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Se cumple el 50 aniversario de los experimentos de obediencia de Stanley Milgram

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Escuchar historias sobre torturas, codicia empresarial, fraudes y mala conducta es algo cotidiano en las noticias que recibimos a diarios. Durante años, los científicos han intentado comprender por qué la gante común se puede ver obligada a cometer actos atroces. Gran parte de lo que conocemos sobre este tema se remonta a la obra de un hombre: Stanley Milgram.

Hace 50 años, Milgram, un Profesor adjunto de Psicología de la Universidad de Yale, inició una famosa y controvertida serie de experimentos para poner a prueba los límites de la obediencia de la gente a la autoridad, y así determinar hasta qué punto llegaría una persona para infligir dolor a otras sólo porque se lo hayan ordenado.

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Ser anormal no siempre es bueno... ser Tyler Durden, tampoco

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tyler-durden.jpgSupongo que la mayoría de vosotros conoce la película El club de la lucha (Fight Club). En una de las escenas más memorables (qué difícil es escoger solo una), Tyler Durden ordena a los nuevos reclutas que salgan a la calle y busquen pelea con cualquiera. La idea es provocar a alguien hasta el punto de que esa persona decida darles candela. A pesar de que los reclutas hacen todo lo posible para provocar la pelea (mojar a un señor con traje con una manguera, saltarse la cola, imitar los gestos de un viandante, etc.), nadie reacciona peleando, tal y como sucede en las películas o en las discotecas (cuyos monos danzantes van hasta arriba de alcohol y drogas).

Lo que hace la gente ante un provocación tan flagrante, ante un comportamiento tan anormal, es sentir estupor, confusión, desconcierto. Tal vez, a continuación haya, eso sí, un pequeño arrebato de furia. En El club de la lucha, pues, reírse de la gente y quedar impune es muy cool. Y por esa clase de motivos la película gusta tanto a encefalogramas planos.

Quienes me leéis con regularidad ya conocéis mi aversión por las personas normales. Lo normal es atonal, monótono y neutro. La ortodoxia es aburrida. En el mundo hay mucha gente pero pocas personas, que diría Mafalda. Los locos abren los caminos que más tarde seguirán los sabios, que diría Carlo Dossi. Y hasta he escrito sobre cómo nos volvemos idiotas en cuanto pensamos en grupo, como en Si mucha gente cree una cosa no significa que ésta sea verdad: la disonancia cognitiva de los grupos o La mayoría se equivoca: matemáticamente comprobado.

Pero ser anormal, dar la nota, aprovecharse de los demás, colarse en el cine y comportamientos afines no son tan estupendos como parecen.

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Ser lo que deberías ser: si te dicen que serás malo, tenderás a ser malo

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412292471_f8749d4f69.jpgSiguiendo la línea de los estudios que ya os referí sobre cómo nuestros nombres pueden llegar a influir en nuestro porvenir (como ¿Hasta qué punto nuestro nombre puede condicionar nuestra vida? o Las iniciales de nuestro nombre pueden influir en nuestra esperanza de vida), en los años 1950 se llevó a cabo una investigación que tal vez fuera pionera en este tipo de visión: somos en parte lo que deberíamos ser.

La investigación la realizó el psicólogo Gustav Johoda sobre el pueblo Ashanti en la Ghana central.

Según la tradición de los Ashanti, los niños deben recibir un nombre espiritual asociado al día su nacimiento, y cada día está asociado a su vez a un conjunto de rasgos de la personalidad.

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Alterando el genoma para cambiar las conductas (y II)

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Como os señalaba en la anterior entrega de este artículo, hay pruebas que sugieren que los genes desempeñan en el desarrollo de la mente humana más o menos el mismo papel que en la mente animal. Incluso hay trastornos de la mente y la conducta que pueden vincularse directamente a alteraciones de genes concretos.

Un sitio de Internet de los NIH (Institutos Nacionales de la Salud), cataloga literalmente miles de trastornos que pueden relacionarse con alteraciones de genes individuales. Por ejemplo:

-La fenilcetonuria, también conocida como PKU. (gen PAH)

-Diversas formas de lisencefalia. (gen ARX)

-La enfermedad de Huntington (llamada también corea de Huntington y conocida antiguamente como baile de San Vito), que es una enfermedad neurodegenerativa. En toda Europa hay unos 45.000 afectados. En Norteamérica, unos 30.000. (Triplete CAG del gen HD)

-El síndrome de Angelman, antiguamente llamado síndrome de la marioneta feliz, que es un trastorno que da lugar a un temperamento feliz acompañado de atraso mental grave y expresiones faciales inhabituales. (Disomía uniparental del cromosoma 15 (15q11-q13))

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Alterando el genoma para cambiar las conductas (I)

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mosca.jpgLa gente de la calle ya ha asumido que los genes determinan el desarrollo de nuestro cuerpo. Incluso en el desarrollo de nuestro cerebro. Pero todavía es reticente a aceptar que los genes también influyen en la mente y en la conducta, que no nacemos como pizarras en blanco en las que el ambiente escribirá libremente.

Lo cierto es que nacemos con cosas ya escritas. Y aunque el ambiente también escribe, hay que tener en cuenta que tendemos a escoger a aquellos ambientes que favorecen al máximo lo que ya llevamos escrito.

La influencia de los genes en la conducta animal ha sufrido grandes avances a finales de la década de 1990, cuando los neurocientíficos del desarrollo fueron capaces de alterar o romper (knock out) genes concretos. Hasta el punto de que se han vinculado rasgos concretos con genes concretos.

Por ejemplo, son especialmente valiosos los estudios realizados de los hábitos de recolección de comida de los gusanos (Caenorhabditis elegans) y de las moscas de la fruta (Drosophila melanogaster).

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Nunca mires a los ojos del conductor de un coche

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cars2_0.jpgComo animales sociales que somos, nuestro rostro ha evolucionado para transmitir nuestras emociones a nivel infinitesimal. Y de todos los rasgos de nuestro rostro, el más poderoso y elocuente son los ojos. Precisamente el rasgo que se pierde cuando conducimos un coche.

Esta hecho, puestos a teorizar, podría ser una de las razones que agudiza la insolidaridad en la carretera. El contacto ocular entre los conductores y viandantes es casi inexistente o inexistente del todo, tal y como señala Tom Vanderbilt:

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Algunos ejemplos curiosos de patrones de conducta enlatados

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yorobot-1.jpgTodos somos un poco robots, por mucho que intentemos diferenciarnos de ellos. Todos albergamos un buen número de características innatas, que vienen de serie, y que configuran gran parte de lo que somos y lo que pensamos.

Tal vez en los animales sea más evidente. Como los cachorros de perro labrador, que son capaces de localizar la mirada de su amo.

Los caballos pueden controlar su musculatura los suficiente para andar decentemente al cabo de pocos minutos de haber nacido.

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¿La televisión realmente aumenta los casos de violencia? (y III)

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La intuición nos dice que si vemos mucha violencia en los medios de comunicación, al final quedaremos insensibilizados ante la violencia o, peor, acabaremos imitándola en el mundo real.

También es lo que parece ocurrir en determinados experimentos de los años 1960 realizados por el psicólogo Albert Bandura, de Stanford, que demostraban cómo los niños se volvían más violentos ante el espectáculo de la violencia.

El experimento consistía en mostrar a varios grupos de niños cómo unos adultos maltrataban una y otra vez con la mano, con un martillo de madera o con un bate de béisbol a Bobo, un muñeco tentetieso. Algunos de estos adultos recibieron elogios por la agresión; el resto fue castigado con coscorrones. A continuación, se ofreció a los niños, algunos de los cuales habían sido previamente frustrados quitándoles un regalo, la oportunidad de darle una lección al pobre muñeco Bobo.

Los niños que habían visto cómo se elogiaba la agresividad de los adultos fueron los que se desahogaron con más encarnizamiento con el chivo expiatorio en forma de muñeco Bobo.

Lógico, ¿verdad?

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¿Por qué hacemos lo que hacemos? (III)

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4. ADOLESCENCIA.

Todos hablamos de la edad del pavo, de lo insoportables e inestables que pueden llegar a ser los adolescentes, pero ¿cuánto hay de cierto en ello?

Al parecer, mucho. A partir de los 12 años, el ser humano empieza a transformarse a gran velocidad. El cuerpo se deforma, se estira, salen pelos en axilas y genitales, cambian las voces, llega la regla, el semen… una montaña rusa biológica similar a la de un gusano que se metamorfosea en mariposa.

Ninguna otra especie animal tiene adolescentes. Además, los adolescentes son relativamente recientes entre los seres humanos. A partir del estudio de huesos y dentadura de los homínidos fosilizados, se ha datado el surgimiento de esta etapa entre 800.000 y 300.000 años, momento en el que se produjo la última gran expansión del cerebro para adquirir el volumen actual.

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Los personajes de la personología

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PortadaPersonologia

Merendando tranquilamente nuestra leche con galletas, asistimos a lo que se prevé una interesante discusión entre nuestra tía y nuestra abuela.

Al parecer, nuestra tía intenta desesperadamente convencer a su madre de que le deje salir a dar una vuelta con esa amiga nueva que ha hecho. La que se pinta los ojos y viste como una chica mayor.

Nosotros no lo entendemos, sólo tenemos 8 años.

Pero vemos que nuestra abuela, lista como nadie, le prohíbe que lo haga bajo una deducción que sólo las abuelas y las madres experimentadas saben hacer: “Tú no sales con esa, que no tiene cara de nada bueno”.

¿Prejuicios de nuestra querida abuelita?

Pues según Naomi Tickle y su multitud de compañeros del Centro Internacional de Personología, lo que hacía Encarna era aplicar ciencia. Y sin necesidad de haber ido a ninguna universidad, por supuesto.

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