A rebufo de los candentes comentarios que ha generado el artículo Las células madre y la fe religiosa, vamos a bucear de nuevo en el libro de Sam Harris, El fin de la fe, con objeto de aclarar algunos conceptos acerca de la naturaleza de la fe en la ciencia y la fe en la religión.
Antes, sin embargo, aclarar un punto que me parece fundamental. Cuando se habla de ciencia o de religión, no se menciona al científico o al religioso. Habrá científicos buenos, malos, dogmáticos, razonables y demás epítetos, como los hay entre los religiosos o los que profesan una fe irracional.
Así pues, lo que se pone de relieve en realidad es el sistema en sí y sus defectos estructurales, no los usos o los errores que han arrostrado sus fieles, tanto de la ciencia como de la religión.

Es evidente que no sabemos (absolutamente nadie) cuándo adquirimos nuestra humanidad. Y trazar una línea clara es totalmente arbitrario. Pero todo el que insista dogmáticamente que ese rasgo coincide en el momento de la concepción no contribuye en absoluto en el debate.
Que no se me malinterprete. La fe religiosa no es la única fuente de irracionalidad que desdeña alegremente los descubrimientos de la ciencia. También los son la astrología, por ejemplo, o el avistamiento de ovnis.