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La embarazada desmemoriada: efectos de la oxitocina en el parto

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Lo de que parirás con dolor, que dijo aquél, quizá tenga bastante sentido a nivel biológico. Lo cual podría interpretarse como una ventaja y no como un castigo divino. Y, por tanto, también daría algunos argumentos a los defensores del parto natural frente al parto por cesárea y el uso de analgésicos.

Con el dolor del parto hay un incremento astronómico de endorfinas en la mujer. Ya desde la décima semana de embarazado se producen más endorfinas de lo normal, pero con el parto la cosa se desboca. Su función es aplacar el miedo y el dolor.

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¡A ponerse en forma! Lo que pasa cuando hacemos ejercicio (y III)

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Un escaneo de lo que ocurría cada mañana en mi cuerpo cuando salía entrenar en bicicleta podría resumirse de la siguiente manera: me monto en la mountain bike, pongo en marcha mi reproductor de mp3 para dejarme envolver por la música y empiezo a pedalear lentamente por el paseo marítimo.

El sol me baña con su luz, el mar está tan espejado como una de esas bolas horteras de las discotecas de los años 80, las cosas se desplazan cada vez a mayor velocidad, quedándose siempre atrás, como si mi bicicleta fuera una máquina para viajar al futuro, y mi provenir estuviera instalado en el horizonte.

Entonces, a los pocos minutos, se activa el sistema nervioso simpático, las glándulas suprarrenales segregan adrenalina, el corazón late más deprisa, aumenta la ventilación pulmonar, el metabolismo se acelera, la presión sanguínea se eleva, las arterias musculares se dilatan para multiplicar su riego sanguíneo, el hígado libera más glucosa.

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Nuestro cerebro está siempre drogado: ¿cómo sacarle partido? (I)

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La gente suele responderme irritada cuando trato de explicar que el amor es pura química agitada en la coctelera hormonal. Esto ocurre, probablemente, por mi falta de tacto, pero también porque parece que, de ese modo, le estoy arrancando la magia, el romanticismo al sentimiento amoroso.

La gente medianamente cultivada puede incluso asumir que el miedo o las emociones fuertes como las que experimentamos al lanzarnos en paracaídas deben tener su propia arquitectura química y neuronal. Pero un sentimiento tan rico y platónico como el amor, el pegamento de las parejas, el lubricante de las relaciones sociales, el sentimiento en definitiva que nos define como humanos no puede proceder exclusivamente de un sustrato fisiológico.

Sin embargo, precisamente porque el amor es un sentimiento tan fundamental en el ser humano necesita de un circuito subyacente para cumplir bien su cometido. Si el amor no tuviera esta base fisiológica innata y tuviera que aprenderse como se aprende mecanografía o a montar un mueble del Ikea, entonces la emoción no tendría el poder transformador que tiene.

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