En el post anterior hablábamos de la cuota de agresividad de la mujer, que era equiparable a la del hombre. La mujer, sin embargo, expresa su agresividad de una forma indirecta.

La agresión indirecta consiste en calumniar, en chismorrear, en difundir rumores malignos, en establecer estrategias y alianzas contra terceros que dejarían a Terminator patidifuso. En definitiva, la violencia masculina deja señales claras y evidentes en forma de hematomas; la femenina provoca hematomas psicológicos más profundos que son difíciles de detectar y de medir, y por tanto castigar. Existen muchas formas de agresión más dolorosas y eficaces que un puñetazo, y lo más probable es que te ahorres una temporada entre rejas si las empleas.

Insisto en aclarar que tanto los hombres como las mujeres son duchos en el empleo de estas formas indirectas de agresión; todos somos animales políticos. Pero el caso de la mujer es especial, pues ella debe evitar los deslices físicos en mayor medida: no sólo le perseguiría la justicia, sino que sufriría una estigmatización social y cultural que no se da con tanta intensidad en los hombres. Vuelve a hablar Angier:

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¿Las mujeres son tan violentas como los hombres? (I)

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A pesar de las apariencias, a pesar de que existe la tipificación penal de la violencia de género del hombre hacia la mujer pero raramente ocurre a la inversa, las mujeres y los hombres poseen una cuota de agresividad y crueldad muy similares. Antes de que las asociaciones feministas se me tiren encima (de forma no violenta, claro), vamos a intentar matizar esta afirmación

Kaj Björkqvist, de la Turku Akademi de Finlandia, ha llevado a cabo comparaciones interculturales de niños de Europa, Norteamérica, Oriente Medio y Asia. Las conclusiones son reveladoras: todos los niños pequeños son físicamente agresivos, y antes de cumplir los tres años de edad no existen diferencias significativas entre los dos sexos en este aspecto.

A partir de entonces, cuando los niños comienzan a hablar y a reflexionar, la sociedad empieza a ser cada vez menos tolerante con las muestras de agresión física. Una patada o un manotazo son duramente reprobados. A los niños se les ofrece la posibilidad del diálogo antes de llegar a las manos. Si el comportamiento agresivo persiste en la pubertad, éste incluso se cataloga de patológico. Lo relevante es que esta reeducación de la innata tendencia a la violencia física es especialmente coercitiva en el sexo femenino.

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