Si pudiéramos saborear una cucharadita de una estrella enana blanca, descubriríamos que no sabe demasiado bien. Sería como lamer un trozo de carbón, pues las enanas blancas se componen básicamente de helio o carbono, tal y como señala el astrónomo del Adler Planetarium de Chicago Mark Hammergren.
Sin embargo, antes deberíais conseguir una cucharadita de enana blanca, una tarea bastante complicada.
En primer lugar deberíais llegar hasta una de ellas, y la enana blanca más próxima a nosotros se encuentra a 8,6 años luz. Además, la maniobra de aproximación a la estrella sería peliaguda, porque son extremadamente densas, y la gravedad es 100.000 veces mayor que la de la Tierra.

