Os decía en el artículo anterior que el futuro de la humanidad pasa por el diseño genético de los seres humanos. Algo que suena a frío, a película tipo Gattaca. Sin embargo, la alternativa a esta situación aún os sonará peor.
Porque pensad en lo siguiente: con la llegada de la medicina moderna, cada vez se pueden moderar o evitar de forma deliberada más defectos hereditarios. La fenilcetonuria, por ejemplo, afectaba hasta hace pocos años a 1 de cada 10.000 niños con retraso mental grave. Ahora los médicos evitan completamente los síntomas al limitar la dieta de los niños fenilcetonúricos a alimentos libres de fenilalanina.
Es decir, que la gente usa el conocimiento científico para obtener un control consciente sobre su herencia. Pero la moderación de los efectos de los genes perjudiciales tiene una doble cara: los beneficios que se vayan acumulando habrán de pagarse con una dependencia creciente de procedimientos médicos pesados y con frecuencia caros.

La gran noticia en la evolución humana reciente es la homogeneización a través de la inmigración y el entrecruzamiento.
La pregunta parece un poco obvia, pero no lo es tanto: ¿el ser humano sigue evolucionando? Sin ir más lejos, el otro día, alguien me dijo que evidentemente seguimos evolucionando y que no debemos que dejar de hacerlo nunca. Mi ex profesor de 
Uno de los argumentos más potentes de las teorías creacionistas, que intentan rebatir la Teoría Sintética de la Evolución, es 
Mucho se ha especulado desde que Benedicto XVI se puso a la cabeza de la Iglesia Católica sobre si su actitud ante el darwinismo iría en la línea que dicta la ciencia o, por el contrario, en el camino tomado por los integristas y su diseño inteligente. Las dudas quedaron resueltas hace unos días con la publicación del libro Schoepfung und Evolution (Creación y Evolución) la semana pasada en Alemania.