Cada vez más trabajos recientes de antropólogos y psicólogos cognitivos sugieren que existen estructuras mentales subyacentes para explicar la tendencia humana casi universal de invocar agentes sobrenaturales para explicar fenómenos naturales. Por ejemplo, si retumba un trueno, la explicación es: ha sido Dios. Y esta explicación se ha mantenido hasta que la ciencia ha demostrado cómo se producen los truenos.
La mejor forma de penetrar en esta dinámica psicológica es leyendo los cultos Cargo: personas que viven en nuestra época que, por carecer de ciencia y conocimientos tecnológicos suficientes, aportan explicaciones divinas a que seres humanos desciendan del cielo en aviones.
Una fase crucial en la evolución del cerebro de los primates superiores fue el desarrollo de un módulo de “teoría de la mente”, con el que los individuos adquieren la capacidad de conceptualizar las acciones de otros individuos como gobernadas por creencias e intenciones análogas a las nuestras, y formar conjeturas acerca de dichas creencias e intenciones como explicaciones del comportamiento observado. Una vez se concibe a los otros humanos como poseedores de pensamientos invisibles que determinan sus acciones, no hay que dar un gran salto para imaginar agentes invisibles (ancestros, espíritus, dioses, etc.) que, de manera análoga, tienen pensamientos y deseos y son capaces de emprender acciones a partir de ellos. En definitiva, la religión se monta en la maquinaria cognitiva ya presente en la mente humana.

Muchas personas sostienen que la religión debería protegerse y permanecer en contacto con nuestra cultura, y que ello no debería ser problema para la ciencia, pues ciencia y religión poseen distintos dominios de competencia. Esta idea fue defendida, por ejemplo, por Stephen Jay Gould en su libro Ciencia versus Religión.
Otro aspecto que habría que añadir a esta clase de fe basada en intuiciones o sensaciones, mitos y leyendas, es que no precisa de sentido crítico alguno, es impermeable al cuestionamiento sistemático. Es decir, muchos de nosotros podemos creer que la teoría del Big Bang puede ser provisionalmente cierta. Pero estamos dispuestos a admitir que es errónea en cuanto nos presenten una teoría alternativa más sólida o alguna prueba de que el Big Bang no pudo producirse sin violar todas y cada una de las leyes de la naturaleza que ya hemos ido acabalando mediante pruebas y errores.
Mucho se ha comentado en posts anteriores sobre la conveniencia de profesar una fe, incluso de la idea de que todos, esencialmente, tenemos fe en algo: unos en la ciencia, otros en Dios, otros en el hombre, y así.
En 1976, a la edad de 35 años, el biólogo Richard Dawkins escribía “El gen egoista”, un libro que en su momento desató numerosas polémicas y que hoy en día sigue siendo motivo de debate.
