Toda clase de criaturas están siendo catalogadas. Son criaturas del abismo, aunque no del abismo que te devuelve la mirada que decía Nietzsche, aunque casi. Los investigadores del Censo Mundial de Vida Marina (una red global que opera en 80 países) han catalogado ya 17.650 especies que habitan en las profundidades abisales, entre los que se encuentran peces, cefalópodos, crustáceos y equinodermos.
Algunos ejemplares se alimentan de restos de petróleo, de sulfuro, de metano y de huesos de ballenas muertas. Son vampiros marinos, mucho más fascinantes que los modelos de H&M soseras de Crepúsculo. Una fauna invisible que habita a profundidades de 5.000 metros y más allá.
El último reporte del censo ha certificado algo que sólo se sospechaba, que la biodiversidad en las profundidades marinas es extraordinaria, alberga todo un mundo por descubrir, que poco a poco va mostrando sus detalles gracias al sonar, a cámaras submarinas de altísima sensibilidad, a robots de control remoto y a otros ingenios que recuerdan a la película Abyss.
A partir de los 200 metros de profundidad la fotosíntesis ya no es posible. A esa profundidad ya se encuentran los llamados ‘dumbos’(pulpos con aletas que parecen orejas).
