Alrededor de 1.200 trastornos físicos y psicológicos se han conectado con genes únicos. Alfabéticamente van desde el síndrome de Aarskog-Scott hasta el síndrome de Zellweger.
El resultado es el principio UGUE: Un gen, Una enfermedad (One Gene, One Disease).
Los investigadores y los médicos en ejercicio están especialmente contentos con los descubrimientos de UGUE, porque la mutación de un único gen posee invariablemente una rúbrica bioquímica que puede utilizarse para simplificar el diagnóstico. Puesto que la rúbrica es un defecto en algún lugar de la secuencia de acontecimientos moleculares que produce la transcripción del gen afectado, con frecuencia puede revelarse con una prueba bioquímica sencilla.

Cada uno de nuestros genes es una hebra de 2.000 a 3.000 pares de bases (letras genéticas). Entre los pares de bases que componen los genes activos, cada triplete (conjunto de tres) se traduce en un aminoácido.
Lo increíblemente pequeño pasa desapercibido para nuestros sentidos. Sin embargo, las cosas más pequeñas progresivamente irán surtiéndonos de cosas cada vez más grandes.
Ésta es la gran paradoja de las ciencias sociales: que son más difíciles pero parecen más fáciles que la física o la química. Como dice Edward O. Wilson, esta familiaridad confiere comodidad, y la comodidad engendra descuido y error.
No importa que hablemos de seres humanos de distintas culturas, tampoco de primates sociales no humanos en los que se ha estudiado en profundidad el desarrollo sexual (como los titís y tamarinos de Sudamérica o los macacos asiáticos). El efecto Westermarck se produce en todos ellos.