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Si las matemáticas y la ciencia ocuparan el puesto de la religión y la superstición en las escuelas primarias y secundarias, el mundo se convertiría en un lugar más sensato, y la vida más digna de ser vivida. Es por lo que aboga el autor de Elogio de la impertinencia, Piergiorgio Odifreddi, cuyas intervenciones periodísticas, radiofónicas y televisivas son ácidas y directas.
Sin embargo, no es para tanto. Voy a intentar explicarme. Piergiorgio Odifreddi, profesor de Lógica en la Universidad de Turín, ha presentado un libro un tanto deslavazado, y no ofrece finalmente todo lo que promete. Sí, hay matemáticas; sí, hay crítica; sí, hay ciencia versus religión… pero todo mezclado con otros asuntos que no vienen a cuento y, me temo, con demasiadas opiniones personales y pocas pruebas sólidas. Además, la prosa (ya sea la del autor o la del traductor) resulta espesa y difícil de leer, como si estuviera concebida a trompicones, todo ortopedismo.
¿Queréis saber qué se siente bailando sobre un campo sembrado de minas? Es fácil: pisad el callo de lo políticamente correcto, tal y como lo hicieron los caricaturistas de Mahoma, y lo sentiréis en todo su esplendor. Es lo que intentó el autor. Bailar sobre el campo de minas de toda clase de asuntos espinosos. Bailar con método, con estilo, no a lo loco, es decir, bailar con arreglo a los dictados de la ciencia, las matemáticas o la lógica. Finalmente, Odifreddi ha pretendido pasar por la thermomix todo el conjunto y, violà, le ha salido este libro. Pero los ingredientes están a medio cocer: ni se ha bailado tanto, ni se han pisado tantos callos, ni se han ejecutado las coreografías prometidas. Ni la thermomix es la mejor manera de cocinar un plato exquisito.
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