Buceando por Internet me he topado con este estudio llevado a cabo hace unos meses. Es un estudio con hamsters, y los seres humanos no somos hamsters. Pero los hamsters son mamíferos y nosotros también, y los estudios con ellos son un buen comienzo para apuntar pistas sobre cómo funcionamos nosotros. O un mal comienzo, a tenor de los resultados.
Y es que dormir con la televisión encendida podría causar depresión, según este estudio. Sí, sé lo que estaréis pensando: no me extraña que pueda causar depresión pasarse toda la noche viendo cartomantes adivinando el porvenir de insomnes, la teletienda o esos concursos oligofrénicos en los que buscan nombres de personas que empiecen por la letra A… ¡llamad ahora, tengo las líneas abiertas, quiero una llamada ya!
Pero no es exactamente ésa la razón de que la televisión produzca depresión. De hecho resulta irrelevante lo que pongan esa noche: lo importante es que la pantalla de la televisión desprende luz. Muy poca, pero la suficiente para alternar nuestros ritmos circadianos.

Alguna vez nos hemos acostado pensando a qué hora deberíamos despertarnos y, aunque no tuviéramos despertador a mano, hemos abierto los ojos justo a esa hora. ¿Eso significa que el cerebro sabe qué hora es?